1. Introducción
La existencia de liderazgo es importante en los negocios, las organizaciones y la
sociedad en general debido a que puede ayudar a dirigir equipos y miembros de una
organización hacia el logro de las metas, y por ello es importante entender los factores
que influyen sobre el liderazgo y su estilo (Musa et al., 2023).
Por su parte, Northouse (2007) señala que el liderazgo es muy buscado y valorado, que la gente se ha sentido cada
vez más cautivada por la idea del liderazgo y que sigue preguntándose qué es lo que
hace a un buen líder. Asimismo, que mucha gente cree que el liderazgo es un modo de
mejorar sus vidas en los ámbitos personal, social y profesional; en tanto que las
corporaciones buscan a aquellos trabajadores con capacidad de liderazgo, porque creen
que éstos llevan activos especiales a sus organizaciones y que en última instancia
mejoran el resultado final.
Por su lado, Pautt y Contreras (2012) señalan que el liderazgo es un tema que ha apasionado a muchas generaciones de académicos
en diferentes partes del mundo, teniendo como patrones de estudio a diferentes eruditos
anglosajones y algunos de habla hispana, que han dedicado su vida a descifrar una
serie de incógnitas que se traslapan y esconden en diferentes culturas, organizaciones
y corporaciones empresariales. En el mismo sentido, Ganga y Navarrete (2013) consideran que el liderazgo se ha convertido en un fenómeno atractivo para el análisis
de las organizaciones.
Con sustento en la teoría del liderazgo basada en las habilidades personales, este
estudio tiene como objetivo identificar la influencia de éstas, divididas en habilidades
cognitivas y habilidades sociales, así como del género, sobre la autopercepción de
una muestra de 312 estudiantes de los cuatrimestres primero, cuarto, séptimo y décimo
del nivel licenciatura de una universidad pública ubicada en el Estado de Puebla,
a quienes se aplicó una encuesta en 2022. La muestra fue obtenida a partir de la totalidad
de los estudiantes que se encontraban en las aulas en el momento de la encuesta, que
fueron en total 942. Fueron eliminadas las encuestas con respuestas incompletas. A
partir de las respuestas, se construyó un índice de liderazgo y se identificaron dos
índices de habilidades cognitivas y de habilidades sociales. Posteriormente, se dividió
la muestra entre individuos que mostraban niveles de liderazgo medio o alto y los
que no lo mostraban. Utilizando un modelo Probit robusto a la multicolinealidad y
la heterocedasticidad, se estimó el efecto de los índices de habilidades cognitivas
y sociales sobre la probabilidad de reportar un nivel medio o alto de liderazgo. Además,
se estudiaron las diferencias entre hombres y mujeres.
La relevancia de las habilidades cognitivas y sociales ha sido reconocida por diferentes
autores. Northouse (2007) distingue entre los rasgos de la personalidad del liderazgo, que son consideradas
innatas y fijas, y las habilidades, que pueden aprenderse y desarrollarse; por su
parte, Katz (1955) sugiere que el liderazgo eficaz se basa en las habilidades técnicas, humanas y conceptuales;
Yukl (1990) considera que para el liderazgo son importantes las habilidades técnicas, conceptuales
e interpersonales; Kouzes y Posner (2013) afirman que el liderazgo tiene que ver con habilidades observables y capacidades
útiles para las personas que ocupan puestos ejecutivos; finalmente, Goleman et al. (2002) afirman que la capacidad emocional está por encima de las habilidades técnicas en
el líder de una organización.
Con base en los autores antes mencionados, en este artículo consideramos como habilidades
cognitivas a aquéllas que se relacionan con la resolución de problemas y la capacidad
técnica, mientras que las habilidades sociales y emocionales las entendemos como aquellas
que se relacionan con la inteligencia social y emocional o de las relaciones interpersonales.
La relevancia de este estudio se sustenta en la incertidumbre, la complejidad y la
volatilidad, así como en la hiperconectividad, que caracterizan al presente siglo;
asimismo, con la exigencia de las organizaciones para que sus empleados presenten
nuevas habilidades con enfoque en el liderazgo y las habilidades blandas o habilidades
socioemocionales, las cuales se enfocan en desarrollar la afectividad, el conocimiento
del mundo, la habilidad social y las actitudes positivas, tal como es señalado en
diversos reportes internacionales como el de Deloitte Global Human Capital Trends (Walsh y Volini, 2017).
Este estudio es pertinente por al menos cinco razones adicionales: a) porque los estudiantes
participantes son del nivel de licenciatura, estando a un paso de iniciar su ingreso
al mercado laboral; b) porque de acuerdo con Chetilan (2024), son pocos los programas educativos que incluyen las habilidades socioemocionales
o blandas, entre ellas el liderazgo, además de sus habilidades cognitivas, a pesar
de que el mercado laboral valora cada vez más las primeras en el momento de contratar
personal; c) porque es importante identificar los factores que facilitan el desarrollo
de la competencia del liderazgo en los estudiantes durante su formación universitaria;
d) porque la mayoría de los estudios realizados en materia de liderazgo, suelen referirse
al liderazgo en las organizaciones, mientras que los estudios acerca del liderazgo
entre estudiantes universitarios son escasos y es necesario llenar ese vacío; y e)
existe un debate en la literatura sobre la relevancia del género en el liderazgo,
pues para algunos hay pocas diferencias (Lupano y Castro, 2011; Sanchez-Moreno et al., 2014; Díaz-Gómez, 2020); para otros hay diferencias en los estilos de hombres y mujeres (Rodriguez Ponce et al., 2010; Pautt y Contreras, 2012); mientras que para otros las diferencias reflejan la existencia de desigualdades
e inequidades entre hombres y mujeres en su acceso a puestos de liderazgo (Zuluaga y Moncayo, 2014; Bueno, 2016).
El artículo se compone de una sección de revisión de la literatura, un apartado de
metodología, otra sección de resultados y de su discusión, y finalmente se concluye.
2. Revisión de la literatura
En este apartado se presenta la revisión de la literatura, la cual se compone de tres
subapartados: uno en el cual se discute el concepto de Liderazgo, otro en el que se
discute la relación entre las habilidades cognitivas y sociales y uno más en el que
se discute la relación entre el género y el liderazgo.
2.1 El concepto de Liderazgo
Musa et al. (2023) señalan que el liderazgo es un aspecto clave en el mundo de los negocios, las organizaciones
y la sociedad en general; asimismo que los líderes que son capaces de inspirar y motivar
a otros pueden ayudar a crear una visión fuerte, fortalecer la moral y mejorar el
desempeño individual y grupal, por lo que es importante entender los factores que
determinan el liderazgo y su estilo.
Por su parte, Geraldo et al. (2020) diferencian los conceptos de liderazgo y dirección, señalando que el concepto dirección es más reducido y está asociado a la gestión administrativa, mientras que el liderazgo
debe entenderse en el marco del comportamiento organizacional en general, y que los
líderes se concentran en influir en las personas, mientras que los directivos están
encargados de los procesos que mantienen a la organización en adecuado funcionamiento.
Tracy (2015) indica que hoy más que nunca necesitamos líderes en nuestros hogares, en nuestras
organizaciones y negocios, en nuestras asociaciones públicas y privadas y en nuestro
gobierno, que nos conduzcan hacia el futuro, señalando dos grandes definiciones de
liderazgo: “El liderazgo es la capacidad de provocar un rendimiento extraordinario
en gente normal y corriente” y “El liderazgo es la capacidad de conseguir seguidores”,
y que la única clase de liderazgo que perdura es aquella en donde la gente decide
voluntariamente seguir la dirección, la guía y la visión de otra persona.
Por otro lado, Vázquez Toledo et al. (2014) mencionan que el liderazgo es un concepto complejo que la mayoría de las personas
define como la capacidad para dirigir, cuyos componentes son quien lo ejerce y quienes
son sujetos a él, por lo que hablamos del líder y de sus seguidores y que la influencia
ejercida implica que debe producirse algún cambio en los seguidores, ya sea en su
motivación, sus competencias o su carácter, provocados como consecuencia de algún
acto realizado por el líder.
Para Giraldo y Naranjo (2014), un líder sería toda aquella persona que por medio de su interacción e influencia
sobre un grupo de personas (seguidoras) y gracias a cualidades como la comunicación
asertiva, la proactividad y el trabajo en equipo, es capaz de lograr las metas y objetivos
que comparte con sus seguidores.
Por su parte, Ganga y Navarrete (2013) señalan que el liderazgo es definido como la interacción entre dos o más miembros
de un grupo, la cual implica normalmente la estructuración o reestructuración de las
perspectivas y expectativas de los miembros del grupo y la modificación del comportamiento
de los involucrados ya que los líderes son personas cuyos actos afectan a otras personas
en mayor cuantía que los actos de otras personas hacia ellos.
2.2 Habilidades cognitivas y sociales y Liderazgo
Northouse (2007) señala que a diferencia del enfoque de rasgos que se centra en las características
de la personalidad, que suelen considerarse innatas y en gran medida fijas, el enfoque
de habilidades se centra en las habilidades y capacidades que se pueden aprender y
desarrollar, ya que si bien la personalidad sin duda desempeña un papel fundamental
en el liderazgo, el enfoque de habilidades sugiere que el conocimiento y las capacidades
son necesarios para un liderazgo eficaz. Para este autor, las habilidades son lo que
los líderes pueden lograr, mientras que los rasgos son quiénes son los líderes (es
decir, sus características innatas). Define las habilidades de liderazgo como la capacidad
de utilizar los conocimientos y competencias propios para alcanzar un conjunto de
metas u objetivos, y señala que estas habilidades de liderazgo pueden adquirirse y
que los líderes pueden capacitarse para desarrollarlas.
Basándose en investigaciones de campo en administración y en sus propias observaciones
directas de ejecutivos en el lugar de trabajo, Katz (1955) sugirió que el liderazgo eficaz depende de tres habilidades personales básicas: técnicas,
humanas y conceptuales. Señala que la habilidad técnica es el conocimiento y la competencia
en un tipo específico de trabajo o actividad e incluye competencias en un área especializada,
capacidad analítica y la capacidad de utilizar herramientas y técnicas apropiadas.
Que la habilidad humana es el conocimiento y la capacidad de trabajar con personas
y es muy diferente de la habilidad técnica, que se relaciona con el trabajo con objetos
y que las habilidades humanas son «habilidades sociales», es decir, son las habilidades
que ayudan a un líder a trabajar eficazmente con seguidores, compañeros y superiores
para lograr los objetivos de la organización y permiten a un líder ayudar a los miembros
del grupo a trabajar cooperativamente para alcanzar objetivos comunes. Y que las habilidades
conceptuales son la capacidad de trabajar con ideas y conceptos, ya que mientras las
habilidades técnicas se relacionan con las cosas y las habilidades humanas con las
personas, las habilidades conceptuales implican la capacidad de trabajar con ideas.
Por su parte, Yukl (1990) menciona que las habilidades se relacionan con la efectividad del liderazgo y señala
que las habilidades técnicas, conceptuales e interpersonales son necesarias para la
mayoría de los roles de liderazgo, pero que sin embargo la importancia relativa de
los tres tipos de habilidades varía mucho de situación a situación, que la combinación
óptima de habilidades específicas y la naturaleza de la pericia requerida por un líder
varían de un tipo de organización a otro y menciona algunas habilidades específicas
tales como habilidad analítica, persuasión, oratoria, memoria para los detalles, empatía,
tacto y magnetismo, y declara que estas habilidades probablemente son útiles para
las posiciones de liderazgo.
El trabajo de Yukl y Van Fleet (1992) define con mayor precisión las habilidades para un liderazgo eficaz y menciona que
las habilidades técnicas incluyen el conocimiento de productos y servicios, el conocimiento
de operaciones, procedimientos y equipo de trabajo y el conocimiento de los mercados,
clientes y competidores. Indica que las habilidades conceptuales incluyen la capacidad
para analizar eventos complejos y percibir tendencias, reconocer cambios, identificar
problemas y oportunidades, la habilidad para desarrollar soluciones creativas y prácticas
a los problemas, y para conceptualizar ideas complejas y usar modelos, teorías y analogías.
Señala que las habilidades interpersonales incluyen el entendimiento de procesos de
grupo e interpersonales, la capacidad de entender los sentimientos y actitudes de
la gente de los que dicen y hacen (empatía, sensibilidad social), capacidad de mantener
relaciones cooperativas con la gente (tacto, diplomacia, habilidad para resolver conflictos)
y capacidad de persuasión y comunicación oral. Agrega una cuarta categoría, la de
habilidades administrativas, referida a la capacidad para realizar funciones de administración
relevante tales como planear, delegar y supervisar.
Judge y Bono (2000) resumen las Cinco Grandes Características de la Personalidad, uno de los marcos más
frecuentemente utilizados para estudiar la relación entre las características personales
y el liderazgo en los siguientes términos: Estabilidad emocional, que es etiquetada
como lo opuesto al Neuroticismo, que es la tendencia a ser ansioso, temeroso, deprimido
y malhumorado; Escrupulosidad, que se compone de dos facetas principales: logro y
autodisciplina; Extroversión, que representa la tendencia a ser extrovertido, asertivo,
activo y buscador de emociones; Amabilidad, que consiste en tendencias a ser amable,
gentil, confiable, digno de confianza y afectuoso; y Apertura, que se refiere a la
experiencia y representa la tendencia a ser creativo, imaginativo, perspicaz y considerado.
Mediante la utilización de un test que sigue el modelo de los cinco factores, Judge et al. (2002) realizaron un metaanálisis sobre los rasgos que identifican al líder y hallaron correlaciones
entre liderazgo y estabilidad emocional de 0.24, entre liderazgo y extroversión de
0.31, entre liderazgo y apertura a la experiencia de 0.23, entre liderazgo y amabilidad
de 0.08 y entre liderazgo y escrupulosidad de 0.28, todas positivas, siendo la extroversión
la que tuvo mayor consistencia en su correlación con el liderazgo en todos los entornos
de estudio y criterios de liderazgo y en general una correlación de 0.48 para el modelo
de los cinco factores y el liderazgo, lo que indica un fuerte apoyo a la perspectiva
de los rasgos del líder cuando éstos se organizan según el modelo de cinco factores.
Por su parte, Pautt (2012) también señala en su metaanálisis que la personalidad del líder es uno de los principales
factores que gobiernan el liderazgo directivo dentro de las organizaciones y que los
estudios acerca de la Teoría de los Cinco Grandes Factores mencionan los rasgos que
caracterizan a los líderes y lo diferencian de los no líderes, los cuales están relacionados
principalmente con la inteligencia emocional y social, seguidos de la apertura a la
experiencia y la escrupulosidad.
Bennis y Nanus (2008) basaron su estudio en 90 entrevistas, 60 con directores ejecutivos de mucho éxito,
todos presidentes de corporaciones o de juntas de las mismas, y 30 con destacados
líderes del sector público, y encontraron cuatro temas, áreas de competencia o de
tipos de manejo de las destrezas humanas, que todos los 90 líderes personificaban,
y que denominaron como sigue: Estrategia I: atención mediante la visión, que se refiere
a que todos los entrevistados tenían una agenda, una preocupación sin paralelo por
los resultados y que sus visiones o intenciones imponían respeto y atraían a la gente
hacia ellos. Estrategia II: significado mediante la comunicación, que se refiere a
que no basta con creer en lo que soñamos o a tener agendas ricas y profundamente ordenadas,
ya que sin comunicación nada puede realizarse y que el éxito requiere proyectar la
imagen que produce a otros entusiasmo y sentimiento de compromiso. Estrategia III:
confianza mediante el posicionamiento, que se refiere a que confiamos en las personas
que son predecibles, cuyas posiciones se conocen y ellos las mantienen claramente,
y Estrategia IV: despliegue del yo mediante el auto concepto positivo que consta de
tres componentes principales: conocimiento de las fortalezas propias, capacidad para
nutrir y desarrollar esas fortalezas y capacidad para discernir el ajuste entre las
fortalezas y debilidades propias y las necesidades de la organización.
Respecto al tipo de liderazgo, Judge y Bono (2000) encuentran que el liderazgo transformacional se relaciona positivamente con la extroversión,
la amabilidad y la apertura a la experiencia, pero que ese efecto desaparece cuando
se controla la influencia de otras características; asimismo, que la inestabilidad
emocional y la escrupulosidad no se relacionan con el liderazgo transformacional o
carismático. Encuentran también que la extroversión y la apertura a la experiencia
se asocian con estilos de liderazgo de carácter transformacional1, mientras que la inteligencia y la estabilidad emocional se asocian a menudo con
estilos de liderazgo de tipo transaccional2.
En tanto que en la investigación de Kouzes y Posner (2013) el liderazgo no está predeterminado, no es un gen ni un rasgo y no hay pruebas contundentes
que respalden la afirmación de que el liderazgo está impreso en el material genético
de sólo algunos individuos, sino que hay líderes en cada ciudad y país, en cada función
y en cada organización; que el liderazgo no conoce límites raciales ni religiosos,
ni étnicos ni culturales y no es un código secreto que sólo ciertas personas pueden
descifrar; que no tiene nada que ver con la posición ni el estatus, sino con el comportamiento.
Asimismo, que es un conjunto observable de habilidades y capacidades útiles tanto
para quienes ocupan puestos ejecutivos como para quienes están en primera línea, en
Wall Street o en la calle, en su propio país o en cualquier otra parte del mundo.
Los autores anteriores señalan las cinco prácticas esenciales del Líder Ejemplar para
hacer que ocurran cosas extraordinarias en una organización: a) modelar el camino,
que significa clarificar valores al encontrar su voz y afirmar los valores compartidos,
que sean ejemplo de alineamiento de sus acciones con los valores compartidos; b) inspirar
una visión compartida, que significa visualizar el futuro imaginando posibilidades
apasionantes y ennoblecedoras que sumen a otros en una visión común, apelando a las
aspiraciones compartidas; c) desafiar el proceso, que significa tomar la iniciativa
para buscar oportunidades y formas innovadoras de mejorar, experimentar y tomar riesgos,
generando constantemente pequeños triunfos y aprendiendo de la experiencia; d) permitir
que otros actúen, que significa fomentar la colaboración generando confianza y facilitando
las relaciones, lo cual fortalece a los demás al aumentar la autodeterminación y el
desarrollo de la competencia; y e) alentar el corazón, que significa reconocer las
contribuciones mostrando aprecio por la excelencia individual y la celebración de
los valores y las victorias, creando un espíritu de comunidad.
Giraldo y Naranjo (2014) afirman que los primeros estudios de liderazgo se basaban en definir estructuras
sobre cómo se podía dirigir a la sociedad y en el análisis de los grandes líderes
de la historia mundial, identificando las características que los diferenciaban de
los demás, llegando a la conclusión de que los líderes nacían, no se hacían, y que
fue hasta el siglo XX que fue refutada esta hipótesis, ya que todos los tipos de liderazgo
que se presentan hoy en día pueden ser aprendidos, pues se trata de habilidades de
dirección, de influir sobre las personas, para conducirlas al logro de metas y objetivos
compartidos.
Por su parte, en un trabajo empírico, Musa et al. (2023) intentan explicar los determinantes del estilo de liderazgo a partir de las características
personales siguiendo el Modelo de los Cinco Grandes Factores y la cultura social utilizando
una muestra a propósito de 51 observaciones y la técnica de ecuaciones estructurales,
cuyos resultados indican un efecto estadísticamente no significativo para las características
personales y un efecto estadísticamente significativo para las de cultura social.
Asimismo, que las características personales son la personalidad, los valores, la
actitud hacia el trabajo y las experiencias de vida, mientras que las características
de cultura social incluyen las normas, los valores y las prácticas prevalecientes
en una sociedad u organización.
Por su lado, Goleman et al. (2002) señalan el poder de la inteligencia emocional por encima de las habilidades técnicas
en el liderazgo de una organización, además que éste puede estar en cualquier nivel
de la organización y que los intereses de los trabajadores están en sintonía y no
en alineamiento con los intereses de la organización y que el liderazgo puede ser
realizado a través de habilidades emocionales que son desarrolladas, mismas que son
listadas bajo cuatro categorías asociadas con dos dominios generales, habilidades
personales y habilidades sociales3.
2.3 Género y liderazgo
En el estudio de Rodríguez-Ponce et al. (2010) se busca identificar las diferencias en la eficacia del equipo y en los estilos de
liderazgo entre directivos intermedios de sexo masculino y los de sexo femenino, por
lo que trabajan con una muestra de 55 directivos intermedios, con un 40% de participación
femenina, de una gran empresa autónoma con patrimonio propio, cuyos resultados no
indican diferencia estadísticamente significativa en la eficacia del equipo considerando
si el equipo es dirigido por hombres o por mujeres. En cuanto al estilo de liderazgo.
Los liderazgos transformacional y transaccional sólo para las mujeres son significativos,
ya que para los hombres sólo es significativo el liderazgo transformacional.
Pautt y Contreras (2012) analizan la influencia de tres factores en el liderazgo: la personalidad del líder,
la percepción de los seguidores y la cultura organizacional, en los gerentes del sector
bancario de la ciudad de Cúcuta en los límites entre Colombia y Venezuela, encontrando
que hay mayor liderazgo transformador entre las mujeres que entre los hombres, ya
que mantienen contacto permanente con sus subordinados y esto les permite ampliar
el espectro de entendimiento y estímulo de los mismos.
En el trabajo de Lupano y Castro (2011) se analiza si existen diferencias en las Teorías Implícitas del Liderazgo (TILS)4 acerca del liderazgo masculino y femenino según su ámbito de desempeño (empresarial,
académico y político), con una participación de 50.3% varones y 49.7% mujeres). Sus
resultados muestran que no existen diferencias en las TILS acerca del liderazgo masculino
y femenino según el ámbito, pero sí existen diferencias por ámbito tomando las TILS
en conjunto.
Sánchez-Moreno et al. (2014), investigan las diferencias de liderazgo en la universidad según el género de los
gestores académicos, en cuanto al estilo de liderazgo (más emocional o más técnico),
las necesidades formativas y las bases de poder puestas en juego (principalmente su
capacidad para gestionar recursos), para lo cual se basaron en un cuestionario respondido
por 136 mujeres y 129 hombres. Sus resultados muestran sólo sutiles diferencias entre
los estilos de liderazgo y las necesidades formativas de ambos grupos.
En el trabajo de Díaz-Gómez (2020) se analiza la existencia de barreras para la inclusión y equidad de género para mujeres
que aspiran a desempeñarse como líderes, las cuales parten de estereotipos que califican
los estilos directivos de la mujer como comunales, que si bien fomentan el desarrollo
de relaciones interpersonales, también merman el cumplimiento de objetivos y el alto
desempeño de equipos de trabajo que responden a estilos gerenciales tradicionalmente
relacionados con el género masculino. Señalan la existencia de estudios empíricos
desarrollados con base en la teoría de liderazgo transformacional que desmienten la
diferencia de actuaciones entre mujeres y hombres en puestos de liderazgo.
En el estudio de Zuluaga y Moncayo (2014) a través de una revisión bibliográfica se exploran desde una perspectiva global los
avances alcanzados sobre el acceso de las mujeres a cargos de administración educativa.
Entre sus resultados plantean diversas perspectivas sobre los obstáculos internos
y externos que reproducen la discriminación de ámbitos tradicionalmente masculinos,
el planteamiento de tácticas que han permitido a mujeres superar esas barreras, y
el ejercicio del liderazgo femenino en la administración educativa.
Bueno (2016) realiza un trabajo bajo dos modalidades de investigación cualitativa, la observación
participante en la modalidad de “taller” y también de grupo de discusión, con las
cuales fue posible hacer visibles los retos y obstáculos que han enfrentado diferentes
mujeres psicoanalistas mexicanas que han ejercido funciones de liderazgo en instituciones.
Con un enfoque de género estudió la condición de marginación de la mujer, los criterios
de igualdad entre los géneros, los valores atribuidos al empoderamiento femenino y
los modos de ejercicio del poder y a partir de teorías psicoanalíticas estudió la
construcción de subjetividades femeninas en estas nuevas condiciones. Sus resultados
muestran que, si bien ha habido cambios significativos, también sigue estando presente
la inequidad entre los géneros en todos los ámbitos, pero que se refleja con mayor
precisión en el ámbito laboral.
3 Metodología
Este apartado se compone de dos subapartados, siendo el primero, referente a la descripción
del cuestionario y el análisis de componentes principales, y el segundo, referente
al modelo probabilístico de liderazgo.
3.1 Cuestionario y análisis de componentes principales
El cuestionario fue diseñado por expertos y consta de 55 ítems dirigidos a captar
información acerca de las habilidades de liderazgo en la muestra de 312 estudiantes
de los cuatrimestres tercero, quinto y octavo de una universidad pública del estado
de Puebla. La información fue obtenida electrónicamente a través de la aplicación
Google Forms a una población de 942 estudiantes, que incluyó a la totalidad de los
estudiantes de la universidad que se encontraban presentes en las aulas en el momento
de la encuesta realizada en 2022, y cuyos resultados fueron capturados en una base
de datos de Excel. Cabe señalar que antes del análisis realizado en el presente artículo,
la base fue depurada quedando sólo las observaciones cuyas respuestas se encontraban
completas, por lo que la muestra se redujo a sólo 312 elementos.
La encuesta consta de nueve secciones las cuales son: 1) resolución de problemas,
2) liderar a otros, 3) autogestión, 4) optimismo, 5) apertura, 6) colaboración, 7)
influencia, 8) compromiso y 9) habilidad social. Las preguntas que se incluyen en
cada sección se muestran en la Tabla A1 del apéndice.
Las respuestas del cuestionario fueron medidas en escala Likert, en la que 1 corresponde
a totalmente en desacuerdo, 2 en desacuerdo, 3 algo en desacuerdo, 4 un poco de acuerdo,
5 de acuerdo y 6 totalmente de acuerdo. Con base en estas respuestas se construyó
un índice de liderazgo que permitiera medir la influencia de las habilidades cognitivas
y sociales de los encuestados sobre el liderazgo.
Para formar el índice de liderazgo se utilizaron las 55 preguntas. Se aplicó la prueba
Kaiser-Meyer-Olkin [KMO] (Kaiser y Rice, 1974) la cual mostró un índice de 0.97, lo cual indica que es adecuado aplicar la metodología
de componentes principales. Se detectaron cinco componentes significativos que pueden
explicar alrededor del 72% de la varianza acumulada. Solamente se usó el primer componente
para obtener el índice de liderazgo, pues se encontraron cargas relativamente altas
de preguntas correspondientes a las 9 secciones del cuestionario para el primer componente,
en tanto que para los otros cuatro componentes se encontraron cargas relativamente
significativas en solamente algunos de los componentes de las nueve secciones del
cuestionario. La varianza explicada por el primer componente es del 58%. Utilizando
los coeficientes del primer componente para cada variable, se calcula el índice de
liderazgo. Una tabla con los coeficientes para cada variable del primer componente
se encuentra disponible por parte de los autores para aquellos lectores interesados.
Con el índice generado por el primer componente, se procedió a clasificar los datos
en tres categorías: 1) liderazgo muy alto, definido para los individuos con un índice
de liderazgo ubicado a más de una desviación estándar superior al promedio y el cual
incluye al 13% de la muestra; 2) liderazgo medio, definido para individuos con un
índice de liderazgo entre media y una desviación estándar, la cual incluye al 14%
de la muestra; y 3) liderazgo bajo, definido por aquéllos con liderazgo por debajo
de media desviación estándar, lo cual incluye al 73% de la muestra. Cabe aclarar que
para realizar la estimación se fusionaron en un solo grupo los individuos que se encuentran
en las categorías 1 y 2, lo cual incluye al 27% de la muestra.
Con las subsecciones del cuestionario, se realizaron análisis exploratorios para definir
índices a partir de las preguntas que no son identificadas explícitamente como “liderar
a otros” en el cuestionario. Eso generó un índice que llamamos “habilidades sociales
y emocionales” (IHSE), el cual quedó integrado por las preguntas de las subsecciones
“autogestión”, “optimismo”, “apertura”, “colaboración”, “compromiso” y “habilidad
social”. Análisis exploratorios mostraron que al unir estas diferentes preguntas reducíamos
la multicolinealidad al momento de hacer los análisis Probit posteriores. El índice
KMO de estas variables es de 0.96. (vea las variables incluidas en este subíndice
en la Tabla A1, apéndice). Por la misma razón, se consideraron dos subíndices más: el segundo, integrado
por el módulo “resolución de problemas” (IRP), el cual tiene un KMO de 0.93 y al cual
interpretamos como una medición de las habilidades cognitivas de los entrevistados
(véanse las variables incluidas en este subíndice en la Tabla A1 en el apéndice); el tercero se integró por la subsección “influencia” sobre otras
personas (IIP), la cual realiza preguntas sobre si al entrevistado le gusta influenciar
a otros y en la cual se obtuvo un KMO de 0.85 (véanse las variables incluidas en este
subíndice en la Tabla A1) . En los tres casos, se estimaron índices usando solamente el primer componente.
En cada uno de los casos, se usaron los coeficientes del primer componente para construir
los subíndices. Es importante mencionar que todos los índices se estandarizaron a
tener media cero y varianza uno.
La explicación de por qué utilizamos estos componentes para explicar el liderazgo,
se basa en autores como Northouse (2007), Katz (1955), Yukl (1990), Kouzes y Posner (2013) y Goleman et al. (2013), entre otros, quienes señalan la importancia de las habilidades en la definición
del liderazgo.
3.2 Modelo probabilístico de liderazgo
Una vez estimados los distintos índices mencionados en la sección anterior, se procedió
a plantear un modelo Probit para determinar los factores que explican la probabilidad
de que el estudiante tenga un nivel de liderazgo superior a valores medios de liderazgo
(categorías 1 y 2 del índice de liderazgo). En este caso, el modelo Probit consiste
en definir la función de probabilidad para la variable binaria , donde si el individuo
tiene un nivel superior a por lo menos media desviación estándar por encima del promedio
de liderazgo. Así, el modelo de probabilidad condicional es definido de acuerdo con
la siguiente ecuación, con base en Greene (2018):
Φ(.) es la función de probabilidad acumulada de la normal estándar.
Otras variables que también se incluyeron como explicativas en el modelo Probit fueron
la edad, una dummy para la cohorte 17 a 19, una dummy para la cohorte 20 a 22 (la edad de comparación son todos los alumnos de 23 años
en adelante). Estas dummies de cohorte se incluyeron por dos razones: a) análisis aic y bic muestran que al usar
las dummies de edad se mejora el modelo en comparación al usar únicamente la edad de manera continua;
b) dado que se trata de liderazgo autopercibido, i.e. la concepción que un individuo tiene de sí mismo, no sólo depende de su propia personalidad,
sino también del entorno en el que se desempeña (Felson, 1993) y la influencia de otros se reduce con la edad. De igual modo, se incluyó en la
ecuación una variable binaria (Mujer) para captar diferencias por género, la cual
toma el valor 1 si se trata de una estudiante mujer; así también se incluyeron variables
de interacción de la variable mujer con cada uno de los índices. Una variable que
capta el cuestionario es la carrera que los alumnos estudian. Sin embargo, la muestra
por carrera resultó muy pequeña; aún si se agregan los datos entre los que estudian
carreras del área de negocios y el resto, se tiene que la variable resultante es muy
colineal con las otras variables seleccionadas, por lo que se decidió eliminar del
análisis dicha variable. En la sección de resultados se explica el modelo elegido.
Cabe señalar sin embargo una de las limitantes de este trabajo, que consiste en que
se basa en la autopercepción o autoreporte acerca del liderazgo por parte de los encuestados,
lo que limita su comparación con otros estudios relacionados.
4. Resultados
La Tabla 1 muestra los valores promedio de las variables utilizadas en el estudio. Los índices
de habilidades sociales, cognitivas y de influencia se estandarizaron, por lo que
su media es cero y su varianza 1. La Tabla 1 muestra que, si bien el promedio de los tres tipos de habilidades es negativo para
hombres y positivo para mujeres, también las diferencias en los índices no son estadísticamente
significativas. La edad promedio de la muestra es de 20 años y si bien el promedio
para hombres es ligeramente superior, dicha diferencia no es estadísticamente significativa.
En el caso de la proporción de estudiantes que cursan carreras en negocios, en la
muestra completa es el 49%, mientras que para mujeres es del 68% y para los hombres
es del 26%. La diferencia es estadísticamente significativa al 1%. Finalmente, la
Tabla 1 muestra que el porcentaje de la población que tiene un nivel de liderazgo medio o
superior es del 27%. Para los hombres el porcentaje es 29% y para las mujeres es 25%.
Sin embargo, la diferencia no es estadísticamente significativa.
Tabla 1
Promedios de variables utilizadas, hombres y mujeres
|
|
Muestra completa
|
Hombres
|
Mujeres
|
Diferencia significativa
|
|
Habilidades sociales
|
0.00
|
-0.08
|
0.06
|
No
|
|
|
[1.00]
|
[1.09]
|
[0.92]
|
|
|
Habilidades influencia
|
0.00
|
-0.05
|
0.04
|
No
|
|
|
[1.00]
|
[1.14]
|
[0.87]
|
|
|
Habilidades cognitivas
|
0.00
|
-0.05
|
0.04
|
No
|
|
|
[1.00]
|
[1.13]
|
[0.88]
|
|
|
Edad
|
20.22
|
20.34
|
20.13
|
No
|
|
|
[2.56]
|
[2.77]
|
[2.38]
|
|
|
Cohorte 17-19
|
.38
|
.36
|
.40
|
No
|
|
|
[.48]
|
[.48]
|
[.49]
|
|
|
Cohorte 20-22
|
.50
|
.47
|
.52
|
No
|
|
|
[.50]
|
[.50]
|
[.50]
|
|
|
Carrera de Negocios
|
0.49
|
0.26
|
0.68
|
Si*** |
|
|
[0.50]
|
[0.44]
|
[0.47]
|
|
|
Mujer
|
0.54
|
Na
|
Na
|
|
|
|
[0.50]
|
|
|
|
|
Nivel medio de liderazgo o más
|
0.27
|
0.29
|
0.25
|
No
|
|
|
[0.44]
|
[0.46]
|
[0.44]
|
|
No fue posible estimar el modelo con todas las variables por problemas de multicolinealidad.
Esto obligó a que se estimaran diferentes versiones del modelo ya no con tres subíndices,
sino solamente con dos subíndices. La especificación que se eligió fue la especificación
con el menor valor del criterio de información de Akaike, pues se ha encontrado que
puede generar una selección de modelos mejor que el criterio de información Bayesiano
(Vrieze, 2012). Dentro de las especificaciones estudiadas, se probaron los tres modelos que podían
formarse usando solamente dos subíndices.
La especificación utilizada es la siguiente:
Donde:
Análisis exploratorios también mostraron la conveniencia de utilizar la estimación
de un Probit heterocedástico (Greene, 2018) debido a la existencia de heterocedasticidad en los datos, la cual se identificó
que está asociada a los valores del índice de liderazgo y a la edad de los individuos.5 En específico, diferentes análisis exploratorios mostraron que al usar una función
exponencial de la suma de la edad y el índice de liderazgo, dividida por el cuadrado
del índice de liderazgo, se resuelve el problema de heterocedasticidad. Los resultados
del test de Wald de heterocedasticidad se muestran en la Tabla 2. Dicho test prueba que el conjunto de parámetros incluidos en el Probit con heterocedasticidad
es estadísticamente significativo. El modelo elegido tiene una buena bondad de ajuste
de acuerdo con el test de Hosmer-Lemeshow. Para elegir el mejor modelo se usaron los
criterios de AIC y BIC, eligiéndose el modelo con el mínimo AIC y BIC. Estos tests
se muestran al final de la Tabla 2. También se realizaron pruebas para analizar la capacidad de predicción del modelo
estimado y se encontró que 99% de las observaciones se clasificaron correctamente.6 Mayores detalles pueden darse a aquéllos interesados por los autores del estudio.7
Tabla 2
Modelo Probit heterocedástico
|
|
Coeficiente
|
Efecto Marginal
|
|
Mujer
|
0.10*** |
0.002*** |
|
|
[0.001]
|
[2.25E-05]
|
|
IHSE
|
2.90*** |
0.04*** |
|
|
[0.005]
|
[2.70E-05]
|
|
IRP
|
0.64*** |
0.01*** |
|
|
[0.002]
|
[1.51E-05]
|
|
Mujer*IHSE
|
-0.70*** |
-0.01*** |
|
|
[0.003]
|
[3.69E-05]
|
|
Mujer*IRP
|
0.66*** |
0.01*** |
|
|
[0.002]
|
[2.28E-05]
|
|
Edad
|
-0.018*** |
-2.06E-04*** |
|
|
[0.0001]
|
[9.68E-07]
|
|
Cohorte 17-19
|
-0.07*** |
-0.001***v
|
|
|
[0.001]
|
[2.01E-05]
|
|
Cohorte 20-22
|
-0.18*** |
-0.003*** |
|
|
[0.001]
|
[1.77E-05]
|
|
Constante
|
-0.80*** |
Na
|
|
|
[0.003]
|
Na
|
|
AIC
|
4.76E+06
|
|
|
BIC
|
4.76E+06
|
|
|
Hosmer-Lemeshow [Chi2( 3)]
|
1.07
|
|
|
Wald test de heterocedasticidad [Chi2( 2)]
|
2.0 E+07
|
|
|
Pseudo R2 |
.98
|
|
El primer resultado que emerge de la Tabla 2 es que las habilidades sociales son importantes para el liderazgo. Recordando que
los índices están estandarizados, un aumento de una desviación estándar en el índice
de habilidades sociales aumenta en 0.04% la probabilidad de tener un nivel de liderazgo
medio o superior entre hombres, en tanto que para mujeres el efecto es 0.03%, manteniendo
constantes otros factores La diferencia es estadísticamente significativa, por lo
que se puede afirmar que las habilidades sociales tienen un mayor impacto para los
hombres.
El segundo resultado que sobresale de la Tabla 2 es que las habilidades cognitivas también son estadísticamente significativas. Un
aumento de una desviación estándar en el índice de habilidades cognitivas aumenta
en 0.01% la probabilidad de tener un índice medio o alto de liderazgo para los hombres,
en tanto que, para las mujeres, el aumento es 0.02%, manteniendo constante otros factores
La diferencia con los hombres es estadísticamente significativa.
Si sumamos únicamente los efectos marginales de las habilidades cognitivas y sociales
para hombres, tenemos que hay un aumento del 0.05% en la probabilidad de tener un
índice medio o alto de liderazgo para hombres, en tanto que para las mujeres, la agregación
de ambos efectos genera un resultado similar. Es decir, son muy pequeñas las diferencias
entre hombres y mujeres en los efectos marginales de las habilidades sociales y cognitivas.
En general, manteniendo todos los factores constantes, el diferencial entre mujeres
y hombres en la probabilidad de tener un valor medio o superior de liderazgo es positivo
e igual a 0.002%, por lo que en términos prácticos podemos decir que no hay diferencias
entre hombres y mujeres.
El anterior resultado resalta que existe para las mujeres un trade off entre habilidades sociales y cognitivas, porque si bien las primeras tienen mayor
peso para los hombres, las mujeres lo compensan con un mayor peso para las habilidades
cognitivas. Al final, hombres y mujeres muestran probabilidades similares de autopercepción
de liderazgo.
La encuesta no nos permite analizar qué explica las diferencias encontradas entre
hombres y mujeres en las contribuciones marginales de las habilidades sociales y cognitivas.
Más allá de las preguntas de liderazgo y de los controles demográficos básicos, no
se incluyó más información en las encuestas. Una explicación a dicho fenómeno se deja
para estudios futuros. Sin embargo, tomando en consideración que el estudio se basa
en el análisis de la autopercepción sobre el liderazgo y no de un liderazgo medido
en acciones ejercidas en puestos de ese tipo, podemos concluir que las diferencias
existentes en percepciones de liderazgo pueden ser el reflejo de las limitantes estructurales
que existen en la sociedad, originadas en la educación en el hogar y en la escuela,
así como en los ambientes donde hombres y mujeres se han formado, en el sentido mencionado
por Zuluaga y Moncayo (2014), así como por Bueno (2016), mismas que se refieren a la forma en la que las inequidades y desigualdades entre
hombres y mujeres pueden moldear diferencias en estilos de liderazgo autopercibido.
Sin embargo, lo anterior no implica que haya diferencias en estilos de liderazgo entre
hombres y mujeres; en la encuesta no existen preguntas sobre cómo los demás perciben
a los individuos encuestados, ni se tiene una muestra de personas ocupando puestos
de liderazgo.
La Tabla 2 también muestra que los efectos de la edad y de las cohortes es significativo y negativo.
Sin embargo, el efecto marginal de la edad es muy pequeño, igual al -0.0002%, en tanto
que los efectos de las cohortes también son menores al 0.01%.
Discusión de resultados
Comparando los resultados obtenidos en este estudio con los hallazgos de otros autores
acerca del tema, podemos señalar que los encontrados en éste, referentes a la influencia
de las habilidades cognitivas y sociales de los encuestados sobre el liderazgo, concuerdan
con los resultados presentados en los estudios de Goleman et al. (2002), Judge y Bono (2000), Musa et al. (2023), Kouzes y Posner (2013), Northouse (2007), Katz (1955), Yukl (1990), Yukl y Van Fleet (1992), Judge et al. (2002), Pautt (2012) y Bennis y Nanus (2008).
El resultado obtenido en este estudio respecto de la mayor influencia de las habilidades
sociales que de las habilidades cognitivas de los encuestados sobre el liderazgo,
concuerda con los resultados obtenidos en otros estudios como los de Goleman et al. (2002), Musa et al. (2023), Kouzes y Posner (2013), Judge y Bono (2000), Judge et al. (2002) y Bennis y Nanus (2008).
En cuanto al resultado encontrado en este estudio acerca del nivel ligeramente mayor
de liderazgo autopercibido en mujeres que en hombres, nuestros resultados concuerdan
con los obtenidos en los trabajos de Pautt y Contreras (2012), Rodríguez-Ponce et al. (2010), Lupano y Castro (2011) y Sánchez-Moreno et al. (2014), en el sentido de que la diferencia en liderazgo entre hombres y mujeres es pequeña.
Sin embargo, el hecho de que para los hombres las habilidades sociales tengan una
mayor influencia y que para las mujeres las habilidades cognitivas tengan una mayor
influencia, refleja que hay diferencias entre hombres y mujeres en la forma en que
perciben su liderazgo, aún si las diferencias agregadas totales sean pequeñas. Si
bien no tenemos forma de conocer qué explica dicho resultado, este dato es congruente
con los resultados de Zuluaga y Moncayo (2014), así como de Bueno (2016), quienes mencionan que existen inequidades entre hombres y mujeres que terminan por
reducir la autopercepción de las mujeres como líderes. Nuestro estudio parece matizar
esta discusión al mostrar que en términos de habilidades sociales eso es correcto,
pero a la par nos permite inferir que las mujeres lo compensan a través de sus habilidades
cognitivas. Esto implica que los programas de liderazgo en las universidades deben
tener perspectiva de género para ayudar a las mujeres a reducir las diferentes inequidades
que enfrentan en la sociedad y aumentar su autopercepción como líderes.
5. Conclusiones
En este trabajo se presenta evidencia de la importancia que tienen las habilidades
de los encuestados para explicar la autopercepción de liderazgo, a través de la aplicación
de una encuesta a estudiantes de una universidad del estado de Puebla. Estas habilidades
fueron divididas en habilidades cognitivas, habilidades sociales y habilidades de
influencia.
Para ello se construyó con las preguntas de la encuesta un Índice de Liderazgo; asimismo,
con las preguntas de las subsecciones de la encuesta se construyeron un índice de
habilidades cognitivas y un índice de habilidades sociales, que permitieran evaluar
la influencia de las habilidades cognitivas y sociales de los encuestados sobre el
liderazgo. Adicionalmente se analizó la influencia de la variable género de los encuestados
sobre el liderazgo.
El primer resultado obtenido es que las habilidades sociales aumentan la probabilidad
de mostrar un índice medio o superior de liderazgo en un 0.04% para hombres y en un
0.03% para mujeres. El segundo resultado es que las habilidades cognitivas aumentan
la probabilidad de mostrar un índice medio o superior de liderazgo en 0.01% para hombres
y en 0.02% para mujeres. Ambas diferencias son estadísticamente significativas.
El tercer resultado es que las diferencias agregadas entre hombres y mujeres son muy
pequeñas, apenas del 0.002% a favor de las mujeres. Esto parece indicarnos que existe
un trade off para las mujeres: las habilidades sociales influyen menos en su percepción de liderazgo,
pero lo compensan con sus habilidades cognitivas.
Una implicación directa del estudio es que es importante implementar la perspectiva
de género en los planes de estudio de la universidad estudiada, con el fin de mejorar
entre las mujeres la autopercepción como líderes.
Cabe señalar que la generalización de los resultados hallados en este estudio debe
realizarse con cuidado, ya que el fenómeno en estudio, que es el liderazgo, es analizado
en un entorno estudiantil específico, que es el que corresponde a un municipio con
características más parecidas al de un entorno rural que al de un entorno urbano.
Sin embargo, es importante mencionar que los resultados abren la puerta a estudios
adicionales para comprender la autopercepción como líder en universidades públicas
y particularmente las diferencias en dichas percepciones entre hombres y mujeres.