1. Introducción
La migración es un derecho fundamental reconocido por la Declaración Universal de
los Derechos Humanos, cuyo artículo 13 establece que toda persona puede circular libremente
y elegir su residencia en el territorio de un Estado. Sus causas son múltiples y abarcan
factores socioeconómicos, políticos, ambientales y de seguridad, que impulsan a las
personas a abandonar su lugar de origen en busca de mejores condiciones de vida. Aruj (2008) distingue entre factores internos al individuo, por ejemplo, aquellos relacionados
con la insatisfacción personal o la frustración respecto a las expectativas de vida,
y factores externos a este, asociados con las dificultades de subsistencia o a la
falta de oportunidades laborales en el lugar de origen.
Más allá de estas consideraciones generales, en los últimos años el incremento en
los flujos migratorios internacionales se ha convertido en un desafío político y normativo,
en términos de gestión de fronteras, así como de la atención a las personas en movilidad1. Estos flujos presentan características diversas según la región, lo que ha dado
lugar a corredores migratorios específicos (OCDE, 2024). A nivel global, la mayoría de los migrantes internacionales se dirige a países
desarrollados; alrededor del 64% reside en países de altos ingresos (Banco Mundial, 2023).
En este escenario, México ocupa un lugar particular al ser país de origen, tránsito,
destino y retorno. Esta condición se hace especialmente visible en la frontera norte,
donde los flujos intrarregionales se han intensificado en los últimos años, consolidando
a la región como destino temporal (cuando se espera llegar a los Estados Unidos) o
definitivo (OIM, 2017). Según la ONU, la migración en México se ha intensificado desde 2019, llegando en
2023 a 782 mil personas en situación irregular (Associated Press, 2024), procedentes, entre otros países, de Venezuela, Honduras, Guatemala, Ecuador y Haití.
No obstante, la falta de una política migratoria integral ha generado importantes
desafíos. Para Sánchez-Montijano y Zedillo Ortega (2022), las iniciativas federales son fragmentadas y superficiales, lo que dificulta la
plena integración y expone a la población migrante a la discriminación, la explotación
y la violencia.
La insuficiencia institucional se refleja también en el plano académico, donde la
investigación se ha centrado en las condiciones de la población migrante, mientras
que las poblaciones receptoras han recibido escasa atención (Kunst et al., 2021). Esta omisión limita la comprensión plena de los procesos de integración y de las
tensiones socioculturales que configuran la dinámica migratoria (Mera et al., 2017).
Diversos estudios reconocen que la población migrante desempeña un papel crucial en
las economías locales al cubrir vacíos en el mercado laboral y complementar la mano
de obra existente, muchas veces bajo condiciones irregulares y precarias (Canelón Silva y Almansa Martínez, 2018; Banco Mundial, 2023; BID, 2023; Rocha et al., 2023; Zolezzi, 2020). De hecho, Samaniego-Erazo et al. (2020) reconocen que la inserción en sectores informales puede contribuir al desarrollo
económico local y regional. Sin embargo, su llegada a economías en desarrollo suele
generar percepciones negativas entre ciertos sectores de la población local, particularmente
en torno a la competencia laboral y a la precariedad de las condiciones de incorporación.
Los marcos internacionales subrayan la necesidad de abordar la migración desde un
enfoque de derechos y desarrollo sostenible. Estos principios adquieren especial relevancia
en contextos fronterizos como los del norte de México, donde ciudades como Tijuana
se han convertido en espacios clave de confluencia de los cuatro contextos del fenómeno
migratorio ya mencionadas (COLEF, 2018), lo que ha dado lugar a una población altamente heterogénea y plural. En este trabajo,
el término “migración” hará referencia a la “migración internacional”, salvo indicación
en contrario; sin perjuicio de que, cuando sea necesario, se reitere de forma explícita
la referencia a la migración internacional.
Una aportación decisiva para atender los desafíos de la migración es la Agenda 2030
de Naciones Unidas, sustentada en un plan de acción con 17 objetivos y 169 metas bajo
una visión integral y equilibrada. Varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)
en esta Agenda reconocen a las personas migrantes como grupo en grupo en situación
de vulnerabilidad que requiere empoderamiento. En particular, la Meta 10.7 plantea
la migración en el marco más amplio de la reducción de desigualdades y exige a los
Estados mejorar la gestión y planificación de sus políticas migratorias. Igualmente,
inciden en este ámbito las metas 10.3 (igualdad de oportunidades y eliminación de
prácticas discriminatorias) y 8.8 y 8.5 (protección de derechos laborales y promoción
del empleo pleno y equitativo para toda la población, incluidos migrantes y mujeres)2.
La frontera norte de México, y en particular la ciudad de Tijuana, se constituye en
un espacio privilegiado para observar las tensiones y oportunidades que genera la
movilidad humana. Ante este panorama, surge la necesidad de analizar la percepción
social y económica de la población tijuanense hacia la comunidad migrante, con el
fin de determinar si predominan actitudes de apoyo e inclusión o, por el contrario,
prácticas de rechazo y exclusión, y en qué medida la identidad local se transforma
con la llegada de nuevos grupos. De manera más específica, la investigación examina
el nivel de tolerancia de la población receptora frente a la comunidad migrante en
aspectos como el comportamiento, las culturas y las tradiciones, así como el peso
de creencias, opiniones y prejuicios en dichas actitudes. Explorar estas dinámicas
permitirá no solo comprender mejor la relación entre población receptora y migrantes,
sino también aportar insumos relevantes para el diseño de políticas públicas más inclusivas
y orientadas a fortalecer la cohesión social en un entorno crecientemente diverso.
2. Revisión de literatura
Las percepciones sociales respecto a la migración condicionan la forma en que se diseñan
políticas públicas y se configuran actitudes de inclusión o exclusión; sin embargo,
con frecuencia estas percepciones no reflejan las causas reales del fenómeno. Una
encuesta de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR, 2024a) reveló que el 85% de los mexicanos atribuye la migración a motivos económicos, mientras
que solo el 10% la asocia con la violencia en los países de origen. No obstante, la
propia ACNUR (2024b) señala que más del 50% de las personas en situación irregular ha huido por violencia,
inseguridad o amenazas, lo que evidencia una percepción distorsionada de las causas
de la migración.
La movilidad internacional responde tanto a la búsqueda de empleo y mejores condiciones
de vida como a la necesidad de protección frente a escenarios de conflicto, persecución
o violaciones a los derechos fundamentales. No obstante, los lugares de destino no
siempre ofrecen condiciones adecuadas para la recepción e integración de las personas
migrantes. La percepción hacia estas varía según factores económicos, culturales y
políticos, así como de la manera en que la población receptora incorpora a la comunidad
en movilidad en su vida social. En este sentido, Rodicio-García y Sarceda-Gorgozo (2019) subrayan que la migración, como fenómeno constante en la historia, aporta beneficios
que trascienden lo económico, al propiciar la apertura cultural y fortalecer el capital
social. Sin embargo, en escenarios de crisis, es frecuente que las sociedades refuercen
discursos nacionalistas para preservar su estabilidad interna.
No obstante, dichos beneficios coexisten con tensiones históricas y políticas que,
como advierte Hobsbawm (1992), pueden reforzar cohesión social pero también exclusión y conflicto3. En este marco, diversas investigaciones han mostrado que la percepción de diferencias
culturales significativas se asocia con un mayor estrés en los procesos de adaptación
(Ward et al., 2001) y que la falta de apoyo social y las dificultades económicas incrementan las barreras
de integración (Urzúa et al., 2017). Al respecto, el Modelo Interactivo de Aculturación (Bourhis et al., 1997) identifica cinco orientaciones de las comunidades receptoras: integracionismo, individualismo,
asimilacionismo, segregacionismo y exclusionismo.
Asimismo, de acuerdo con Zlobina (2004), las personas migrantes enfrentan retos de adaptación en al menos tres ámbitos: culturales
(aprendizaje de normas, costumbres, idioma y códigos sociales); práctico-administrativos
(acceso a permisos de residencia, empleo, salud y vivienda, así como comprensión de
trámites oficiales); y de preservación cultural (mantenimiento de tradiciones y costumbres
de origen en un nuevo contexto).
2.1. Tijuana como zona de estudio
La región fronteriza del norte de México, y en particular la ciudad de Tijuana, ha
experimentado en las últimas décadas un dinamismo económico y un crecimiento poblacional
superiores a la media nacional. Este fenómeno obedece a su posición geoestratégica
como nodo clave en la integración económica transfronteriza, a la consolidación de
sectores industriales vinculados con la manufactura avanzada y a la atracción sostenida
de inversión extranjera directa. Estos procesos han transformado profundamente su
estructura urbana y social, configurándola como un espacio de confluencia cultural,
económica y migratoria (Mendoza Cota, 2017).
En el ámbito laboral, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) reportó que
el primer trimestre de 2025 la tasa de desocupación en Baja California fue de 2.2%,
situándola en la decimotercera posición nacional. El análisis sectorial mostró un
crecimiento sostenido en el sector primario, un repunte en el secundario y un retroceso
en el terciario. Asimismo, se observa una ligera disminución sostenida en el número
de trabajadores del sector manufacturero afiliados al IMSS desde inicios de 2023 hasta
julio de 2025 (SEI BC, 2025).
El Comité de Planeación para el Desarrollo del Estado (COPLADE, 2004) sostiene que la movilidad social constituye el principal componente de la identidad
bajacaliforniana, motor del desarrollo y detonante social de mayor impacto en la dinámica
regional. Este reconocimiento sitúa a la migración como elemento central en la configuración
de la sociedad local. Baja California, en general, se ha consolidado como un importante
receptor de flujos migratorios nacionales e internacionales y también funge como punto
de tránsito hacia otros países.
Tijuana, con una población de 2’151,740 habitantes, refleja esta condición. La estructura
ocupacional muestra que el 29.6% trabaja en la industria, el 17.5% en el comercio,
el 8.4% en restaurantes y servicios de alojamiento, y el 38.0% en actividades diversas
de servicios; en contraste, solo el 0.2% se dedica al sector primario, el 1.2% al
gobierno y el 5.0% a ocupaciones no especificadas. En 2023, la ciudad recibió aproximadamente
11.6 millones de visitantes, de los cuales el 75% fueron extranjeros y el 25% turistas
nacionales (CEMDI, 2024). Se estima que cerca de la mitad de la población tijuanense es originaria de otros
lugares4 (IMPLAN, 2023), lo que evidencia un alto grado de movilidad interna y transfronteriza. Esta condición
ha fortalecido la interculturalidad y ha convertido a Tijuana, en particular, en un
laboratorio social donde convergen diversos perfiles y trayectorias migratorias (Universidad Iberoamericana, 2017).
Históricamente, la ciudad de Tijuana ha mantenido un acelerado proceso de urbanización,
iniciado en México a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando amplios contingentes
de población rural se desplazaron hacia zonas urbanas. Aunque en muchas ciudades este
fenómeno se ha ralentizado, Tijuana continúa recibiendo flujos diversos provenientes
de distintas regiones, entre ellos grupos sudamericanos, centroamericanos y caribeños
(en muchos casos indocumentados), cuyas experiencias reflejan retos diferenciados
en materia de regularización migratoria, inserción laboral, integración social y acceso
a servicios (Aguilar y Mbawmbaw, 2025).
Las condiciones de tránsito también inciden en la dinámica local, ya que parte de
los flujos migratorios suele permanecer periodos prolongados en la frontera, en espera
de cruzar a Estados Unidos. En numerosos casos, la imposibilidad de regresar a sus
países de origen y las dificultades para continuar el trayecto conducen al establecimiento
permanente en Tijuana. Esta situación de incertidumbre genera una mayor demanda de
servicios básicos y empleo, lo que modifica las dinámicas sociales locales al intensificar
la interacción entre población receptora y migrante.
De acuerdo con la OIM (2025), en los años recientes el 61% de la migración de llegada a Tijuana ha sido de origen
mexicano; el resto corresponde a población hondureña (8%), salvadoreña (6%), guatemalteca
(6%), colombiana (5%), venezolana (4%), haitiana (2%) y afgana (2%), entre otras nacionalidades.
Los sectores con mayor participación laboral son el comercio (32%), la agricultura
(12%) y la construcción (11%). La composición demográfica muestra que arriban a la
localidad tres hombres adultos por cada dos mujeres, y también tres niñas o adolescentes
mujeres por cada dos niños o adolescentes varones. Los principales motivos de migración
internacional son la inseguridad y la violencia (80%), la reunificación familiar (25%)
y las condiciones socioeconómicas (14%). En cuanto a documentación, el 53% no cuenta
con ningún tipo, el 20% tiene tarjeta de visitante por razones humanitarias, el 19%
tarjeta de residente permanente y el 8% otro tipo de documento.
El INM reportó que, entre enero y septiembre de 2022, fueron “rescatadas”5 31,907 personas extranjeras en Baja California, frente a las 25,155 del mismo periodo
del año anterior (INM, 2024). Durante el primer trimestre de 2023, el Ayuntamiento
de Tijuana atendió a más de 1,500 migrantes que fueron canalizados a distintos albergues
con apoyo del Grupo Beta. De ellos, aproximadamente el 60% eran connacionales procedentes
principalmente de Michoacán y Guerrero, mientras que el 40% restante correspondía
a personas extranjeras originarias de Venezuela, Guatemala, Haití, Cuba, El Salvador
y Nicaragua (KSDY50, 20236). Finalmente, la OIM (2025) señala que la distribución reciente de la población migrante internacional en Tijuana
se concentra en los cuatro contextos ya señalados: origen (5-10%), tránsito (40-45%),
destino (25-30%) y retorno (20-25%). En cuanto a su permanencia, al momento de entrevistarlos,
el 27% llevaba menos de un mes en la ciudad, el 54% entre uno y seis meses, el 14%
entre seis meses y un año, y el 5% más de un año.
La política migratoria mexicana, orientada a promover una migración regular, ordenada
y segura con enfoque de derechos humanos, presenta limitaciones para atender las necesidades
básicas de la población migrante. El Banco Interamericano de Desarrollo (2023) advierte que la magnitud y urgencia de estas demandas han evidenciado la escasa efectividad
de las estrategias vigentes, lo cual se refleja no solo en Baja California, sino también
en otros países receptores de América Latina y el Caribe, donde dichas limitaciones
han contribuido a la exacerbación de actitudes xenófobas.
2.2. Manifestaciones de discriminación hacia la población migrante
La discriminación constituye un problema social de gran relevancia que afecta a diversos
grupos, entre ellos la población migrante7. En el ámbito del racismo, datos de OXFAM muestran que la percepción ciudadana sobre
el racismo en México alcanza 5.8 en una escala de 0 (nada racista) a 10 (muy racista),
mientras que la autopercepción individual apenas llega a 1.3. Esta brecha refleja
una “doble narrativa”: la sociedad reconoce el racismo como un problema, pero los
individuos tienden a excluirse de él, lo que fomenta la inacción frente a conductas
discriminatorias, y constituye otra muestra de percepciones inconsistentes. A ello
se añade que 60% de la población no percibe discursos discriminatorios; del 40% que
sí lo hace, solo una cuarta parte afirma haber tomado algún tipo de acción (OXFAM, 2023). Esta dinámica ha polarizado las opiniones sobre la presencia de personas migrantes
en la frontera norte.
En el plano estatal, la Encuesta Nacional sobre Discriminación (INEGI, 2022) revela que en Baja California el porcentaje de personas que reportaron haber sufrido
discriminación pasó de 16.5% en 2017 a 22.3% en 2022. En este contexto, la población
migrante enfrenta dificultades adicionales, como la exclusión del acceso a vivienda
digna, así como riesgos de violencia, secuestro, extorsión, fraudes del crimen organizado
y explotación laboral.
Estas tensiones se han visibilizado en coyunturas específicas. Un ejemplo es la caravana
de migrantes centroamericanos que llegó a la ciudad en 2018, integrada mayoritariamente
por población de El Salvador, Honduras y Guatemala. El COLEF (2018) reportó que el 50.2% de sus integrantes pretendía cruzar a Estados Unidos, mientras
que el 20% manifestó intención de establecerse en Tijuana. El promedio de escolaridad
era de 6.4 años -equivalente a secundaria incompleta- frente a un promedio local de
9.7 años, lo que evidencia una desventaja en términos de capital educativo. Diversas
investigaciones han señalado, además, que caravanas como esta han sido utilizadas
por el gobierno estadounidense para justificar medidas draconianas contra los migrantes
y desplegar una agenda abiertamente antiinmigrante (Torre, 2022).
Otro caso ilustrativo es el de la población haitiana afectada por la contingencia
migratoria de 20168. Tras recorrer miles de kilómetros en caravanas, muchas personas agotaron sus recursos
y las redes de apoyo disponibles (Coulange Méroné y Castillo, 2020). Se estima que más de 4,000 haitianos quedaron varados en México (Yee Quintero, 2017), enfrentando discriminación, prejuicios y serias dificultades de acceso a empleo,
vivienda, servicios básicos y trámites administrativos y bancarios.
2.3. La integración de las comunidades migrantes desde la óptica intercultural
La convivencia entre personas de distintas culturas conlleva retos derivados de diferencias
en tradiciones, valores y formas de comunicación, lo que puede dificultar la interpretación
de acciones y significados en los procesos de interacción social (Sosa y Zubieta, 2015). La integración intercultural se alcanza cuando los miembros de la cultura dominante
reconocen el derecho de los grupos no dominantes a preservar su herencia cultural,
al tiempo que les incentivan y facilitan su participación activa en la sociedad.
Diversas investigaciones muestran que la aceptación de una sociedad plural, y por
ende el reconocimiento de que los inmigrantes conserven sus costumbres y culturas
de origen, se asocia positivamente con el grado en que la población receptora valora
la convivencia y el funcionamiento social. Asimismo, quienes favorecen la integración
cultural de los grupos migrantes tienden a mostrar percepciones más positivas sobre
su contribución al bienestar colectivo (Migliorini et al., 2016).
En el plano institucional, estas discusiones se han traducido en compromisos internacionales
y políticas nacionales. La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, cuyos principios fueron incorporados por incorporó México en el Plan de Políticas
Migratorias 2018-2024, priorizando la defensa de los derechos humanos y el desarrollo
económico bajo una visión humanitaria (SRE, 2019). No obstante, la integración de la población extranjera en las dinámicas sociales
del país sigue siendo un desafío, ya que la limitada participación, la débil asociatividad
y la alta fragmentación de las comunidades migrantes obstaculizan el acceso de estas
comunidades a oportunidades en materia de salud, seguridad y educación (SEGOB, 2019).
La migración suele asociarse con procesos de exclusión, estigmatización y otras formas
de vulnerabilidad que afectan a las personas migrantes. Estas percepciones negativas
se relacionan, en parte, con la idea de que la llegada de población extranjera puede
generar desequilibrios en los sistemas locales de salud y educación, así como en las
dinámicas económicas y laborales de las comunidades receptoras. Sin embargo, este
fenómeno también puede propiciar un mayor apoyo social y un enriquecimiento cultural,
en la medida en que existan recursos suficientes, condiciones de inclusión efectivas
y una formación cívica orientada a prevenir la aparición de barreras sociales (Jaimes-Márquez et al., 2023).
3. Datos y metodología
3.1. Datos
Esta investigación forma parte del Proyecto “Medición y Estrategias de Implementación
de los ODS en la Frontera Norte: Migración y Emprendimiento”, desarrollado entre 2023
y 2024 por profesores y estudiantes de la Facultad de Economía y Relaciones Internacionales
de la Universidad Autónoma de Baja California. Para atender los distintos objetivos
del proyecto, se diseñaron y aplicaron dos encuestas.
La primera se orientó a conocer la percepción de diversos segmentos de la sociedad
respecto a la comunidad migrante en la región. Este cuestionario se estructuró en
secciones que abordan dimensiones sociales, económicas, culturales, legales y medioambientales.
En total, participaron 212 personas mexicanas con al menos diez años de residencia
en Tijuana, sin importar su lugar de nacimiento. De esta muestra, el 64% era originaria
de Baja California, mientras que el restante había nacido en otras entidades. El 44%
se encontraba estudiando y el 64% trabajando. Dentro de estos grupos, el 18% realizaba
ambas actividades y el 11% no participaba ni en estudios ni en el mercado laboral.
En la muestra, las mujeres representan el 68.7% y los hombres el 31.3%. Entre las
mujeres, el 25.4% manifiesta baja tolerancia, con una edad promedio de 28.2 años,
mientras que el 74.6% se clasifica como tolerante, con una media de 32.1 años. En
los hombres, el 16.7% presenta baja tolerancia y alcanza un promedio de 37.0 años,
en tanto que el 83.3% muestra actitudes tolerantes, con una media de 30.5 años. En
síntesis, dentro de los grupos intolerantes, las mujeres son las más jóvenes y los
hombres los de mayor edad.
El segundo instrumento tuvo como propósito recabar la opinión de la población migrante.
Fue aplicado a 34 personas de distintas nacionalidades, con condiciones migratorias
diversas y tiempos de residencia variables en la ciudad. En este caso, el cuestionario
abarcó información general, motivos de migración, dinámica familiar, inserción laboral
y social, salud y vivienda, así como planes a futuro. Los principales grupos fueron
colombianos (32%), haitianos (16%), venezolanos (16%), hondureños (12%) y brasileños
(8%), además de pequeñas representaciones de Chile, Guatemala y Nigeria. El 80% arribó
a partir de 2018, con un 32% que lo hizo desde 2023. Casi la mitad de la muestra (48%)
presentaba un estatus migratorio irregular. En términos educativos, el 16% no contaba
con formación escolar, el 12% había cursado únicamente la primaria, el 28% la secundaria,
el 32% el bachillerato y solo el 12% había alcanzado estudios universitarios.
Un tercio manifestó tener planes de cruzar a Estados Unidos. Entre las principales
razones para arribar a Tijuana destacan la expectativa de mejores oportunidades laborales
(32%), la facilidad para obtener documentos migratorios (15%) y la presencia de familiares
en la localidad (13%)9. En el ámbito laboral, el 21% no había trabajado en el último año, mientras que el
13% declaró haber tenido dos o más empleos en dicho periodo. Asimismo, el 34% señaló
desempeñarse regularmente en ocupaciones informales o irregulares. Finalmente, apenas
el 32% manifestó tener conocimiento de instituciones o dependencias encargadas de
velar por su seguridad o de garantizar sus derechos en el país.
El levantamiento de instrumentos se realizó en dos momentos diferenciados: entre septiembre
y noviembre de 2023 se encuestó a la población local, mientras que entre febrero y
marzo de 2024 se aplicó a la población migrante.
3.2. Metodología
La investigación se desarrolló en dos fases complementarias. En la primera, se realizó
un análisis descriptivo y una discusión de los resultados obtenidos en ambas encuestas,
a nivel de preguntas individuales. La segunda fase correspondió al ejercicio econométrico,
basado en un modelo logit, construido exclusivamente a partir de los datos de la encuesta aplicada a la población
local. El propósito de este modelo fue estimar la probabilidad de que una persona
manifieste actitudes de tolerancia hacia la comunidad migrante (variable dependiente),
en función de un conjunto de variables socioeconómicas, de percepción y de comportamiento.
Este enfoque permite analizar cómo las variables independientes inciden en la probabilidad
de que se manifiesten actitudes de tolerancia, incorporando de manera indirecta dimensiones
de carácter socioeconómico. La variable dependiente se codificó como TOLN = 1 (tolerante10) y TOLN = 0 (no tolerante), y se especificó formalmente en la siguiente función logística11:
Las variables independientes incluidas en el modelo se sintetizan en la Tabla 1, la cual detalla su descripción, tipo y categorías.
Como puede observarse, el modelo incorpora tanto variables demográficas como factores
de percepción social y de comportamiento. La última columna de la tabla (%) indica
la frecuencia relativa de cada categoría en la muestra.12
Tabla 1
Descripción de las variables independientes
|
Nomenclatura
|
Descripción
|
Tipo
|
Categorías
|
%
|
|
GEN |
Género
|
Dem.
|
(1) mujer
|
68.7%
|
|
(2) hombre
|
31.3%
|
|
EDAD |
Edad (años)
|
Media: 31.2
|
-
|
|
CMGR |
Condición migratoria personal pasada o futura*
|
(1) ha experimentado un proceso migratorio internacional
|
6.7%
|
|
(2) considera que podrían llegar a vivir un proceso migratorio internacional
|
24.6%
|
|
(3) no ha migrado internacionalmente ni prevé hacerlo
|
68.7%
|
|
PMCUL |
Percepción sobre el grado de multiculturalidad en México
|
Percp.
|
(1) bajo
|
0.5%
|
|
(2) media-bajo
|
4.6%
|
|
(3) media-alto
|
56.4%
|
|
(4) alto
|
38.5%
|
|
PERMI |
Percepción general sobre la migración
|
(1) negativa
|
5.1%
|
|
(2) de indiferencia
|
68.2%
|
|
(3) positiva
|
26.7%
|
|
PIDEN |
Percepción sobre el efecto de la migración en la identidad mexicana
|
(1) no se fortalece (permanece estable o se debilita)
|
10.8%
|
|
(2) se fortalece
|
89.2%
|
|
PLMEC |
Percepción sobre el efecto de la migración en la economía local
|
(1) no se fortalece (permanece estable o se debilita)
|
20.0%
|
|
(2) se fortalece
|
80.0%
|
|
CONVR
|
Debe convivir usted cotidianamente con personas migrantes
|
Comp.
|
(1) sí
|
29.7%
|
|
(2) no
|
70.3%
|
|
CRITC |
Actitud de la familia frente a que usted mantenga una relación sentimental con una
persona de distinto origen étnico
|
(1) lo criticaría
|
28.2%
|
|
(2) no lo criticaría
|
71.8%
|
4. Resultados
4.1. La opinión de los locales acerca de la población migrante: estadísticas básicas
-
Dimensión cultural e identitaria. La mayoría de las personas encuestadas (94%) percibe a México como un país con un
alto grado de multiculturalidad. No obstante, esta valoración positiva no se traduce
en una percepción igualmente favorable sobre la identidad nacional: el 77% considera
que la presencia de población extranjera no modifica la identidad mexicana, el 14%
sostiene que la fortalece y un 9% estima que la debilita. Este contraste sugiere una
aceptación general del carácter plural del país, aunque persisten dudas sobre su efecto
en los referentes identitarios.
-
Dimensión social y de convivencia. En lo relativo a la interacción cotidiana, el 69% de las personas encuestadas reporta
no tener interacción con personas en movilidad en espacios escolares o laborales.
Adicionalmente a esta limitada cercanía, el 68% manifiesta indiferencia con el fenómeno
de la migración y un 25% reconoce que, en su familia, existiría resistencia ante una
relación sentimental con alguien de origen distinto. Estos resultados reflejan la
influencia de la esfera doméstica en la formación de actitudes sociales.
-
Dimensión económica. La percepción sobre los impactos económicos es heterogénea. Más de la mitad (51%)
sostiene que la movilidad internacional no produce efectos significativos en la economía
nacional, un 20% la asocia con consecuencias negativas y una proporción menor identifica
beneficios. Sin embargo, casi la totalidad de los encuestados (97%) reconoce que el
trabajo realizado por personas extranjeras tiene el mismo valor que el de la población
local y, en consecuencia, debería recibir igual remuneración.
-
Dimensión de seguridad y confianza. Un 78% de los participantes expresa desconfianza hacia la población migrante, vinculando
su llegada con un posible aumento de la delincuencia. Este hallazgo evidencia la persistencia
de estigmas que obstaculizan los procesos de integración social, incluso en contextos
donde se reconoce su aporte económico.
-
Dimensión política y de derechos. Con respecto al papel de las instituciones, únicamente el 28% considera que se respetan
los derechos de la población migrante, mientras que el 75% percibe una exclusión de
estos grupos en las decisiones gubernamentales. Aunque el 54% rechaza que la atención
a esta población se haga a costa de reducciones en otros programas sociales, el 55%
desconoce cuáles son los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y su
vínculo con la reducción de desigualdades y la inclusión de las personas migrantes,
lo que muestra una brecha informativa entre percepciones sociales y marcos normativos
internacionales orientados a la inclusión.
-
Otros. La indagación sobre experiencias personales de movilidad muestra que el 70% nunca
ha migrado ni planea hacerlo, el 25% lo considera una posibilidad y apenas el 5% lo
ha experimentado. Lo anterior sugiere un conocimiento limitado de la experiencia migratoria,
lo cual puede restringir la empatía hacia quienes atraviesan dicho proceso. Incluso
entre quienes han migrado previamente se observan casos en los que persisten reservas
frente a la llegada de nuevos grupos, especialmente cuando son percibidos como diferentes
o ajenos. Esto indica que la experiencia personal de movilidad no garantiza actitudes
de apertura y, en algunos casos, puede coexistir con posturas restrictivas.
En esta misma línea, el 17% de la muestra se pronuncia por expulsar a las personas
migrantes, mientras que el 56% considera que únicamente se les debería permitir transitar
por el país. Estos porcentajes superan los registrados a nivel nacional (13% y 32%,
respectivamente; ACNUR, 2024a). Finalmente, destaca que el 57% de la población consultada
afirma que, de encontrarse en una situación migratoria, no se sentiría satisfecho
con la acogida de la sociedad tijuanense. Este resultado revela la existencia de una
autocrítica implícita sobre las limitaciones de los procesos de integración en el
contexto fronterizo.
De manera complementaria, los cruces bivariados muestran asociaciones estadísticamente
significativas entre variables clave. En particular, se identifica una asociación
moderada (V de Cramér = 0.34) entre CONVR y CMGR, lo que indica que la convivencia
con personas procedentes del extranjero se vincula tanto con la condición de haber
sido migrante internacional como con la intención de llegar a serlo. Asimismo, se
observa una asociación baja (V de Cramér = 0.22), entre PLMEC y PIDEN, lo que refleja
semejanza entre quienes consideran que la migración tiene efectos positivos en la
economía y quienes perciben que contribuye a fortalecer la identidad nacional.
4.2. Desafíos en la integración social y económica de la población migrante
-
Integración social. Aunque el 96% de las personas encuestadas declara tener una percepción positiva o
muy positiva hacia la comunidad de acogida, solo el 20% se siente plenamente integrado,
mientras que un 44% se considera parcialmente integrado y un 36% reporta baja o nula
integración. Además, el 72% afirma no participar en organizaciones sociales locales.
La información sugiere que la integración se articula principalmente a través de espacios
comunitarios estructurados, como grupos religiosos, educativos o vecinales.
-
Necesidades básicas y motivaciones. Las principales necesidades expresadas se concentran en subsistencia: alimentación
(48%), empleo (47%), vivienda (37%) y salud (36%)13. En cuanto a motivaciones, el 41% señaló que migró con la intención de establecer
una nueva vida laboral, mientras que un 24% planeaba trabajar temporalmente para regresar
a su país. No obstante, las intenciones cambiaron con el tiempo: mientras menos del
30% planeaba permanecer en Tijuana al inicio, actualmente casi el 75% desea hacerlo,
lo que refleja la influencia de factores estructurales y contextuales en la decisión
de asentamiento.
-
Experiencias de discriminación. La Figura 1 muestra que la población migrante ha enfrentado distintas formas de discriminación.
Las situaciones con mayor porcentaje de ocurrencia frecuente corresponden a comentarios
que atribuyen a personas extranjeras la comisión de actividades delictivas o socialmente
reprobables, así como a la experiencia de insultos de carácter racista o xenófobo.
En contraste, las situaciones reportadas con menor frecuencia fueron el rechazo a
sentarse junto a la persona en el transporte público o en una sala de espera, y las
críticas al vestuario asociado a su cultura. Cabe destacar que esta última fue la
única situación que la mayoría de los entrevistados declaró no haber experimentado
nunca.
-
Percepción institucional. Respecto al trato de las autoridades, un 58% evalúa de manera regular o negativa
la atención recibida, y un 68% desconoce cuáles instituciones son responsables de
proteger sus derechos, lo que refleja una brecha importante de información y confianza
institucional.
-
Otros. Un aspecto relevante que complementa la opinión de la población encuestada es la
disposición a interactuar con los residentes locales: el 44% manifestó preferir no
establecer vínculos, lo que revela que los procesos de pertenencia y arraigo resultan
complejos y no automáticos. Esta distancia, sin embargo, se matiza con los motivos
que influyen en la elección de Tijuana como destino. Para el 32% de la población migrante,
las oportunidades laborales representan la principal razón de su estancia, seguidas
de la ubicación estratégica de la ciudad en la frontera (mencionada por el 16%), percibida
como una vía potencial para acceder en el futuro a la residencia en Estados Unidos.
Asimismo, las redes sociales y vínculos ya establecidos desempeñan un papel significativo
al brindar apoyo y facilitar la integración. Estos resultados muestran que, aunque
existen reservas en la interacción con la población local, los factores estructurales
y relacionales continúan ejerciendo un peso decisivo en la permanencia de este colectivo
en Tijuana.
Figura 1
¿Se ha encontrado en alguna de estas situaciones?

Fuente: Elaboración propia con información del Proyecto Medición y Estrategias de
Implementación de los ODS en la Frontera Norte: Migración y Emprendimiento.
4.3. Tolerancia de la población local: resultados econométricos
En esta sección se exponen los resultados de la regresión logit, cuyo propósito es
determinar la probabilidad de que una persona mexicana residente de Tijuana manifieste
tolerancia o rechazo hacia la comunidad migrante internacional en términos de comportamiento,
tradiciones y religión, a partir de diversas características individuales.
La Tabla 2 muestra los resultados de la estimación. Se aplicó un proceso de selección paso a
paso con el fin de obtener una especificación parsimoniosa. No obstante, por razones
de transparencia, en la tabla se incluyen tanto los resultados de la estimación original
como los de la estimación final, una vez excluidas las variables que no resultaron
estadísticamente significativas. Esta reducción de variables permitió disminuir problemas
de multicolinealidad, especificación e interacciones, lo que derivó en cambios en
los coeficientes estimados.
Tabla 2
Resultados modelo logit
|
Estimación original
|
Estimación final
|
|
Variable
|
Coeficiente
|
Efecto marginal
|
Coeficiente
|
|
Efecto marginal
|
p-valor
|
|
GEN |
-0.37868
|
-0.07175
|
|
|
(0.698)
|
|
EDAD |
0.03836
|
0.00727
|
|
|
(0.038)
|
|
CMGR |
-0.55587
|
-0.10522
|
-0.87157
|
** |
-0.16935
|
0.025
|
|
(0.740)
|
(0.389)
|
|
PMCUL |
-0.08811
|
-0.01670
|
|
|
(0.546)
|
|
PERMI |
-0.05734
|
-0.01087
|
|
|
(0.609)
|
|
PIDEN |
0.43682
|
0.08277
|
1.0450
|
** |
0.20305
|
0.048
|
|
(0.706)
|
(0.529)
|
|
PLMEC |
0.40048
|
0.07588
|
0.97292
|
** |
0.18904
|
0.028
|
|
(0.461)
|
(0.444)
|
|
|
CONVR |
0.30974
|
0.05869
|
|
|
(0.769)
|
|
CRITC |
1.01539
|
0.19240
|
1.21227
|
*** |
0.23555
|
0.004
|
|
(0.737)
|
(0.417)
|
|
const |
0.07891
|
|
2.12680
|
|
0.106
|
|
(3.259)
|
(1.316)
|
|
Obs. |
187
|
|
212
|
|
|
LR chi2 |
5.73
|
24.47
|
La Tabla 2 presenta los coeficientes estimados junto con sus errores estándar (entre paréntesis)
y los p-valores correspondientes a la especificación final. De acuerdo con la tabla,
la regresión original no arrojó evidencia estadísticamente significativa para ninguna
de las nueve variables incluidas. Por el contrario, la especificación final incorpora
solo cuatro variables (una demográfica, dos de percepción y una de comportamiento),
las cuales sí alcanzan significancia estadística.
Dado que la regresión logit no es lineal en términos de probabilidades, los coeficientes
de la Tabla 2 no pueden interpretarse directamente como cambios en la probabilidad del evento de
interés. Para facilitar su interpretación, se estimaron los efectos marginales, los
cuales indican en qué medida varía la probabilidad de ocurrencia del evento (TOLN
= 1) cuando una variable independiente se incrementa en una unidad, manteniendo constantes
las demás. La expresión algebraica para los efectos marginales es
que no es otra cosa más que la derivada de la probabilidad estimada respecto a cada
variable explicativa.
En términos sustantivos, un efecto marginal positivo señala que la probabilidad del
evento aumenta conforme lo hace la variable explicativa, mientras que un efecto marginal
negativo implica una disminución de dicha probabilidad. La magnitud del efecto marginal
refleja el cambio absoluto en la probabilidad, lo que permite una interpretación más
intuitiva y comparativa entre variables que lo que se puede conseguir con los coeficientes.
La lectura de la tabla muestra que la variable vinculada a la experiencia migratoria
(demográfica) tiene un efecto marginal negativo y estadísticamente significativo (-0.169).
Dado que valores más bajos de esta variable representan una mayor cercanía con la
experiencia migratoria, este resultado indica que, conforme los individuos se aproximan
a dicha experiencia (por ejemplo, al pasar de no preverla a considerarla posible,
o de considerarla a haberla vivido), la probabilidad de manifestar actitudes tolerantes
hacia la población migrante internacional aumenta en 16.9 puntos porcentuales (p.p.),
manteniendo constantes las demás variables. Este hallazgo sugiere que la lejanía respecto
al fenómeno migratorio puede limitar la empatía y asociarse con percepciones más restrictivas.
Las variables de percepción muestran efectos marginales positivos. Aquellos que consideran
que la migración fortalece la identidad nacional presentan un aumento de 20.3 p.p.
en la probabilidad de mostrar actitudes tolerantes. De manera similar, quienes consideran
que la llegada y permanencia de migrantes favorece la economía incrementan en 18.9
p.p. su probabilidad de adoptar posturas inclusivas. Ambos resultados evidencian que
las creencias respecto al aporte cultural y económico de la migración juegan un papel
central en la construcción de actitudes de aceptación.
Asimismo, la variable de comportamiento asociada a la aceptación de una relación familiar
con una persona migrante presenta un efecto marginal positivo de 23.6 p.p. Este resultado
subraya la influencia del entorno familiar en la formación de actitudes hacia la diversidad
cultural, y pone de manifiesto que la integración social en el ámbito familiar y comunitario
aún enfrenta resistencias.
Finalmente, las variables relativas al género, la edad, las percepciones sobre el
grado de multiculturalidad en México y sobre la migración en general, así como el
nivel de convivencia con personas migrantes, no resultaron estadísticamente significativas.
Este resultado sugiere que las actitudes de tolerancia hacia la población migrante
dependen principalmente de percepciones y conductas específicas, más que de las características
sociodemográficas de la población local.
Conclusiones
Los resultados tanto descriptivos como del modelo logit confirman que la tolerancia
hacia la comunidad migrante en Tijuana no se explica principalmente por características
demográficas, sino por las percepciones sobre identidad nacional y economía, así como
al entorno familiar. En el plano descriptivo, destacan dos hechos: el primero es que,
aunque el 94% percibe a México como altamente multicultural, persiste una desconfianza
relevante hacia la población migrante (78% la vincula con posible aumento del delito),
y segundo, el 57% señala que, de encontrarse en situación migratoria, no se sentiría
bien acogido por la sociedad tijuanense. Este patrón de ambivalencia ayuda a contextualizar
los determinantes de la tolerancia identificados en el modelo. En el ejercicio econométrico,
los efectos marginales confirman que la tolerancia se explica ante todo por percepciones
y comportamientos.
Estos hallazgos revelan que la construcción de actitudes tolerantes no depende únicamente
de discursos institucionales, sino de experiencias y de valoraciones colectivas sobre
los beneficios de la migración. A partir de estos resultados, se desprende que la
integración social de este colectivo en Tijuana requiere también de un cambio cultural
y educativo de mayor alcance que el que puede conseguir una regulación laboral o un
ajuste normativo. Es indispensable trascender la educación formal tradicional e impulsar
modalidades educativas que fortalezcan la convivencia plural, entre las que destacan
la educación en derechos humanos, la educación intercultural, la educación para la
paz y la resolución de conflictos y la educación socioemocional, todas ellas orientadas
a consolidar valores de igualdad, respeto y empatía.
La evidencia muestra que la tolerancia no es únicamente el resultado de condiciones
individuales, sino de procesos sociales que pueden y deben cultivarse a través de
estrategias formativas amplias y transversales. Tijuana, como frontera dinámica y
diversa, representa un espacio estratégico para promover tales procesos. A la par,
es conveniente fortalecer una identidad local en la que la migración no se perciba
como una amenaza, sino como un componente esencial de la historia, la economía y el
tejido cultural de la ciudad. Conviene recordar que, aunque existen múltiples motivaciones
para emigrar, la mayoría de quienes emprenden este camino lo hacen por necesidad y
no por elección: violencia, represión política, carencias económicas o falta de oportunidades.
Finalmente, empatizar con la situación de vulnerabilidad de estas comunidades es el
primer paso para aceptarla e incluirla como parte integral de la identidad tijuanense.
En este sentido, la migración debe asumirse no solo como un fenómeno político o económico,
sino como un proceso histórico y humano cuya gestión exige enfoques que prioricen
la integración, la convivencia intercultural y el respeto irrestricto a los derechos
humanos. De hecho, la evidencia antropológica indica que no existe grupo humano cuyos
ancestros no hayan migrado en algún momento de la historia (Durand et al., 2014), lo que refuerza la idea de que la movilidad es inherente a la condición humana
y, por ende, su aceptación constituye un imperativo ético y social.
El estudio presenta limitaciones que deben considerarse al interpretar los hallazgos;
entre ellas destacan: el carácter transversal de la medición, el tamaño y la composición
de las muestras, la naturaleza no representativa de los datos y, desde cierta óptica,
el uso de una variable dependiente dicotómica que no captura gradientes de tolerancia.
En consecuencia, los resultados describen con validez interna un caso local, pero
su generalización requiere cautela. Es conveniente que futuras investigaciones incorporen
diseños longitudinales y muestras probabilísticas, así como modelar niveles contextuales
(hogar, colonia, municipio) mediante enfoques multinivel que fortalezcan la validez
interpretativa de los resultados cuantitativos aquí reportados.