Aportes. Nueva época

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1. Introducción

La migración es un derecho fundamental reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo artículo 13 establece que toda persona puede circular libremente y elegir su residencia en el territorio de un Estado. Sus causas son múltiples y abarcan factores socioeconómicos, políticos, ambientales y de seguridad, que impulsan a las personas a abandonar su lugar de origen en busca de mejores condiciones de vida. Aruj (2008) distingue entre factores internos al individuo, por ejemplo, aquellos relacionados con la insatisfacción personal o la frustración respecto a las expectativas de vida, y factores externos a este, asociados con las dificultades de subsistencia o a la falta de oportunidades laborales en el lugar de origen.

Más allá de estas consideraciones generales, en los últimos años el incremento en los flujos migratorios internacionales se ha convertido en un desafío político y normativo, en términos de gestión de fronteras, así como de la atención a las personas en movilidad1. Estos flujos presentan características diversas según la región, lo que ha dado lugar a corredores migratorios específicos (OCDE, 2024). A nivel global, la mayoría de los migrantes internacionales se dirige a países desarrollados; alrededor del 64% reside en países de altos ingresos (Banco Mundial, 2023).

En este escenario, México ocupa un lugar particular al ser país de origen, tránsito, destino y retorno. Esta condición se hace especialmente visible en la frontera norte, donde los flujos intrarregionales se han intensificado en los últimos años, consolidando a la región como destino temporal (cuando se espera llegar a los Estados Unidos) o definitivo (OIM, 2017). Según la ONU, la migración en México se ha intensificado desde 2019, llegando en 2023 a 782 mil personas en situación irregular (Associated Press, 2024), procedentes, entre otros países, de Venezuela, Honduras, Guatemala, Ecuador y Haití. No obstante, la falta de una política migratoria integral ha generado importantes desafíos. Para Sánchez-Montijano y Zedillo Ortega (2022), las iniciativas federales son fragmentadas y superficiales, lo que dificulta la plena integración y expone a la población migrante a la discriminación, la explotación y la violencia.

La insuficiencia institucional se refleja también en el plano académico, donde la investigación se ha centrado en las condiciones de la población migrante, mientras que las poblaciones receptoras han recibido escasa atención (Kunst et al., 2021). Esta omisión limita la comprensión plena de los procesos de integración y de las tensiones socioculturales que configuran la dinámica migratoria (Mera et al., 2017).

Diversos estudios reconocen que la población migrante desempeña un papel crucial en las economías locales al cubrir vacíos en el mercado laboral y complementar la mano de obra existente, muchas veces bajo condiciones irregulares y precarias (Canelón Silva y Almansa Martínez, 2018; Banco Mundial, 2023; BID, 2023; Rocha et al., 2023; Zolezzi, 2020). De hecho, Samaniego-Erazo et al. (2020) reconocen que la inserción en sectores informales puede contribuir al desarrollo económico local y regional. Sin embargo, su llegada a economías en desarrollo suele generar percepciones negativas entre ciertos sectores de la población local, particularmente en torno a la competencia laboral y a la precariedad de las condiciones de incorporación.

Los marcos internacionales subrayan la necesidad de abordar la migración desde un enfoque de derechos y desarrollo sostenible. Estos principios adquieren especial relevancia en contextos fronterizos como los del norte de México, donde ciudades como Tijuana se han convertido en espacios clave de confluencia de los cuatro contextos del fenómeno migratorio ya mencionadas (COLEF, 2018), lo que ha dado lugar a una población altamente heterogénea y plural. En este trabajo, el término “migración” hará referencia a la “migración internacional”, salvo indicación en contrario; sin perjuicio de que, cuando sea necesario, se reitere de forma explícita la referencia a la migración internacional.

Una aportación decisiva para atender los desafíos de la migración es la Agenda 2030 de Naciones Unidas, sustentada en un plan de acción con 17 objetivos y 169 metas bajo una visión integral y equilibrada. Varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en esta Agenda reconocen a las personas migrantes como grupo en grupo en situación de vulnerabilidad que requiere empoderamiento. En particular, la Meta 10.7 plantea la migración en el marco más amplio de la reducción de desigualdades y exige a los Estados mejorar la gestión y planificación de sus políticas migratorias. Igualmente, inciden en este ámbito las metas 10.3 (igualdad de oportunidades y eliminación de prácticas discriminatorias) y 8.8 y 8.5 (protección de derechos laborales y promoción del empleo pleno y equitativo para toda la población, incluidos migrantes y mujeres)2.

La frontera norte de México, y en particular la ciudad de Tijuana, se constituye en un espacio privilegiado para observar las tensiones y oportunidades que genera la movilidad humana. Ante este panorama, surge la necesidad de analizar la percepción social y económica de la población tijuanense hacia la comunidad migrante, con el fin de determinar si predominan actitudes de apoyo e inclusión o, por el contrario, prácticas de rechazo y exclusión, y en qué medida la identidad local se transforma con la llegada de nuevos grupos. De manera más específica, la investigación examina el nivel de tolerancia de la población receptora frente a la comunidad migrante en aspectos como el comportamiento, las culturas y las tradiciones, así como el peso de creencias, opiniones y prejuicios en dichas actitudes. Explorar estas dinámicas permitirá no solo comprender mejor la relación entre población receptora y migrantes, sino también aportar insumos relevantes para el diseño de políticas públicas más inclusivas y orientadas a fortalecer la cohesión social en un entorno crecientemente diverso.

2. Revisión de literatura

Las percepciones sociales respecto a la migración condicionan la forma en que se diseñan políticas públicas y se configuran actitudes de inclusión o exclusión; sin embargo, con frecuencia estas percepciones no reflejan las causas reales del fenómeno. Una encuesta de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR, 2024a) reveló que el 85% de los mexicanos atribuye la migración a motivos económicos, mientras que solo el 10% la asocia con la violencia en los países de origen. No obstante, la propia ACNUR (2024b) señala que más del 50% de las personas en situación irregular ha huido por violencia, inseguridad o amenazas, lo que evidencia una percepción distorsionada de las causas de la migración.

La movilidad internacional responde tanto a la búsqueda de empleo y mejores condiciones de vida como a la necesidad de protección frente a escenarios de conflicto, persecución o violaciones a los derechos fundamentales. No obstante, los lugares de destino no siempre ofrecen condiciones adecuadas para la recepción e integración de las personas migrantes. La percepción hacia estas varía según factores económicos, culturales y políticos, así como de la manera en que la población receptora incorpora a la comunidad en movilidad en su vida social. En este sentido, Rodicio-García y Sarceda-Gorgozo (2019) subrayan que la migración, como fenómeno constante en la historia, aporta beneficios que trascienden lo económico, al propiciar la apertura cultural y fortalecer el capital social. Sin embargo, en escenarios de crisis, es frecuente que las sociedades refuercen discursos nacionalistas para preservar su estabilidad interna.

No obstante, dichos beneficios coexisten con tensiones históricas y políticas que, como advierte Hobsbawm (1992), pueden reforzar cohesión social pero también exclusión y conflicto3. En este marco, diversas investigaciones han mostrado que la percepción de diferencias culturales significativas se asocia con un mayor estrés en los procesos de adaptación (Ward et al., 2001) y que la falta de apoyo social y las dificultades económicas incrementan las barreras de integración (Urzúa et al., 2017). Al respecto, el Modelo Interactivo de Aculturación (Bourhis et al., 1997) identifica cinco orientaciones de las comunidades receptoras: integracionismo, individualismo, asimilacionismo, segregacionismo y exclusionismo.

Asimismo, de acuerdo con Zlobina (2004), las personas migrantes enfrentan retos de adaptación en al menos tres ámbitos: culturales (aprendizaje de normas, costumbres, idioma y códigos sociales); práctico-administrativos (acceso a permisos de residencia, empleo, salud y vivienda, así como comprensión de trámites oficiales); y de preservación cultural (mantenimiento de tradiciones y costumbres de origen en un nuevo contexto).

2.1. Tijuana como zona de estudio

La región fronteriza del norte de México, y en particular la ciudad de Tijuana, ha experimentado en las últimas décadas un dinamismo económico y un crecimiento poblacional superiores a la media nacional. Este fenómeno obedece a su posición geoestratégica como nodo clave en la integración económica transfronteriza, a la consolidación de sectores industriales vinculados con la manufactura avanzada y a la atracción sostenida de inversión extranjera directa. Estos procesos han transformado profundamente su estructura urbana y social, configurándola como un espacio de confluencia cultural, económica y migratoria (Mendoza Cota, 2017).

En el ámbito laboral, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) reportó que el primer trimestre de 2025 la tasa de desocupación en Baja California fue de 2.2%, situándola en la decimotercera posición nacional. El análisis sectorial mostró un crecimiento sostenido en el sector primario, un repunte en el secundario y un retroceso en el terciario. Asimismo, se observa una ligera disminución sostenida en el número de trabajadores del sector manufacturero afiliados al IMSS desde inicios de 2023 hasta julio de 2025 (SEI BC, 2025).

El Comité de Planeación para el Desarrollo del Estado (COPLADE, 2004) sostiene que la movilidad social constituye el principal componente de la identidad bajacaliforniana, motor del desarrollo y detonante social de mayor impacto en la dinámica regional. Este reconocimiento sitúa a la migración como elemento central en la configuración de la sociedad local. Baja California, en general, se ha consolidado como un importante receptor de flujos migratorios nacionales e internacionales y también funge como punto de tránsito hacia otros países.

Tijuana, con una población de 2’151,740 habitantes, refleja esta condición. La estructura ocupacional muestra que el 29.6% trabaja en la industria, el 17.5% en el comercio, el 8.4% en restaurantes y servicios de alojamiento, y el 38.0% en actividades diversas de servicios; en contraste, solo el 0.2% se dedica al sector primario, el 1.2% al gobierno y el 5.0% a ocupaciones no especificadas. En 2023, la ciudad recibió aproximadamente 11.6 millones de visitantes, de los cuales el 75% fueron extranjeros y el 25% turistas nacionales (CEMDI, 2024). Se estima que cerca de la mitad de la población tijuanense es originaria de otros lugares4 (IMPLAN, 2023), lo que evidencia un alto grado de movilidad interna y transfronteriza. Esta condición ha fortalecido la interculturalidad y ha convertido a Tijuana, en particular, en un laboratorio social donde convergen diversos perfiles y trayectorias migratorias (Universidad Iberoamericana, 2017).

Históricamente, la ciudad de Tijuana ha mantenido un acelerado proceso de urbanización, iniciado en México a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando amplios contingentes de población rural se desplazaron hacia zonas urbanas. Aunque en muchas ciudades este fenómeno se ha ralentizado, Tijuana continúa recibiendo flujos diversos provenientes de distintas regiones, entre ellos grupos sudamericanos, centroamericanos y caribeños (en muchos casos indocumentados), cuyas experiencias reflejan retos diferenciados en materia de regularización migratoria, inserción laboral, integración social y acceso a servicios (Aguilar y Mbawmbaw, 2025).

Las condiciones de tránsito también inciden en la dinámica local, ya que parte de los flujos migratorios suele permanecer periodos prolongados en la frontera, en espera de cruzar a Estados Unidos. En numerosos casos, la imposibilidad de regresar a sus países de origen y las dificultades para continuar el trayecto conducen al establecimiento permanente en Tijuana. Esta situación de incertidumbre genera una mayor demanda de servicios básicos y empleo, lo que modifica las dinámicas sociales locales al intensificar la interacción entre población receptora y migrante.

De acuerdo con la OIM (2025), en los años recientes el 61% de la migración de llegada a Tijuana ha sido de origen mexicano; el resto corresponde a población hondureña (8%), salvadoreña (6%), guatemalteca (6%), colombiana (5%), venezolana (4%), haitiana (2%) y afgana (2%), entre otras nacionalidades. Los sectores con mayor participación laboral son el comercio (32%), la agricultura (12%) y la construcción (11%). La composición demográfica muestra que arriban a la localidad tres hombres adultos por cada dos mujeres, y también tres niñas o adolescentes mujeres por cada dos niños o adolescentes varones. Los principales motivos de migración internacional son la inseguridad y la violencia (80%), la reunificación familiar (25%) y las condiciones socioeconómicas (14%). En cuanto a documentación, el 53% no cuenta con ningún tipo, el 20% tiene tarjeta de visitante por razones humanitarias, el 19% tarjeta de residente permanente y el 8% otro tipo de documento.

El INM reportó que, entre enero y septiembre de 2022, fueron “rescatadas”5 31,907 personas extranjeras en Baja California, frente a las 25,155 del mismo periodo del año anterior (INM, 2024). Durante el primer trimestre de 2023, el Ayuntamiento de Tijuana atendió a más de 1,500 migrantes que fueron canalizados a distintos albergues con apoyo del Grupo Beta. De ellos, aproximadamente el 60% eran connacionales procedentes principalmente de Michoacán y Guerrero, mientras que el 40% restante correspondía a personas extranjeras originarias de Venezuela, Guatemala, Haití, Cuba, El Salvador y Nicaragua (KSDY50, 20236). Finalmente, la OIM (2025) señala que la distribución reciente de la población migrante internacional en Tijuana se concentra en los cuatro contextos ya señalados: origen (5-10%), tránsito (40-45%), destino (25-30%) y retorno (20-25%). En cuanto a su permanencia, al momento de entrevistarlos, el 27% llevaba menos de un mes en la ciudad, el 54% entre uno y seis meses, el 14% entre seis meses y un año, y el 5% más de un año.

La política migratoria mexicana, orientada a promover una migración regular, ordenada y segura con enfoque de derechos humanos, presenta limitaciones para atender las necesidades básicas de la población migrante. El Banco Interamericano de Desarrollo (2023) advierte que la magnitud y urgencia de estas demandas han evidenciado la escasa efectividad de las estrategias vigentes, lo cual se refleja no solo en Baja California, sino también en otros países receptores de América Latina y el Caribe, donde dichas limitaciones han contribuido a la exacerbación de actitudes xenófobas.

2.2. Manifestaciones de discriminación hacia la población migrante

La discriminación constituye un problema social de gran relevancia que afecta a diversos grupos, entre ellos la población migrante7. En el ámbito del racismo, datos de OXFAM muestran que la percepción ciudadana sobre el racismo en México alcanza 5.8 en una escala de 0 (nada racista) a 10 (muy racista), mientras que la autopercepción individual apenas llega a 1.3. Esta brecha refleja una “doble narrativa”: la sociedad reconoce el racismo como un problema, pero los individuos tienden a excluirse de él, lo que fomenta la inacción frente a conductas discriminatorias, y constituye otra muestra de percepciones inconsistentes. A ello se añade que 60% de la población no percibe discursos discriminatorios; del 40% que sí lo hace, solo una cuarta parte afirma haber tomado algún tipo de acción (OXFAM, 2023). Esta dinámica ha polarizado las opiniones sobre la presencia de personas migrantes en la frontera norte.

En el plano estatal, la Encuesta Nacional sobre Discriminación (INEGI, 2022) revela que en Baja California el porcentaje de personas que reportaron haber sufrido discriminación pasó de 16.5% en 2017 a 22.3% en 2022. En este contexto, la población migrante enfrenta dificultades adicionales, como la exclusión del acceso a vivienda digna, así como riesgos de violencia, secuestro, extorsión, fraudes del crimen organizado y explotación laboral.

Estas tensiones se han visibilizado en coyunturas específicas. Un ejemplo es la caravana de migrantes centroamericanos que llegó a la ciudad en 2018, integrada mayoritariamente por población de El Salvador, Honduras y Guatemala. El COLEF (2018) reportó que el 50.2% de sus integrantes pretendía cruzar a Estados Unidos, mientras que el 20% manifestó intención de establecerse en Tijuana. El promedio de escolaridad era de 6.4 años -equivalente a secundaria incompleta- frente a un promedio local de 9.7 años, lo que evidencia una desventaja en términos de capital educativo. Diversas investigaciones han señalado, además, que caravanas como esta han sido utilizadas por el gobierno estadounidense para justificar medidas draconianas contra los migrantes y desplegar una agenda abiertamente antiinmigrante (Torre, 2022).

Otro caso ilustrativo es el de la población haitiana afectada por la contingencia migratoria de 20168. Tras recorrer miles de kilómetros en caravanas, muchas personas agotaron sus recursos y las redes de apoyo disponibles (Coulange Méroné y Castillo, 2020). Se estima que más de 4,000 haitianos quedaron varados en México (Yee Quintero, 2017), enfrentando discriminación, prejuicios y serias dificultades de acceso a empleo, vivienda, servicios básicos y trámites administrativos y bancarios.

2.3. La integración de las comunidades migrantes desde la óptica intercultural

La convivencia entre personas de distintas culturas conlleva retos derivados de diferencias en tradiciones, valores y formas de comunicación, lo que puede dificultar la interpretación de acciones y significados en los procesos de interacción social (Sosa y Zubieta, 2015). La integración intercultural se alcanza cuando los miembros de la cultura dominante reconocen el derecho de los grupos no dominantes a preservar su herencia cultural, al tiempo que les incentivan y facilitan su participación activa en la sociedad.

Diversas investigaciones muestran que la aceptación de una sociedad plural, y por ende el reconocimiento de que los inmigrantes conserven sus costumbres y culturas de origen, se asocia positivamente con el grado en que la población receptora valora la convivencia y el funcionamiento social. Asimismo, quienes favorecen la integración cultural de los grupos migrantes tienden a mostrar percepciones más positivas sobre su contribución al bienestar colectivo (Migliorini et al., 2016).

En el plano institucional, estas discusiones se han traducido en compromisos internacionales y políticas nacionales. La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, cuyos principios fueron incorporados por incorporó México en el Plan de Políticas Migratorias 2018-2024, priorizando la defensa de los derechos humanos y el desarrollo económico bajo una visión humanitaria (SRE, 2019). No obstante, la integración de la población extranjera en las dinámicas sociales del país sigue siendo un desafío, ya que la limitada participación, la débil asociatividad y la alta fragmentación de las comunidades migrantes obstaculizan el acceso de estas comunidades a oportunidades en materia de salud, seguridad y educación (SEGOB, 2019).

La migración suele asociarse con procesos de exclusión, estigmatización y otras formas de vulnerabilidad que afectan a las personas migrantes. Estas percepciones negativas se relacionan, en parte, con la idea de que la llegada de población extranjera puede generar desequilibrios en los sistemas locales de salud y educación, así como en las dinámicas económicas y laborales de las comunidades receptoras. Sin embargo, este fenómeno también puede propiciar un mayor apoyo social y un enriquecimiento cultural, en la medida en que existan recursos suficientes, condiciones de inclusión efectivas y una formación cívica orientada a prevenir la aparición de barreras sociales (Jaimes-Márquez et al., 2023).

3. Datos y metodología

3.1. Datos

Esta investigación forma parte del Proyecto “Medición y Estrategias de Implementación de los ODS en la Frontera Norte: Migración y Emprendimiento”, desarrollado entre 2023 y 2024 por profesores y estudiantes de la Facultad de Economía y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Baja California. Para atender los distintos objetivos del proyecto, se diseñaron y aplicaron dos encuestas.

La primera se orientó a conocer la percepción de diversos segmentos de la sociedad respecto a la comunidad migrante en la región. Este cuestionario se estructuró en secciones que abordan dimensiones sociales, económicas, culturales, legales y medioambientales. En total, participaron 212 personas mexicanas con al menos diez años de residencia en Tijuana, sin importar su lugar de nacimiento. De esta muestra, el 64% era originaria de Baja California, mientras que el restante había nacido en otras entidades. El 44% se encontraba estudiando y el 64% trabajando. Dentro de estos grupos, el 18% realizaba ambas actividades y el 11% no participaba ni en estudios ni en el mercado laboral.

En la muestra, las mujeres representan el 68.7% y los hombres el 31.3%. Entre las mujeres, el 25.4% manifiesta baja tolerancia, con una edad promedio de 28.2 años, mientras que el 74.6% se clasifica como tolerante, con una media de 32.1 años. En los hombres, el 16.7% presenta baja tolerancia y alcanza un promedio de 37.0 años, en tanto que el 83.3% muestra actitudes tolerantes, con una media de 30.5 años. En síntesis, dentro de los grupos intolerantes, las mujeres son las más jóvenes y los hombres los de mayor edad.

El segundo instrumento tuvo como propósito recabar la opinión de la población migrante. Fue aplicado a 34 personas de distintas nacionalidades, con condiciones migratorias diversas y tiempos de residencia variables en la ciudad. En este caso, el cuestionario abarcó información general, motivos de migración, dinámica familiar, inserción laboral y social, salud y vivienda, así como planes a futuro. Los principales grupos fueron colombianos (32%), haitianos (16%), venezolanos (16%), hondureños (12%) y brasileños (8%), además de pequeñas representaciones de Chile, Guatemala y Nigeria. El 80% arribó a partir de 2018, con un 32% que lo hizo desde 2023. Casi la mitad de la muestra (48%) presentaba un estatus migratorio irregular. En términos educativos, el 16% no contaba con formación escolar, el 12% había cursado únicamente la primaria, el 28% la secundaria, el 32% el bachillerato y solo el 12% había alcanzado estudios universitarios.

Un tercio manifestó tener planes de cruzar a Estados Unidos. Entre las principales razones para arribar a Tijuana destacan la expectativa de mejores oportunidades laborales (32%), la facilidad para obtener documentos migratorios (15%) y la presencia de familiares en la localidad (13%)9. En el ámbito laboral, el 21% no había trabajado en el último año, mientras que el 13% declaró haber tenido dos o más empleos en dicho periodo. Asimismo, el 34% señaló desempeñarse regularmente en ocupaciones informales o irregulares. Finalmente, apenas el 32% manifestó tener conocimiento de instituciones o dependencias encargadas de velar por su seguridad o de garantizar sus derechos en el país.

El levantamiento de instrumentos se realizó en dos momentos diferenciados: entre septiembre y noviembre de 2023 se encuestó a la población local, mientras que entre febrero y marzo de 2024 se aplicó a la población migrante.

3.2. Metodología

La investigación se desarrolló en dos fases complementarias. En la primera, se realizó un análisis descriptivo y una discusión de los resultados obtenidos en ambas encuestas, a nivel de preguntas individuales. La segunda fase correspondió al ejercicio econométrico, basado en un modelo logit, construido exclusivamente a partir de los datos de la encuesta aplicada a la población local. El propósito de este modelo fue estimar la probabilidad de que una persona manifieste actitudes de tolerancia hacia la comunidad migrante (variable dependiente), en función de un conjunto de variables socioeconómicas, de percepción y de comportamiento.

Este enfoque permite analizar cómo las variables independientes inciden en la probabilidad de que se manifiesten actitudes de tolerancia, incorporando de manera indirecta dimensiones de carácter socioeconómico. La variable dependiente se codificó como TOLN = 1 (tolerante10) y TOLN = 0 (no tolerante), y se especificó formalmente en la siguiente función logística11:

P r T O L N = 1 X = 1 1 + e - α + β 1 X 1 + β 2 X 2 + β n X n

Las variables independientes incluidas en el modelo se sintetizan en la Tabla 1, la cual detalla su descripción, tipo y categorías.

Como puede observarse, el modelo incorpora tanto variables demográficas como factores de percepción social y de comportamiento. La última columna de la tabla (%) indica la frecuencia relativa de cada categoría en la muestra.12

Tabla 1

Descripción de las variables independientes

Nomenclatura Descripción Tipo Categorías %
GEN Género Dem. (1) mujer 68.7%
(2) hombre 31.3%
EDAD Edad (años) Media: 31.2 -
CMGR Condición migratoria personal pasada o futura* (1) ha experimentado un proceso migratorio internacional 6.7%
(2) considera que podrían llegar a vivir un proceso migratorio internacional 24.6%
(3) no ha migrado internacionalmente ni prevé hacerlo 68.7%
PMCUL Percepción sobre el grado de multiculturalidad en México Percp. (1) bajo 0.5%
(2) media-bajo 4.6%
(3) media-alto 56.4%
(4) alto 38.5%
PERMI Percepción general sobre la migración (1) negativa 5.1%
(2) de indiferencia 68.2%
(3) positiva 26.7%
PIDEN Percepción sobre el efecto de la migración en la identidad mexicana (1) no se fortalece (permanece estable o se debilita) 10.8%
(2) se fortalece 89.2%
PLMEC Percepción sobre el efecto de la migración en la economía local (1) no se fortalece (permanece estable o se debilita) 20.0%
(2) se fortalece 80.0%
CONVR Debe convivir usted cotidianamente con personas migrantes Comp. (1) sí 29.7%
(2) no 70.3%
CRITC Actitud de la familia frente a que usted mantenga una relación sentimental con una persona de distinto origen étnico (1) lo criticaría 28.2%
(2) no lo criticaría 71.8%

[i] Fuente: Elaboración propia. Dem.: Demográfico; Comp.: Comportamiento; Percp.: Percepción. * Valores más bajos indican mayor cercanía con la experiencia migratoria.

4. Resultados

4.1. La opinión de los locales acerca de la población migrante: estadísticas básicas

  1. Dimensión cultural e identitaria. La mayoría de las personas encuestadas (94%) percibe a México como un país con un alto grado de multiculturalidad. No obstante, esta valoración positiva no se traduce en una percepción igualmente favorable sobre la identidad nacional: el 77% considera que la presencia de población extranjera no modifica la identidad mexicana, el 14% sostiene que la fortalece y un 9% estima que la debilita. Este contraste sugiere una aceptación general del carácter plural del país, aunque persisten dudas sobre su efecto en los referentes identitarios.

  2. Dimensión social y de convivencia. En lo relativo a la interacción cotidiana, el 69% de las personas encuestadas reporta no tener interacción con personas en movilidad en espacios escolares o laborales. Adicionalmente a esta limitada cercanía, el 68% manifiesta indiferencia con el fenómeno de la migración y un 25% reconoce que, en su familia, existiría resistencia ante una relación sentimental con alguien de origen distinto. Estos resultados reflejan la influencia de la esfera doméstica en la formación de actitudes sociales.

  3. Dimensión económica. La percepción sobre los impactos económicos es heterogénea. Más de la mitad (51%) sostiene que la movilidad internacional no produce efectos significativos en la economía nacional, un 20% la asocia con consecuencias negativas y una proporción menor identifica beneficios. Sin embargo, casi la totalidad de los encuestados (97%) reconoce que el trabajo realizado por personas extranjeras tiene el mismo valor que el de la población local y, en consecuencia, debería recibir igual remuneración.

  4. Dimensión de seguridad y confianza. Un 78% de los participantes expresa desconfianza hacia la población migrante, vinculando su llegada con un posible aumento de la delincuencia. Este hallazgo evidencia la persistencia de estigmas que obstaculizan los procesos de integración social, incluso en contextos donde se reconoce su aporte económico.

  5. Dimensión política y de derechos. Con respecto al papel de las instituciones, únicamente el 28% considera que se respetan los derechos de la población migrante, mientras que el 75% percibe una exclusión de estos grupos en las decisiones gubernamentales. Aunque el 54% rechaza que la atención a esta población se haga a costa de reducciones en otros programas sociales, el 55% desconoce cuáles son los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y su vínculo con la reducción de desigualdades y la inclusión de las personas migrantes, lo que muestra una brecha informativa entre percepciones sociales y marcos normativos internacionales orientados a la inclusión.

  6. Otros. La indagación sobre experiencias personales de movilidad muestra que el 70% nunca ha migrado ni planea hacerlo, el 25% lo considera una posibilidad y apenas el 5% lo ha experimentado. Lo anterior sugiere un conocimiento limitado de la experiencia migratoria, lo cual puede restringir la empatía hacia quienes atraviesan dicho proceso. Incluso entre quienes han migrado previamente se observan casos en los que persisten reservas frente a la llegada de nuevos grupos, especialmente cuando son percibidos como diferentes o ajenos. Esto indica que la experiencia personal de movilidad no garantiza actitudes de apertura y, en algunos casos, puede coexistir con posturas restrictivas.

En esta misma línea, el 17% de la muestra se pronuncia por expulsar a las personas migrantes, mientras que el 56% considera que únicamente se les debería permitir transitar por el país. Estos porcentajes superan los registrados a nivel nacional (13% y 32%, respectivamente; ACNUR, 2024a). Finalmente, destaca que el 57% de la población consultada afirma que, de encontrarse en una situación migratoria, no se sentiría satisfecho con la acogida de la sociedad tijuanense. Este resultado revela la existencia de una autocrítica implícita sobre las limitaciones de los procesos de integración en el contexto fronterizo.

De manera complementaria, los cruces bivariados muestran asociaciones estadísticamente significativas entre variables clave. En particular, se identifica una asociación moderada (V de Cramér = 0.34) entre CONVR y CMGR, lo que indica que la convivencia con personas procedentes del extranjero se vincula tanto con la condición de haber sido migrante internacional como con la intención de llegar a serlo. Asimismo, se observa una asociación baja (V de Cramér = 0.22), entre PLMEC y PIDEN, lo que refleja semejanza entre quienes consideran que la migración tiene efectos positivos en la economía y quienes perciben que contribuye a fortalecer la identidad nacional.

4.2. Desafíos en la integración social y económica de la población migrante

  1. Integración social. Aunque el 96% de las personas encuestadas declara tener una percepción positiva o muy positiva hacia la comunidad de acogida, solo el 20% se siente plenamente integrado, mientras que un 44% se considera parcialmente integrado y un 36% reporta baja o nula integración. Además, el 72% afirma no participar en organizaciones sociales locales. La información sugiere que la integración se articula principalmente a través de espacios comunitarios estructurados, como grupos religiosos, educativos o vecinales.

  2. Necesidades básicas y motivaciones. Las principales necesidades expresadas se concentran en subsistencia: alimentación (48%), empleo (47%), vivienda (37%) y salud (36%)13. En cuanto a motivaciones, el 41% señaló que migró con la intención de establecer una nueva vida laboral, mientras que un 24% planeaba trabajar temporalmente para regresar a su país. No obstante, las intenciones cambiaron con el tiempo: mientras menos del 30% planeaba permanecer en Tijuana al inicio, actualmente casi el 75% desea hacerlo, lo que refleja la influencia de factores estructurales y contextuales en la decisión de asentamiento.

  3. Experiencias de discriminación. La Figura 1 muestra que la población migrante ha enfrentado distintas formas de discriminación. Las situaciones con mayor porcentaje de ocurrencia frecuente corresponden a comentarios que atribuyen a personas extranjeras la comisión de actividades delictivas o socialmente reprobables, así como a la experiencia de insultos de carácter racista o xenófobo. En contraste, las situaciones reportadas con menor frecuencia fueron el rechazo a sentarse junto a la persona en el transporte público o en una sala de espera, y las críticas al vestuario asociado a su cultura. Cabe destacar que esta última fue la única situación que la mayoría de los entrevistados declaró no haber experimentado nunca.

  4. Percepción institucional. Respecto al trato de las autoridades, un 58% evalúa de manera regular o negativa la atención recibida, y un 68% desconoce cuáles instituciones son responsables de proteger sus derechos, lo que refleja una brecha importante de información y confianza institucional.

  5. Otros. Un aspecto relevante que complementa la opinión de la población encuestada es la disposición a interactuar con los residentes locales: el 44% manifestó preferir no establecer vínculos, lo que revela que los procesos de pertenencia y arraigo resultan complejos y no automáticos. Esta distancia, sin embargo, se matiza con los motivos que influyen en la elección de Tijuana como destino. Para el 32% de la población migrante, las oportunidades laborales representan la principal razón de su estancia, seguidas de la ubicación estratégica de la ciudad en la frontera (mencionada por el 16%), percibida como una vía potencial para acceder en el futuro a la residencia en Estados Unidos. Asimismo, las redes sociales y vínculos ya establecidos desempeñan un papel significativo al brindar apoyo y facilitar la integración. Estos resultados muestran que, aunque existen reservas en la interacción con la población local, los factores estructurales y relacionales continúan ejerciendo un peso decisivo en la permanencia de este colectivo en Tijuana.

Figura 1

¿Se ha encontrado en alguna de estas situaciones?

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Fuente: Elaboración propia con información del Proyecto Medición y Estrategias de Implementación de los ODS en la Frontera Norte: Migración y Emprendimiento.

4.3. Tolerancia de la población local: resultados econométricos

En esta sección se exponen los resultados de la regresión logit, cuyo propósito es determinar la probabilidad de que una persona mexicana residente de Tijuana manifieste tolerancia o rechazo hacia la comunidad migrante internacional en términos de comportamiento, tradiciones y religión, a partir de diversas características individuales.

La Tabla 2 muestra los resultados de la estimación. Se aplicó un proceso de selección paso a paso con el fin de obtener una especificación parsimoniosa. No obstante, por razones de transparencia, en la tabla se incluyen tanto los resultados de la estimación original como los de la estimación final, una vez excluidas las variables que no resultaron estadísticamente significativas. Esta reducción de variables permitió disminuir problemas de multicolinealidad, especificación e interacciones, lo que derivó en cambios en los coeficientes estimados.

Tabla 2

Resultados modelo logit

Estimación original Estimación final
Variable Coeficiente Efecto marginal Coeficiente Efecto marginal p-valor
GEN -0.37868 -0.07175
(0.698)
EDAD 0.03836 0.00727
(0.038)
CMGR -0.55587 -0.10522 -0.87157 ** -0.16935 0.025
(0.740) (0.389)
PMCUL -0.08811 -0.01670
(0.546)
PERMI -0.05734 -0.01087
(0.609)
PIDEN 0.43682 0.08277 1.0450 ** 0.20305 0.048
(0.706) (0.529)
PLMEC 0.40048 0.07588 0.97292 ** 0.18904 0.028
(0.461) (0.444)
CONVR 0.30974 0.05869
(0.769)
CRITC 1.01539 0.19240 1.21227 *** 0.23555 0.004
(0.737) (0.417)
const 0.07891 2.12680 0.106
(3.259) (1.316)
Obs. 187 212
LR chi2 5.73 24.47

[i] Fuente: Elaboración propia con datos de la encuesta a la población local. Niveles de significancia: ***p < 0.01, **p < 0.05, *p < 0.10. Con relación a la estimación final: porcentaje de clasificación correcta: 82%; pseudo R2 = 0.1177; log-likelihood = -91.8857; Prob > chi2 = 0.0001.

La Tabla 2 presenta los coeficientes estimados junto con sus errores estándar (entre paréntesis) y los p-valores correspondientes a la especificación final. De acuerdo con la tabla, la regresión original no arrojó evidencia estadísticamente significativa para ninguna de las nueve variables incluidas. Por el contrario, la especificación final incorpora solo cuatro variables (una demográfica, dos de percepción y una de comportamiento), las cuales sí alcanzan significancia estadística.

Dado que la regresión logit no es lineal en términos de probabilidades, los coeficientes de la Tabla 2 no pueden interpretarse directamente como cambios en la probabilidad del evento de interés. Para facilitar su interpretación, se estimaron los efectos marginales, los cuales indican en qué medida varía la probabilidad de ocurrencia del evento (TOLN = 1) cuando una variable independiente se incrementa en una unidad, manteniendo constantes las demás. La expresión algebraica para los efectos marginales es

P r T O L N = 1 X X j = β j P r T O L N = 1 X 1 - P r T O L N = 1 X

que no es otra cosa más que la derivada de la probabilidad estimada respecto a cada variable explicativa.

En términos sustantivos, un efecto marginal positivo señala que la probabilidad del evento aumenta conforme lo hace la variable explicativa, mientras que un efecto marginal negativo implica una disminución de dicha probabilidad. La magnitud del efecto marginal refleja el cambio absoluto en la probabilidad, lo que permite una interpretación más intuitiva y comparativa entre variables que lo que se puede conseguir con los coeficientes.

La lectura de la tabla muestra que la variable vinculada a la experiencia migratoria (demográfica) tiene un efecto marginal negativo y estadísticamente significativo (-0.169). Dado que valores más bajos de esta variable representan una mayor cercanía con la experiencia migratoria, este resultado indica que, conforme los individuos se aproximan a dicha experiencia (por ejemplo, al pasar de no preverla a considerarla posible, o de considerarla a haberla vivido), la probabilidad de manifestar actitudes tolerantes hacia la población migrante internacional aumenta en 16.9 puntos porcentuales (p.p.), manteniendo constantes las demás variables. Este hallazgo sugiere que la lejanía respecto al fenómeno migratorio puede limitar la empatía y asociarse con percepciones más restrictivas.

Las variables de percepción muestran efectos marginales positivos. Aquellos que consideran que la migración fortalece la identidad nacional presentan un aumento de 20.3 p.p. en la probabilidad de mostrar actitudes tolerantes. De manera similar, quienes consideran que la llegada y permanencia de migrantes favorece la economía incrementan en 18.9 p.p. su probabilidad de adoptar posturas inclusivas. Ambos resultados evidencian que las creencias respecto al aporte cultural y económico de la migración juegan un papel central en la construcción de actitudes de aceptación.

Asimismo, la variable de comportamiento asociada a la aceptación de una relación familiar con una persona migrante presenta un efecto marginal positivo de 23.6 p.p. Este resultado subraya la influencia del entorno familiar en la formación de actitudes hacia la diversidad cultural, y pone de manifiesto que la integración social en el ámbito familiar y comunitario aún enfrenta resistencias.

Finalmente, las variables relativas al género, la edad, las percepciones sobre el grado de multiculturalidad en México y sobre la migración en general, así como el nivel de convivencia con personas migrantes, no resultaron estadísticamente significativas. Este resultado sugiere que las actitudes de tolerancia hacia la población migrante dependen principalmente de percepciones y conductas específicas, más que de las características sociodemográficas de la población local.

Conclusiones

Los resultados tanto descriptivos como del modelo logit confirman que la tolerancia hacia la comunidad migrante en Tijuana no se explica principalmente por características demográficas, sino por las percepciones sobre identidad nacional y economía, así como al entorno familiar. En el plano descriptivo, destacan dos hechos: el primero es que, aunque el 94% percibe a México como altamente multicultural, persiste una desconfianza relevante hacia la población migrante (78% la vincula con posible aumento del delito), y segundo, el 57% señala que, de encontrarse en situación migratoria, no se sentiría bien acogido por la sociedad tijuanense. Este patrón de ambivalencia ayuda a contextualizar los determinantes de la tolerancia identificados en el modelo. En el ejercicio econométrico, los efectos marginales confirman que la tolerancia se explica ante todo por percepciones y comportamientos.

Estos hallazgos revelan que la construcción de actitudes tolerantes no depende únicamente de discursos institucionales, sino de experiencias y de valoraciones colectivas sobre los beneficios de la migración. A partir de estos resultados, se desprende que la integración social de este colectivo en Tijuana requiere también de un cambio cultural y educativo de mayor alcance que el que puede conseguir una regulación laboral o un ajuste normativo. Es indispensable trascender la educación formal tradicional e impulsar modalidades educativas que fortalezcan la convivencia plural, entre las que destacan la educación en derechos humanos, la educación intercultural, la educación para la paz y la resolución de conflictos y la educación socioemocional, todas ellas orientadas a consolidar valores de igualdad, respeto y empatía.

La evidencia muestra que la tolerancia no es únicamente el resultado de condiciones individuales, sino de procesos sociales que pueden y deben cultivarse a través de estrategias formativas amplias y transversales. Tijuana, como frontera dinámica y diversa, representa un espacio estratégico para promover tales procesos. A la par, es conveniente fortalecer una identidad local en la que la migración no se perciba como una amenaza, sino como un componente esencial de la historia, la economía y el tejido cultural de la ciudad. Conviene recordar que, aunque existen múltiples motivaciones para emigrar, la mayoría de quienes emprenden este camino lo hacen por necesidad y no por elección: violencia, represión política, carencias económicas o falta de oportunidades.

Finalmente, empatizar con la situación de vulnerabilidad de estas comunidades es el primer paso para aceptarla e incluirla como parte integral de la identidad tijuanense. En este sentido, la migración debe asumirse no solo como un fenómeno político o económico, sino como un proceso histórico y humano cuya gestión exige enfoques que prioricen la integración, la convivencia intercultural y el respeto irrestricto a los derechos humanos. De hecho, la evidencia antropológica indica que no existe grupo humano cuyos ancestros no hayan migrado en algún momento de la historia (Durand et al., 2014), lo que refuerza la idea de que la movilidad es inherente a la condición humana y, por ende, su aceptación constituye un imperativo ético y social.

El estudio presenta limitaciones que deben considerarse al interpretar los hallazgos; entre ellas destacan: el carácter transversal de la medición, el tamaño y la composición de las muestras, la naturaleza no representativa de los datos y, desde cierta óptica, el uso de una variable dependiente dicotómica que no captura gradientes de tolerancia. En consecuencia, los resultados describen con validez interna un caso local, pero su generalización requiere cautela. Es conveniente que futuras investigaciones incorporen diseños longitudinales y muestras probabilísticas, así como modelar niveles contextuales (hogar, colonia, municipio) mediante enfoques multinivel que fortalezcan la validez interpretativa de los resultados cuantitativos aquí reportados.

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Notes

[1] Para el año 2017, el número de migrantes internacionales ascendió a 258 millones, lo que representa un 3.4% de la población mundial (IOM, 2018).

[2] Resulta relevante, específicamente, el indicador 10.3.1: proporción de la población que declara haberse sentido personalmente discriminada o acosada en los últimos 12 meses por motivos de discriminación prohibidos por el derecho internacional de los derechos humanos.

[3] Por ejemplo, el flujo migratorio procedente de las caravanas de 2018 generó rechazo en parte de la sociedad tijuanense, alimentado por discursos mediáticos y autoridades locales. Sectores de clase media expresaron posturas xenófobas y racistas, algunos influidos por el discurso del entonces presidente estadounidense Trump, en su primer mandato. Estas tensiones polarizaron la opinión pública y derivaron en episodios críticos.

[4] El volumen y ritmo de crecimiento de la población no nativa en la ciudad entre 1900 y 2000 (el cual fluctuó entre 50 y 70%) dieron lugar a patrones demográficos considerados excepcionales, reflejo de la concentración de diversos factores de atracción (Silva Hernández, 2024).

[5] Término oficial empleado por el INM.

[6] KSDY 50 es una estación independiente de radiodifusión en amplitud modulada y canal en Web (https://ksdy50.com/), de carácter noticioso y enfocada al servicio de la comunidad Hispana en el Sur de California y en Baja California, México. Se encuentra en San Diego, California. (N. de. E.)

[7] Otros grupos que enfrentan discriminación en México incluyen a los pueblos indígenas, las personas afrodescendientes, las mujeres trabajadoras sexuales y las personas con diversidad religiosa, así como quienes son objeto de prejuicios por razones de género, orientación sexual, condición socioeconómica, laboral o de vivienda.

[8] En 2016, Haití atravesó un año muy complejo marcado por inestabilidad política, crisis humanitaria y desastres naturales.

[9] Los encuestados podían elegir más de una opción, por lo que los porcentajes no son excluyentes. Asimismo, se presentan solo las categorías más relevantes.

[10] A efectos prácticos, se considera tolerante al individuo que manifiesta actitudes de tolerancia, y no tolerante a aquel que no las manifiesta.

[11] Las opciones de respuesta de la variable dependiente se derivaron de una declaración directa del encuestado, quien debía elegir entre dos alternativas sin categorías intermedias. Esta decisión metodológica fue deliberada, dado que el propósito era identificar determinantes estructurales y sociodemográficos de una postura general, más que los matices de su intensidad. Si bien esta estrategia limita la posibilidad de captar grados de tolerancia, no compromete la validez del modelo, ya que el enfoque binario permite identificar con solidez los factores estructurales asociados a la probabilidad de mostrar tolerancia hacia la población migrante. En consecuencia, proporciona evidencia relevante tanto para el debate académico como para la formulación de políticas públicas.

[12] Las variables con más de dos categorías se trataron como ordinales numéricas, lo que implica asumir distancias constantes entre categorías, supuesto que podría no cumplirse. Aunque el uso de variables dummy habría ofrecido una modelación más precisa y una interpretación más robusta, dado el carácter exploratorio del análisis se considera que el tratamiento aplicado permite aproximarse razonablemente a las asociaciones de interés.

[13] Nuevamente los porcentajes no son excluyentes y solo se presentan las categorías más relevantes.