1 Introducción
El programa Producción para el Bienestar (PpB) es una de las principales intervenciones del gobierno mexicano para apoyar
a pequeños y medianos productores agrícolas, un sector especialmente vulnerable en
zonas rurales. Actualmente, el programa beneficia a aproximadamente 1.8 millones de
productores de granos, café, caña de azúcar, cacao, miel y otros productos prioritarios,
mediante transferencias monetarias anuales que oscilan entre $6,000 y $24,000 pesos,
dependiendo del tamaño de sus parcelas (SADER, 2025; Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, 2023).
Implementado en 2019, PpB se basó inicialmente en los padrones de beneficiarios del
programa PROAGRO Productivo y del Programa de Apoyo a Productores de Maíz y Frijol
(PIMAF) (CONEVAL, 2020). Sin embargo, PpB introdujo cambios relevantes, como la concentración en pequeños
y medianos productores, la entrega directa de recursos mediante tarjetas bancarias
para reducir intermediarios y la incorporación de un componente de asistencia técnica
orientado a la transición agroecológica (Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, 2019; Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, 2020).
El PpB se concibe como un mecanismo para fortalecer la seguridad alimentaria en comunidades
rurales, especialmente aquellas con alta dependencia del autoconsumo (Bartra, 1982; Robles y García, 1994; Fox y Haight, 2010). Este estudio explora el impacto del PpB en diversos indicadores de seguridad alimentaria,
evaluando si el incremento en la productividad agrícola derivado del programa se traduce
en mejoras en el bienestar alimentario de los beneficiarios.
La seguridad alimentaria se define como el acceso físico, social y económico a alimentos
suficientes, seguros y nutritivos que satisfacen las necesidades dietéticas y preferencias
alimenticias (Mundo et al., 2021). En este sentido, PpB tiene potencial para incidir en la seguridad alimentaria a
través del aumento en la disponibilidad de alimentos, ya sea por mayor producción
para autoconsumo o por ingresos adicionales derivados de la comercialización de excedentes.
El presente análisis utiliza datos de la ENIGH 2022, que permite identificar hogares beneficiarios del PpB e incluye indicadores clave
de seguridad alimentaria como el gasto en alimentos, la escala de seguridad alimentaria
y la escala de variedad de dieta del Programa Mundial de Alimentos, adoptadas en la
medición multidimensional de la pobreza en México (CONEVAL, 2019b; INEGI, 2023). Dado que la ENIGH es una encuesta con representatividad a nivel nacional, entidad
federativa, así como para áreas rurales y urbanas (INEGI, 2023), no está diseñada específicamente para evaluar programas sociales, presenta limitaciones
metodológicas, como el reducido tamaño muestral de beneficiarios del PpB e información
insuficiente sobre características productivas detalladas.1 Para mitigar estos problemas, se emplea el método de pareamiento por puntaje de propensión,
que permite comparar hogares beneficiarios y no beneficiarios con características
observables similares. Si bien esta técnica no controla por completo factores no observables
(como ubicación exacta o condiciones agrícolas específicas), representa una aproximación
inicial para estimar los efectos del programa.
Los resultados indican que, pese a enfrentar mayores desventajas estructurales y menores
ingresos promedio, los hogares beneficiarios del PpB presentan un mayor gasto en alimentos
básicos como leche y derivados, y en algunos casos en frutas frescas. Sin embargo,
también se observa una mayor incidencia de episodios severos de inseguridad alimentaria
y dietas poco variadas. Esto sugiere que las transferencias monetarias del PpB no
son suficientes por sí solas para prevenir la inseguridad alimentaria severa y que
ciertos grupos de beneficiarios podrían ser más vulnerables a esta condición.
Evaluar el impacto del PpB en seguridad alimentaria resulta crucial para mejorar el
diseño e implementación del programa, optimizar el uso de recursos públicos y asegurar
que los apoyos lleguen de forma efectiva a los productores más vulnerables. Asimismo,
estos hallazgos aportan información relevante para contribuir al cumplimiento del
Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 (ODS 2), que busca poner fin al hambre y garantizar
la seguridad alimentaria a nivel global.
2. Revisión de literatura
El análisis de la relación entre programas de apoyo a productores rurales y la seguridad
alimentaria ha sido ampliamente estudiado. En México, dos programas destacados son
el Programa de Educación, Salud y Alimentación (PROGRESA) y el Programa de Apoyos
Directos al Campo (PROCAMPO), implementados tras la apertura comercial del país a
finales del siglo XX. Aunque sus objetivos diferían, ambos apoyaron a poblaciones
rurales vulnerables.
Estudios iniciales, como el de Sadoulet et al. (2001), destacaron el efecto multiplicador de las transferencias de PROCAMPO, que generaron
ingresos adicionales (entre 1.5 y 2.6 veces el monto inicial), especialmente en hogares
con predios medianos y en regiones no indígenas. Estos resultados sugieren que las
transferencias ayudaron a superar restricciones de liquidez, mejorando así la seguridad
alimentaria mediante mayores ingresos agrícolas.
Por su parte, Davis et al. (2002) analizaron las diferencias por género en los efectos de PROGRESA y PROCAMPO. Encontraron
que PROGRESA, al dirigir recursos a mujeres, incrementó más eficazmente el consumo
alimentario, mientras que las transferencias a hombres a través de PROCAMPO favorecieron
inversiones productivas cuyos efectos alimentarios no fueron inmediatos. Estudios
posteriores (Davis et al., 2005) confirmaron que PROGRESA mejoró rápidamente el consumo alimentario y el capital
humano2, mientras que PROCAMPO incentivó inversiones agrícolas de largo plazo.
Ruiz-Arranz et al. (2006) compararon ambos programas y hallaron que, si bien ambos incrementaron el consumo
total de alimentos, PROGRESA lo hizo mediante compras directas, mientras que PROCAMPO
lo logró impulsando la producción doméstica. Esto subraya que el diseño del programa
debe alinearse con objetivos específicos, como mejorar la diversidad alimentaria o
fortalecer la producción agrícola. En el caso de PROCAMPO, García-Salazar et al. (2011) destacaron su impacto positivo en la producción de maíz, reduciendo la dependencia
de importaciones y generando beneficios económicos superiores a sus costos.
A nivel internacional, Ambler et al. (2020) analizaron en Senegal la combinación de asesoramiento agrícola con transferencias
monetarias, encontrando que los agricultores beneficiarios aumentaron significativamente
su producción y mejoraron su seguridad alimentaria, efectos que perduraron hasta dos
años tras la intervención. En Malawi, Daidone et al. (2017) evaluaron el impacto conjunto del Programa de Transferencia Social de Efectivo (SCTP)
y el Programa de Subsidios a Insumos Agrícolas (FISP), observando mejoras sustanciales
en el gasto alimentario, la educación y la salud, especialmente en hogares encabezados
por mujeres o afectados por enfermedades como VIH/SIDA.
Mostafavi-Dehzooei y Heshmatpour (2021) examinaron cómo las transferencias monetarias influyen en decisiones agrícolas en
Africa Sub-Saharania. Identificaron un mayor uso de pesticidas y una creciente disposición
a invertir en actividades productivas en lugar de destinar los recursos a consumo
inmediato, reflejando mejoras potenciales en la productividad agrícola y la seguridad
alimentaria.
Estos estudios resaltan elementos clave para optimizar programas de apoyo a productores
rurales: la focalización en mujeres y grupos vulnerables, la combinación con asesoría
técnica y subsidios agrícolas, y la flexibilidad en el uso de recursos. Sin embargo,
en el caso de PpB, estos elementos están ausentes o limitados a un subconjunto que
recibe asistencia técnica. Además, el monto reducido de las transferencias podría
limitar su impacto en la seguridad alimentaria, lo que requiere evaluaciones adicionales
para comprender mejor sus efectos potenciales.
Estudios recientes han aportado nueva evidencia sobre estos temas. Islas (2023, 2024) encuentra que las transferencias de PpB se concentran en municipios con nivel medio
y alto de desarrollo humano, y que únicamente en municipios con bajo desarrollo humano
se observa un efecto positivo y significativo bajo una especificación cuadrática.
Esto implica que los efectos de las transferencias no son lineales, y que hay rendimientos
crecientes en contextos más vulnerables, lo que sugiere la necesidad de enfoques diferenciados
según el grado de desarrollo. Esta conclusión se refuerza con la evidencia de que
el modelo teórico de equilibrio del sector agrícola favorece la inversión pública
en bienes públicos frente a transferencias directas de corto plazo.
Desde un enfoque cualitativo, Hernández et al. (2023) documentan, a partir de trabajo etnográfico, cómo el programa Proagro ha transitado
de un instrumento de fomento a la producción hacia un mecanismo de garantía de ingreso
o pago de deudas, revelando tensiones entre el diseño oficial del programa y su implementación
real. Este desfase pone en evidencia la importancia de comprender las percepciones
de los beneficiarios y los operadores del programa en el territorio.
A nivel internacional, el estudio de MEF & FIDA (2024) sobre el programa AGROIDEAS en Perú muestra que la provisión de incentivos para adopción
tecnológica y fortalecimiento organizativo puede tener efectos positivos sobre los
ingresos por cuenta propia (incremento del 31%), aunque con impactos limitados en
otras fuentes de ingreso. El programa también mostró una reducción del 9% en la Escala
de Experiencias de Inseguridad Alimentaria (FIES, por sus siglas en inglés) (Cafiero et al., 2018; Saint Ville et al., 2019), indicando mejoras en la seguridad alimentaria de los hogares beneficiarios, aunque
los resultados no son robustos a todas las especificaciones econométricas.
Finalmente, RIMISP (2025) estudia el Programa Mujeres Rurales, el cual combina inversión productiva y formación
para emprendimientos agrícolas y artesanales. Los resultados cualitativos reportan
mejoras en autoconsumo (particularmente en hortalizas, viveros y aves de corral) y
una percepción generalizada de mejora económica. Además, el 68.1% de las participantes
incrementaron su ingreso bruto por ventas, lo que resalta el potencial de enfoques
integrales con perspectiva de género.
3. Metodología
La evaluación de impacto busca identificar de forma precisa los efectos atribuibles
a un programa o intervención, distinguiéndolos de otros factores externos que puedan
influir en los resultados. Esto requiere estimar el cambio observado que puede ser
directamente asignado al programa, diferenciándolo de resultados derivados de otras
influencias. El problema fundamental en la evaluación de impacto radica en la imposibilidad
de observar simultáneamente a una misma unidad en dos escenarios: con y sin la intervención
(Rubin, 1974; Rosenbaum y Rubin, 1983).
Para resolver este problema, se recurre a métodos basados en la construcción de un
contrafactual, es decir, una estimación del resultado que habría experimentado el
grupo beneficiario en ausencia del programa. Este contrafactual se genera mediante
un “grupo de control” conformado por individuos que no participaron en el programa
pero que comparten características observables (y potencialmente no observables) con
el grupo tratado. Estos métodos se sustentan en el marco conceptual de resultados
potenciales (Rubin, 1974), donde cada individuo puede tener dos resultados posibles: uno si recibe el tratamiento
y otro si no lo recibe. Dado que solo se observa uno de estos resultados, se utiliza
el grupo de control para estimar el resultado no observado.
El método más robusto para estimar el impacto causal es el ensayo aleatorio controlado
(RCT, por sus siglas en inglés). En un RCT, las unidades de análisis se asignan aleatoriamente
a un grupo tratado (que recibe la intervención) o a un grupo control (que no recibe
el tratamiento). La aleatorización asegura que ambos grupos sean estadísticamente
equivalentes en sus características observables y no observables, lo que permite atribuir
las diferencias observadas exclusivamente al efecto del programa. Sin embargo, las
restricciones éticas, logísticas o políticas limitan frecuentemente la implementación
de RCT en programas sociales de gran escala.
Cuando los RCT no son viables, se recurre a métodos cuasiexperimentales como el pareamiento
por puntaje de propensión (PSM, por sus siglas en inglés) (Rosenbaum y Rubin, 1983). El PSM es una técnica no paramétrica utilizada para estimar efectos causales a
partir de datos observacionales. Su fundamento es la reducción del sesgo de selección
al construir un grupo de comparación que sea estadísticamente similar al grupo tratado
en términos de características observadas de la muestra de análisis. El puntaje de
propensión se define como la probabilidad condicional de recibir el tratamiento dado
un vector de covariables pretratamiento X:
donde
indica la asignación al tratamiento. Una vez estimado e(X) mediante un modelo probabilístico (usualmente logit o probit), cada unidad tratada
se empareja con una o más unidades no tratadas con puntajes similares, a partir de
criterios como vecino más cercano, caliper, kernel, entre otros (para más detalles,
ver Huntington-Klein, 2021).
En nuestro caso, dado que el interés es en conocer si los beneficiarios de PpB tienen
impactos en su seguridad alimentaria, nos centraremos en el efecto promedio del tratamiento sobre los tratados (ATET), el cual se estima como la diferencia promedio entre el resultado observado
en las unidades tratadas y el resultado contrafactual estimado a partir de sus pares
no tratados:
donde N1 es el número de unidades tratadas, c(i) representa el conjunto de controles emparejados con la unidad tratada i, y wij son los pesos que reflejan la similitud del puntaje de propensión entre las unidades.
La validez del estimador requiere dos supuestos principales: a) independencia condicional
(unconfoundedness), es decir, que la recepción del tratamiento es independiente del resultado potencial
una vez consideradas las características X; y, b) soporte común, que existen unidades tratadas y no tratadas con valores comparables
de e(X).
Aunque el PSM es ampliamente utilizado, enfrenta limitaciones importantes, ya que
su validez depende de la correcta especificación del modelo de puntaje de propensión
y de la disponibilidad de variables observables relevantes. Factores no observables,
como habilidades productivas, motivación o calidad del suelo, pueden introducir sesgos
que distorsionen la estimación del impacto (Huntington-Klein, 2021; Cunningham, 2021).
En este estudio, se emplea el PSM para evaluar el impacto del programa Producción
para el Bienestar (PpB) en indicadores de seguridad alimentaria. El primer paso consiste
en estimar la probabilidad de que un hogar reciba el apoyo del programa en función
de sus características observables. A partir de esta estimación, cada hogar beneficiario
se empareja con un hogar no beneficiario que tenga un puntaje de propensión similar.
Esta estrategia minimiza los sesgos asociados a comparaciones entre unidades con diferencias
estructurales significativas. Tras el emparejamiento, se estima la diferencia promedio
en resultados entre hogares beneficiarios y no beneficiarios.
En nuestro análisis nos enfocaremos en la estimación del ATET como principal parámetro
de interés, ya que permite medir el impacto directo del PpB sobre los hogares beneficiarios.
Esta elección se justifica porque el objetivo del análisis es estimar los efectos
concretos sobre quienes efectivamente recibieron el programa. Finalmente, se reconoce
que el PSM presenta limitaciones inherentes asociadas a la posible omisión de variables
no observables relevantes. Por tanto, los resultados deben interpretarse con cautela
y en su debido contexto, considerando los potenciales sesgos que pueden surgir en
la estimación del impacto (Morgan y Winship, 2015).
4. Datos
El presente estudio emplea datos provenientes de la Encuesta Nacional de Ingresos
y Gastos de los Hogares (ENIGH 2022), la cual permite identificar a los hogares beneficiarios del programa Producción
para el Bienestar (PpB) y obtener información detallada sobre sus condiciones socioeconómicas
y de seguridad alimentaria. La ENIGH proporciona variables clave como el gasto en
alimentos, la escala de seguridad alimentaria y la escala de variedad de dieta del
Programa Mundial de Alimentos, elementos fundamentales para evaluar el impacto del
PpB en la seguridad alimentaria de los hogares beneficiarios.
Dado que la ENIGH no fue diseñada específicamente para evaluar programas sociales,
presenta ciertas limitaciones. Entre ellas destacan el tamaño muestral reducido de
hogares beneficiarios del PpB y la falta de información detallada sobre las características
productivas de las unidades agrícolas. Para mitigar estos desafíos, se implementó
el método de pareamiento por puntaje de propensión (PSM), una técnica cuasiexperimental
que permite aproximar un contrafactual adecuado.
El primer paso en la aplicación del PSM consiste en estimar la probabilidad de que
un hogar reciba el apoyo del programa en función de sus características observables,
como el tamaño del hogar, la edad del jefe de familia, el nivel educativo, la región
geográfica, entre otras. Utilizando un modelo de probabilidad logística, se construyó
el puntaje de propensión, que refleja la probabilidad de participación en el programa.
Posteriormente, cada hogar beneficiario se emparejó con el hogar no beneficiario con
el que tuviera una menor diferencia en su puntaje de propensión similar, reduciendo
así el sesgo de selección derivado de diferencias observables entre los grupos.
El análisis de impacto se centra en estimar la diferencia promedio en los resultados
de seguridad alimentaria entre hogares beneficiarios y no beneficiarios tras el emparejamiento.
Específicamente, se calcula el efecto promedio del tratamiento sobre los tratados
(ATET), que mide el efecto directo del PpB en los hogares que efectivamente recibieron
el apoyo. Esta estimación resulta adecuada para evaluar el impacto real del programa
en su población objetivo.
Es importante reconocer que, aunque el PSM representa una herramienta robusta para
la estimación de efectos causales, sus resultados están sujetos a la calidad de las
variables observables disponibles en la fuente de datos. En este sentido, cualquier
posible sesgo derivado de factores no observables debe considerarse cuidadosamente
al interpretar los resultados (Morgan y Winship, 2015).
Dado el reducido porcentaje de hogares beneficiarios de PpB en la muestra general
de la ENIGH, fue necesario definir submuestras específicas donde es más probable identificar
a hogares receptores del programa, incrementando así la factibilidad de un análisis
robusto y consistente. Las submuestras consideradas para este estudio fueron seleccionadas
bajo criterios específicos, considerando: hogares ubicados en localidades rurales,
hogares que reportan algún tipo de producción agrícola, hogares productores de granos
(maíz, frijol, arroz, trigo), hogares específicamente productores de maíz, hogares
productores de frijol, y hogares que practican el sistema agrícola de milpa.3 Estas submuestras facilitan realizar comparaciones más precisas al disminuir la heterogeneidad,
lo cual permite una mejor identificación del efecto específico del programa.
Como se presenta en el Cuadro 1, aproximadamente el 83% de los hogares que reportaron recibir transferencias monetarias
del programa PpB están ubicados en localidades rurales. Además, cerca del 73% de estos
hogares son productores de granos, destacando particularmente el cultivo de maíz,
practicado por aproximadamente el 68% de los beneficiarios identificados. Estos datos
sugieren que el programa está efectivamente focalizado en hogares rurales dedicados
a la agricultura, especialmente en la producción de granos básicos esenciales para
la seguridad alimentaria nacional.
Cuadro 1
Número de hogares que reporta recibir ingresos de Producción para el Bienestar, porcentaje
que representan del total de hogares en el grupo de referencia, y tamaño de muestra
correspondiente
|
|
Hogares que reportan recibir ingresos de PpB (con factor de expansión)
|
Tamaño de muestra
|
|
|
Número de hogares
|
Porcentaje del total de hogares
|
Total
|
Hogares con PpB
|
|
Todos los hogares
|
466,987
|
1.244
|
90,044
|
1,529
|
|
|
(21,739)
|
(0.058)
|
|
|
|
Localidades rurales a |
386,694
|
4.481
|
34,002
|
1,322
|
|
|
(20,160)
|
(0.235)
|
|
|
|
Productores agrícolas b |
466,987
|
14.753
|
8,969
|
1,529
|
|
|
(21,739)
|
(0.617)
|
|
|
|
Productores de granos c |
339,734
|
13.540
|
6,871
|
1,054
|
|
|
(19,340)
|
(0.679)
|
|
|
|
Productores de maíz
|
317,814
|
14.049
|
6,166
|
974
|
|
|
(18,832)
|
(0.722)
|
|
|
|
Productores de milpa d |
44,957
|
17.410
|
668
|
129
|
|
|
(6,175)
|
(1.908)
|
|
|
Un aspecto clave para este análisis es la selección del grupo de referencia más adecuado
para identificar hogares de control en la evaluación del impacto del programa. Aunque
el grupo ideal estaría conformado por hogares agrícolas productores de granos o específicamente
de maíz, el tamaño reducido de la muestra en estos grupos limita la posibilidad de
realizar un análisis estadísticamente robusto. Por esta razón, se decidió presentar
los resultados para cada uno de estos grupos por separado, considerando progresivamente
subgrupos más específicos y homogéneos. Esta estrategia permite evaluar cómo se ven
afectados los resultados al emplear muestras progresivamente más homogéneas y, al
mismo tiempo, reconocer las limitaciones estadísticas derivadas del tamaño reducido
de los grupos analizados.
En cada uno de los grupos definidos se evaluó el impacto potencial de recibir transferencias
monetarias del programa PpB sobre diversos indicadores clave relacionados con el bienestar
económico y la seguridad alimentaria. En particular, el análisis se centró en variables
como ingresos laborales y por negocios agrícolas, gasto total en alimentos y gasto
específico por grupos alimentarios, escalas de seguridad alimentaria disponibles en
la ENIGH 2022, diversidad dietética y algunos indicadores específicos de productividad agrícola,
también calculables a partir de esta encuesta.
Los Cuadros 2, 3 y 4 presentan los valores promedio o las proporciones de hogares que poseen cada uno
de los indicadores relevantes, desagregados según los distintos grupos analizados:
población general, población rural, hogares agrícolas y hogares beneficiarios del
programa PpB. Esta información proporciona un valor de referencia para interpretar
correctamente las estimaciones de impacto, que reflejan cómo los hogares que reciben
PpB se diferencian en promedio de los que no lo reciben, pero que son comparables
en características observables. 4
Cuadro 2
Promedio del ingreso y el gasto en alimentos mensual en conceptos seleccionados
|
|
Todos los hogares
|
Localidades rurales† |
Productores agrícolas † |
Beneficiarios de PpB† |
|
Ingreso laboral mensual a |
13,953.30
|
9,221.70
|
8,152.09
|
6,765.89
|
|
(105.57)
|
(117.72)
|
(206.58)
|
(267.42)
|
|
Ingreso por negocios del hogar b |
1,805.40
|
2,217.27
|
3,912.21
|
2,777.81
|
|
(33.29)
|
(64.07)
|
(164.51)
|
(138.76)
|
|
Ingreso por negocios agropecuarios c |
286.99
|
870.60
|
2,739.60
|
1,628.01
|
|
(19.75)
|
(49.20)
|
(156.52)
|
(99.47)
|
|
Ingreso negocios agrícolas d |
159.07
|
491.85
|
1,886.65
|
1,004.48
|
|
(12.38)
|
(41.37)
|
(141.49)
|
(75.06)
|
|
Gasto mensual en alimentos
|
5,019.79
|
3,877.41
|
3,669.49
|
3,617.30
|
|
(40.8)
|
(30.5)
|
(46.6)
|
(77.0)
|
|
Gasto en alimentos para su consumo dentro del hogar
|
4,010.45
|
3,415.96
|
3,363.11
|
3,338.35
|
|
(18.81)
|
(24.98)
|
(41.28)
|
(71.95)
|
|
Gasto en cereales (maíz, trigo, arroz y otros cereales)
|
693.11
|
725.09
|
690.66
|
692.30
|
|
(3.19)
|
(6.77)
|
(11.19)
|
(22.29)
|
|
Gasto en carnes (res, cerdo y pollo)
|
933.70
|
719.09
|
715.02
|
653.95
|
|
(6.97)
|
(8.25)
|
(13.62)
|
(23.51)
|
|
Gasto en pescados y mariscos
|
89.80
|
74.85
|
90.80
|
78.40
|
|
(2.20)
|
(3.02)
|
(5.12)
|
(10.06)
|
|
Gasto en leche y derivados
|
356.17
|
285.47
|
248.31
|
265.20
|
|
(2.62)
|
(3.80)
|
(6.35)
|
(13.48)
|
|
Gasto en huevo
|
171.49
|
168.12
|
164.68
|
165.70
|
|
(1.05)
|
(2.02)
|
(3.14)
|
(6.39)
|
|
Gasto en verduras y legumbres frescas
|
448.26
|
446.41
|
488.69
|
486.42
|
|
(2.54)
|
(4.41)
|
(7.94)
|
(15.11)
|
|
Gasto en frutas frescas
|
182.55
|
126.14
|
119.23
|
112.54
|
|
(1.82)
|
(2.25)
|
(4.43)
|
(7.84)
|
Cuadro 3
Indicadores de seguridad alimentaria y variedad de dieta
|
|
Todos los hogares
|
Localidades rurales† |
Productores agrícolas† |
Reciben PpB† |
|
Escala Mexicana de Seguridad Alimentariaa |
|
Puntaje Promedio - Ítems para Adultos
|
0.868
|
1.113
|
1.175
|
1.241
|
|
(0.009)
|
(0.017)
|
(0.029)
|
(0.060)
|
|
Puntaje Promedio - Ítems para Adultos y población de 0 a 17 años
|
1.164
|
1.56
|
1.65
|
1.651
|
|
(0.013)
|
(0.027)
|
(0.044)
|
(0.085)
|
|
Inseguridad alimentaria severa
|
0.062
|
0.081
|
0.083
|
0.088
|
|
(0.001)
|
(0.002)
|
(0.004)
|
(0.009)
|
|
Inseguridad alimentaria moderada o severa
|
0.150
|
0.197
|
0.203
|
0.216
|
|
(0.002)
|
(0.004)
|
(0.007)
|
(0.015)
|
|
Escala FIES (Food Insecurity Experience Scale)b |
|
Puntaje Promedio
|
1.490
|
1.943
|
2.107
|
2.230
|
|
(0.014)
|
(0.025)
|
(0.041)
|
(0.083)
|
|
Inseguridad alimentaria severa
|
0.097
|
0.123
|
0.124
|
0.131
|
|
(0.002)
|
(0.003)
|
(0.005)
|
(0.011)
|
|
Inseguridad alimentaria moderada o severa
|
0.184
|
0.239
|
0.251
|
0.269
|
|
(0.002)
|
(0.004)
|
(0.007)
|
(0.016)
|
|
Ítems individuales de la EMSA |
|
Tuvo preocupación que la comida se acabara.
|
0.363
|
0.469
|
0.515
|
0.541
|
|
(0.003)
|
(0.005)
|
(0.008)
|
(0.017)
|
|
Algún adulto no obtuvo una alimentación sana y variada.
|
0.262
|
0.357
|
0.405
|
0.44
|
|
(0.003)
|
(0.005)
|
(0.008)
|
(0.017)
|
|
Algún adulto no tuvo desayuno, comida o cena.
|
0.112
|
0.137
|
0.138
|
0.139
|
|
(0.002)
|
(0.003)
|
(0.005)
|
(0.011)
|
|
Algún adulto comió menos de lo que debía
|
0.192
|
0.241
|
0.255
|
0.283
|
|
(0.002)
|
(0.004)
|
(0.007)
|
(0.016)
|
|
Se quedaron sin comida
|
0.099
|
0.126
|
0.129
|
0.122
|
|
(0.002)
|
(0.003)
|
(0.006)
|
(0.011)
|
|
Algún adulto sintió hambre pero no comió
|
0.118
|
0.15
|
0.149
|
0.158
|
|
(0.002)
|
(0.003)
|
(0.006)
|
(0.013)
|
|
Algún adulto comió solo una vez o dejó de comer un día
|
0.085
|
0.103
|
0.100
|
0.099
|
|
(0.001)
|
(0.002)
|
(0.004)
|
(0.010)
|
|
Escala de Variedad Alimenticia (PMA)c |
|
Puntaje promedio
|
79.538
|
73.370
|
69.286
|
67.976
|
|
(0.116)
|
(0.229)
|
(0.400)
|
(0.832)
|
|
Dieta Pobre
|
0.004
|
0.006
|
0.006
|
0.008
|
|
(0.0003)
|
(0.001)
|
(0.001)
|
(0.003)
|
|
Dieta Pobre o Limítrofe
|
0.039
|
0.065
|
0.083
|
0.091
|
|
(0.001)
|
(0.002)
|
(0.004)
|
(0.011)
|
Cuadro 4
Indicadores de uso de la producción agrícola (proporciones promedio)
|
|
Productores agrícolas† |
Productores de granos† |
Productores milpa† |
Beneficiarios de PpB† |
|
Uso para consumo del hogar |
|
Usó algún producto agrícola a |
0.797
|
0.882
|
0.991
|
0.660
|
|
(0.007)
|
(0.006)
|
(0.004)
|
(0.018)
|
|
Uso algún grano b |
0.650
|
0.820
|
0.983
|
0.617
|
|
(0.010)
|
(0.007)
|
(0.005)
|
(0.019)
|
|
Uso maíz
|
0.286
|
0.361
|
0.663
|
0.305
|
|
(0.011)
|
(0.013)
|
(0.029)
|
(0.022)
|
|
Venta de productos agrícolas |
|
Vendió algún producto agrícola a |
0.582
|
0.602
|
0.697
|
0.442
|
|
(0.011)
|
(0.012)
|
(0.029)
|
(0.021)
|
|
Vendió algún grano b |
0.371
|
0.469
|
0.503
|
0.334
|
|
(0.012)
|
(0.014)
|
(0.032)
|
(0.021)
|
|
Vendió maíz
|
0.253
|
0.319
|
0.349
|
0.231
|
|
(0.010)
|
(0.012)
|
(0.029)
|
(0.017)
|
|
Proporción promedio de la producción dedicada a venta |
|
Cualquier producto agrícola a |
0.429
|
0.428
|
0.45
|
0.318
|
|
(0.009)
|
(0.010)
|
(0.022)
|
(0.016)
|
|
Cualquier grano b |
0.242
|
0.306
|
0.269
|
0.217
|
|
(0.009)
|
(0.011)
|
(0.020)
|
(0.015)
|
|
Maíz
|
0.150
|
0.190
|
0.165
|
0.136
|
|
(0.007)
|
(0.009)
|
(0.017)
|
(0.011)
|
Como se puede observar en los resultados del Cuadro 2, los hogares que reciben los beneficios de Producción para el Bienestar presentan
condiciones de desventaja mayores que el resto de los subgrupos, siendo el grupo con
menor ingreso laboral promedio (que representa menos del 50 por ciento del ingreso
laboral promedio de todos los hogares), que dependen en mayor medida del ingreso por
negocios agrícolas y con un menor gasto en alimentos (aunque similar al de todos los
hogares con producción agrícola). Además, mientras que en la población total el gasto
en alimentos representa aproximadamente 34 por ciento del ingreso laboral, entre los
hogares que reciben PpB este gasto representa 53 por ciento de su ingreso laboral.
En cuanto a los indicadores de (in)seguridad alimentaria, el Cuadro 3 presenta los valores promedio de una serie de medidas que pueden construirse a partir
de la información de la ENIGH, algunos de los cuales se utilizan para la medición
de la pobreza en México (CONEVAL, 2019b). En primer lugar, se presentan el puntaje promedio e incidencia de la inseguridad
alimentaria severa y moderada, tanto para la Escala Mexicana de Seguridad Alimentaria
(EMSA) (Villagómez-Ornelas, et al., 2014), como para la Escala de Experiencias de Inseguridad Alimentaria (FIES, por sus siglas
en inglés) (Cafiero et al., 2018; Saint Ville et al., 2019). La primera de estas escalas es la utilizada para medición de la dimensión de acceso
a la alimentación en la medición de pobreza en México, tiene 4 niveles de inseguridad
alimentaria (seguridad, inseguridad leve, inseguridad moderada e inseguridad severa),
por lo cual consideramos tanto su valor promedio (en su versión para hogares con y
sin población de 0 a 17 años), como el porcentaje de la población con inseguridad
severa y con inseguridad moderada o severa.
La Escala FIES es también una medida del grado de inseguridad alimentaria de los hogares,
pero requiere sólo un subconjunto de los ítems de la EMSA. Con fin de facilitar la
comparación entre los resultados de ambas escalas, presentamos los mismos indicadores
que para la EMSA. Adicionalmente, presentamos la proporción de hogares que dan una
respuesta positiva a 7 de las preguntas que son parte de la EMSA y la FIES, a fin
de entender con mayor detalle los efectos del programa en los distintos componentes
de las mismas.
Finalmente, se consideraron una serie de indicadores sobre el destino de la producción
agrícola del hogar, los cuales nos permiten entender si el posible efecto en el gasto
en alimentos y los indicadores de seguridad alimentaria se asocia a cómo se usa la
producción de alimentos del hogar. En particular, resalta que la mayoría de los hogares
con producción agrícola de cualquier tipo usan su producción para el consumo del hogar,
aunque resalta que entre quienes reciben apoyos de PpB esta proporción es menor que
entre todos los productores de granos. Asimismo, que entre quienes producen maíz y
reciben PpB sólo 30.5 por ciento lo usan para consumo del hogar.
En cuanto a la venta de productos agrícolas, los hogares que reciben PpB son los que
venden con menor frecuencia sus productos, pues sólo 44.2 por ciento los venden, respecto
a 58.2 por ciento en todos los hogares que producen productos agrícolas. Asimismo,
los hogares que reciben PpB son los que venden en promedio una menor proporción de
su producción, siendo ésta de 31.8 por ciento, respecto a 42.9 por ciento entre todos
los hogares que producen algún producto agrícola. Destaca la baja proporción promedio
de la producción que se dedica a venta de maíz; sin embargo, ésta obedece en gran
medida a que la ENIGH no permite distinguir con precisión cuál o cuáles son los productos
principales para cada unidad de producción agrícola, por lo que aún pequeñas cantidades
de producción pueden ser reportadas.
5. Resultados
Las estimaciones del efecto promedio en la población que recibe PpB, para cada uno
de los subgrupos de análisis e indicadores introducidos en la sección anterior, se
presentan en los Cuadros 5 a 10. En estos cuadros, cada celda corresponde a la diferencia en el valor promedio del
indicador correspondiente entre el grupo de tratamiento y el de control, una vez que
se han controlado las diferencias en características observables entre ambos grupos.
En las distintas filas se presentan los grupos de referencia sobre los cuales se seleccionaron
los controles, tales que, como se explicó en la sección anterior, buscan reflejar
grupos progresivamente más homogéneos, aunque cada vez más limitados por el tamaño
de muestra.
Cuadro 5
Estimación del efecto promedio en los tratados del programa Producción para el Bienestar
en indicadores de ingreso
|
|
Ingreso laboral
|
Ingreso por negocios del hogar
|
Ingreso por negocios agropecuarios
|
Ingreso por negocios agrícolas
|
|
Todos los hogares
|
-985.56*** |
80.18
|
245.20* |
133.19
|
|
(325.54)
|
(208.73)
|
(148.56)
|
(110.37)
|
|
Localidades rurales
|
-1,383.50*** |
-140.68
|
57.85
|
2.13
|
|
(373.40)
|
(276.72)
|
(243.39)
|
(169.10)
|
|
Productores agrícolas
|
-1,533.95*** |
-1,396.74*** |
-1,024.59*** |
-438.94
|
|
(483.00)
|
(385.99)
|
(323.93)
|
(269.50)
|
|
Productores de granos
|
-256.60
|
-397.49
|
-408.23* |
-140.75
|
|
(377.17)
|
(289.67)
|
(242.35)
|
(144.32)
|
|
Productores de maíz
|
-177.70
|
-81.46
|
-322.61
|
-100.01
|
|
(441.85)
|
(336.30)
|
(271.44)
|
(149.85)
|
|
Productores de milpa
|
-1,975.52* |
-927.39* |
-523.52
|
-74.87
|
|
(1054.33)
|
(526.21)
|
(390.00)
|
(182.85)
|
Cuadro 6
Estimación del efecto promedio en los tratados del programa Producción para el Bienestar
en indicadores de gasto en alimentos del hogar
|
|
Gasto en alimentos
|
Alimentos dentro del hogar
|
Cereales
|
Carnes
|
Pescados y Mariscos
|
Leche y derivados
|
Huevo
|
Verduras y Legumbres Frescas
|
Frutas frescas
|
|
Todos los hogares
|
90.98
|
141.51* |
13.82
|
-2.56
|
-16.71* |
26.72** |
-5.82
|
6.73
|
15.42** |
|
(85.59)
|
(75.38)
|
(21.95)
|
(29.02)
|
(8.82)
|
(13.41)
|
(7.21)
|
(14.61)
|
(7.56)
|
|
Localidades rurales
|
-19.91
|
-20.45
|
-2.66
|
-49.30
|
-15.92* |
0.64
|
-7.73
|
21.18
|
4.47
|
|
(89.59)
|
(82.93)
|
(23.12)
|
(31.91)
|
(8.85)
|
(14.18)
|
(8.14)
|
(16.02)
|
(8.39)
|
|
Productores agrícolas
|
219.27** |
234.95*** |
34.12
|
36.41
|
-4.09
|
31.42** |
10.68
|
12.66
|
10.24
|
|
(87.29)
|
(79.27)
|
(23.53)
|
(29.92)
|
(8.97)
|
(14.40)
|
(7.61)
|
(15.89)
|
(8.32)
|
|
Productores de granos
|
81.21
|
71.81
|
3.11
|
-21.84
|
-22.83* |
21.97
|
-1.91
|
4.63
|
7.68
|
|
(94.92)
|
(87.67)
|
(28.97)
|
(33.56)
|
(11.79)
|
(16.68)
|
(9.32)
|
(17.94)
|
(8.82)
|
|
Productores de maíz
|
105.28
|
106.42
|
6.58
|
39.78
|
-13.83
|
15.61
|
-7.26
|
16.54
|
5.02
|
|
(108.96)
|
(99.53)
|
(31.74)
|
(35.84)
|
(11.65)
|
(15.77)
|
(9.52)
|
(20.02)
|
(10.04)
|
|
Productores de milpa
|
409.99
|
380.23
|
179.03* |
-66.61
|
10.47
|
101.80*** |
-27.33
|
70.78
|
32.14
|
|
(287.87)
|
(277.11)
|
(91.44)
|
(135.03)
|
(22.95)
|
(27.33)
|
(25.43)
|
(51.40)
|
(19.72)
|
Cuadro 7
Estimación del efecto promedio en los tratados del programa Producción para el Bienestar
en las Escalas de Seguridad Alimentaria
|
|
Escala Mexicana de Seguridad Alimentaria
|
Escala fies de Seguridad Alimentaria
|
|
Puntaje promedio
|
Seguridad
|
Inseguridad severa
|
Inseguridad moderada o severa
|
Puntaje promedio
|
Seguridad
|
Inseguridad severa
|
Inseguridad moderada o severa
|
|
Ítems adultos
|
Todos los ítems
|
|
Todos los hogares
|
-0.019
|
-0.049
|
-0.016
|
-0.003
|
-0.001
|
0.034
|
-0.036** |
-0.003
|
-0.003
|
|
(0.064)
|
(0.093)
|
(0.018)
|
(0.010)
|
(0.015)
|
(0.089)
|
(0.018)
|
(0.012)
|
(0.016)
|
|
Localidades rurales
|
-0.004
|
-0.037
|
-0.032
|
0.002
|
-0.016
|
0.053
|
-0.040** |
0.001
|
-0.010
|
|
(0.071)
|
(0.105)
|
(0.020)
|
(0.012)
|
(0.016)
|
(0.098)
|
(0.019)
|
(0.014)
|
(0.018)
|
|
Productores agrícolas
|
0.107* |
0.177** |
-0.040** |
0.018* |
0.019
|
0.174** |
-0.036* |
0.017
|
0.019
|
|
(0.063)
|
(0.088)
|
(0.019)
|
(0.010)
|
(0.015)
|
(0.088)
|
(0.019)
|
(0.012)
|
(0.016)
|
|
Productores de granos
|
0.039
|
0.034
|
-0.048** |
0.002
|
-0.001
|
0.108
|
-0.058*** |
0.000
|
-0.008
|
|
(0.082)
|
(0.121)
|
(0.024)
|
(0.013)
|
(0.019)
|
(0.113)
|
(0.022)
|
(0.016)
|
(0.021)
|
|
Productores de maíz
|
0.007
|
0.012
|
-0.027
|
-0.016
|
0.005
|
0.049
|
-0.028
|
-0.007
|
0.005
|
|
(0.083)
|
(0.121)
|
(0.023)
|
(0.014)
|
(0.019)
|
(0.113)
|
(0.023)
|
(0.017)
|
(0.021)
|
|
Productores de milpa
|
0.302
|
0.581* |
-0.101* |
0.039
|
0.093
|
0.465* |
-0.070
|
0.062** |
0.054
|
|
(0.208)
|
(0.321)
|
(0.055)
|
(0.030)
|
(0.059)
|
(0.275)
|
(0.054)
|
(0.042)
|
(0.056)
|
Cuadro 8
Estimación del efecto promedio en los tratados del programa Producción para el Bienestar
en Ítems de la escala de seguridad alimentaria
|
|
Preocupación de que la comida se acabara
|
…no obtuvo una alimentación sana y variada
|
…no tuvo desayuno, comida o cena
|
…comió menos de lo que debía
|
Se quedaron sin comida
|
…sintió hambre pero no comió
|
…comió solo una vez o dejó de comer un día
|
|
Todos los hogares
|
0.031* |
0.025
|
-0.016
|
0.007
|
-0.014
|
-0.001
|
-0.020* |
|
(0.018)
|
(0.018)
|
(0.013)
|
(0.016)
|
(0.012)
|
(0.013)
|
(0.011)
|
|
Localidades rurales
|
0.032
|
0.046** |
-0.022
|
-0.005
|
-0.005
|
0.001
|
-0.019
|
|
(0.020)
|
(0.020)
|
(0.015)
|
(0.018)
|
(0.013)
|
(0.015)
|
(0.013)
|
|
Productores agrícolas
|
0.029
|
0.039** |
0.007
|
0.018
|
0.007
|
0.030** |
0.007
|
|
(0.019)
|
(0.019)
|
(0.013)
|
(0.017)
|
(0.012)
|
(0.013)
|
(0.011)
|
|
Productores de granos
|
0.032
|
0.045* |
-0.002
|
-0.001
|
-0.003
|
0.006
|
-0.005
|
|
(0.023)
|
(0.023)
|
(0.016)
|
(0.022)
|
(0.016)
|
(0.017)
|
(0.015)
|
|
Productores de maíz
|
0.021
|
0.014
|
-0.017
|
0.013
|
0.006
|
0.001
|
-0.009
|
|
(0.024)
|
(0.023)
|
(0.017)
|
(0.021)
|
(0.016)
|
(0.018)
|
(0.015)
|
|
Productores de milpa
|
0.062
|
0.124** |
0.016
|
0.101* |
-0.008
|
0.008
|
0.062* |
|
(0.061)
|
(0.056)
|
(0.046)
|
(0.060)
|
(0.047)
|
(0.045)
|
(0.035)
|
Cuadro 9
Estimación del efecto promedio en los tratados del programa Producción para el Bienestar
en indicadores de uso de la producción agrícola
|
|
Uso producción para consumo del hogar
|
Vendió parte de su producción
|
Porcentaje que vendió
|
|
|
Productos agrícolas
|
Granos
|
Maíz
|
Productos agrícolas
|
Granos
|
Maíz
|
Productos agrícolas
|
Granos
|
Maíz
|
|
Todos los hogares
|
0.030* |
0.087*** |
0.052*** |
-0.016
|
0.029* |
0.029** |
-0.054*** |
-0.007
|
0.010
|
|
(0.016)
|
(0.016)
|
(0.016)
|
(0.017)
|
(0.016)
|
(0.014)
|
(0.014)
|
(0.012)
|
(0.010)
|
|
Localidades rurales
|
0.020
|
0.084*** |
0.067*** |
-0.022
|
0.030* |
0.020
|
-0.058*** |
-0.010
|
0.000
|
|
(0.016)
|
(0.017)
|
(0.017)
|
(0.019)
|
(0.017)
|
(0.015)
|
(0.015)
|
(0.012)
|
(0.010)
|
|
Productores agrícolas
|
-0.105*** |
-0.013
|
0.028* |
-0.058*** |
-0.006
|
0.018
|
-0.054*** |
-0.007
|
0.010
|
|
(0.016)
|
(0.017)
|
(0.016)
|
(0.017)
|
(0.017)
|
(0.015)
|
(0.014)
|
(0.012)
|
(0.010)
|
|
Productores de granos
|
-0.001
|
0.009
|
0.053** |
0.013
|
0.013
|
0.020
|
0.016
|
0.017
|
0.023* |
|
(0.015)
|
(0.017)
|
(0.022)
|
(0.022)
|
(0.022)
|
(0.020)
|
(0.017)
|
(0.015)
|
(0.013)
|
|
Productores de maíz
|
0.008
|
0.017
|
0.026
|
-0.027
|
-0.022
|
-0.022
|
-0.020
|
-0.014
|
-0.014
|
|
(0.014)
|
(0.017)
|
(0.024)
|
(0.023)
|
(0.023)
|
(0.022)
|
(0.019)
|
(0.017)
|
(0.015)
|
|
Productores de milpa
|
0.008
|
0.000
|
0.054
|
-0.023
|
0.054
|
0.163*** |
-0.027
|
-0.004
|
0.066** |
|
(0.011)
|
(0.015)
|
(0.064)
|
(0.056)
|
(0.063)
|
(0.053)
|
(0.042)
|
(0.042)
|
(0.030)
|
Cuadro 10
Estimación del efecto promedio en los tratados del programa Producción para el Bienestar
en la Escala de Variedad Alimenticia (PMA)
|
|
Puntaje promedio
|
Dieta Pobre
|
Dieta Pobre o Limítrofe
|
|
Todos los hogares
|
-1.012
|
0.003
|
0.001
|
|
(0.712)
|
(0.003)
|
(0.010)
|
|
Localidades rurales
|
-2.952***
|
0.005
|
0.024**
|
|
(0.753)
|
(0.003)
|
(0.011)
|
|
Productores agrícolas
|
-1.892**
|
0.007***
|
0.021**
|
|
(0.766)
|
(0.002)
|
(0.010)
|
|
Productores de granos
|
-0.892
|
0.007*
|
0.015
|
|
(0.908)
|
(0.004)
|
(0.014)
|
|
Productores de maíz
|
-1.545
|
0.004
|
0.003
|
|
(0.993)
|
(0.004)
|
(0.015)
|
|
Productores de milpa
|
-4.174*
|
0.023*
|
0.023
|
|
(2.322)
|
(0.014)
|
(0.052)
|
Como una primera aproximación a los posibles efectos de PpB, el Cuadro 5 presenta los impactos estimados en el ingreso laboral y por negocios del hogar de
PpB. Los resultados para ingreso laboral son en todos los casos negativos, siendo
estadísticamente distintos de cero en las comparaciones dentro de localidades rurales,
entre los productores agrícolas y en los productores de milpa. Sin embargo, aunque
en algunos contextos las transferencias monetarias pueden reducir los ingresos de
los hogares, en particular si disminuyen los incentivos para participar en el mercado
de trabajo de quienes las reciben, en el caso de PpB tanto el monto como la periodicidad
de las transferencias difícilmente podría tener este efecto. Por lo anterior, interpretamos
estos resultados como una limitación tanto de la fuente de información como del método
de estimación, en el sentido de que muy probablemente no han permitido eliminar el
sesgo de selección de quienes reciben las transferencias del programa.
Dado que PpB busca atender a poblaciones que estructuralmente cuentan con múltiples
desventajas sociales (comunidades rurales con limitado acceso a mercados, poblaciones
indígenas, productores de autoconsumo, entre otras), sugerimos que este efecto evidencia
que quienes reciben PpB tienen sistemáticamente mayores desventajas, las cuales se
reflejan en los menores ingresos que perciben los hogares.
En el caso de las estimaciones que usan a todos los hogares y a los hogares en localidades
rurales, se observa un posible efecto positivo en los ingresos por negocios agropecuarios
y por negocios agrícolas, aunque sólo es estadísticamente significativo en el caso
de todos los hogares. Esto podría sugerir que con un tamaño de muestra adecuado y
una metodología más robusta, existe la posibilidad de que se pudieran observar efectos
en los ingresos de los hogares. Por tanto, futuras investigaciones podrían seguir
explorando estos efectos para precisar mejor la magnitud e interpretación de los mismos.
En cuanto a los indicadores asociados a seguridad alimentaria, el Cuadro 6 muestra el efecto promedio en el gasto en alimentos y distintos componentes del mismo.
En este caso observamos múltiples efectos positivos y significativos, especialmente
en el gasto en alimentos para su consumo dentro del hogar, así como en leche y sus
derivados, y frutas frescas. No obstante, se observan efectos negativos en el gasto
en carnes, pescados y mariscos, y huevo. Esta combinación de resultados podría deberse
a las estrategias que los hogares implementan para maximizar la adquisición de alimentos
básicos o que consideran más prioritarios.
El mayor gasto en alimentos no conlleva menores niveles de inseguridad alimentaria,
como se observa en los Cuadros 7 y 8. Como se presenta en esos cuadros, el puntaje promedio en ambas escalas es mayor
en hogares que reciben PpB, especialmente entre productores agrícolas (aunque el tamaño
de muestra puede influir en que no se observen resultados significativos en otras
subpoblaciones). Dado que un mayor puntaje en las escalas de seguridad alimentaria
conlleva niveles más altos de inseguridad alimentaria, no es sorprendente que el impacto
en el porcentaje de hogares con seguridad alimentaria sea negativo (es decir, es menos
probable que experimenten seguridad alimentaria), en especial en productores agrícolas
y de granos. Resalta, además, que quienes reciben apoyos de PpB tienen mayores probabilidades
de experimentar situaciones de inseguridad alimentaria severa, aunque en este último
caso el resultado es mixto y podría estar condicionado por las características particulares
de estos hogares.
Al analizar los múltiples ítems de las escalas de seguridad alimentaria, destaca que
en mayor medida quienes reciben PpB no cuentan con una alimentación sana y variada.
Esto es consistente con los resultados del Cuadro 10, en el cual se muestra que quienes participan en PpB tienen una mayor probabilidad
de tener una dieta considerada pobre o limítrofe según la escala de variedad de dieta
del Programa Mundial de Alimentos.
Finalmente, en cuanto a los resultados sobre el uso de la producción agrícola, los
hogares que reciben apoyos de PpB tienden a usar en menor medida los productos agrícolas
que producen cuando se comparan con otros productores agrícolas en general. Sin embargo,
destacan por usar en mayor medida granos y maíz cuando se les compara con otros hogares
rurales u hogares en general (aunque en el caso de maíz el resultado parece ser siempre
positivo, si bien no significativo en los grupos de menor muestra). Algo similar sucede
en el caso del destino para la venta de los productos que cultivan, pues incluso la
proporción de la producción que dedican a venta es menor entre los productores agrícolas.
Este patrón podría deberse a la propia naturaleza de los hogares que participan en
el programa, quienes podrían priorizar el autoconsumo o tener limitaciones para acceder
a mercados más amplios.
6. Conclusiones
Un primer punto a destacar sobre este análisis es que nuestra interpretación de los
resultados obtenidos no es que PpB tenga el efecto de reducir la seguridad alimentaria
de los hogares o que aumente su probabilidad de que cuenten con dietas menos variadas,
sino que los hogares que reciben PpB se enfrentan a desventajas estructurales más
profundas que no están siendo capturadas con los datos disponibles. Estas desventajas
producen un sesgo de selección en nuestros resultados, ya que PpB atiende mayoritariamente
a hogares en localidades más remotas, con menores niveles educativos, de mayor edad,
entre otras características que no están plenamente reflejadas en la fuente de datos
utilizada. De contar con información más amplia sobre las características de los hogares,
podríamos reducir este sesgo y así tener una mejor aproximación al verdadero efecto
del programa.
A pesar de sus limitaciones, los resultados encontrados en este análisis sugieren
que el efecto de PpB en diferentes indicadores de seguridad alimentaria no es el esperado.
Aunque estas limitaciones apuntan a la necesidad de disponer de mejores fuentes de
datos para obtener estimaciones más precisas del impacto de PpB en diferentes ámbitos
del bienestar, este análisis exploratorio también sugiere que es posible que el programa
tenga efectos limitados. Esto se debe al diseño mismo del programa, que otorga transferencias
anuales que sólo pueden ayudar marginalmente a afrontar algunos costos de producción
inmediatos, pero difícilmente logran revertir las múltiples desventajas estructurales
que enfrentan los hogares beneficiarios.
Por ello, es necesario repensar los objetivos y alcances de Producción para el Bienestar,
considerando la implementación de mecanismos complementarios o alternativos que fortalezcan
los efectos de las transferencias del programa y promuevan mejoras sostenibles en
la seguridad alimentaria y el bienestar general de sus beneficiarios.