1. Introducción
Una ineludible referencia para el proceso cubano es el parteaguas que significó el
momento 1989-1991 como emblemático cese del socialismo mundial.
El rumbo cubano no era solamente el de una isla hostilizada por el bloqueo y el acecho
estadounidense, sino el de una República independiente que dirigía sus esfuerzos -bien
o mal dispuestos- a la formación de un mundo alternativo a la competencia capitalista
signada cada vez más por el mercado como rector de la vida económica y social.
Por ende, el empeño en construir una economía al servicio de la sociedad devendría
indudablemente en otro tipo de instituciones, en una reconfiguración cultural de ethos
caribeño y latinoamericano, en síntesis, en la creación de estrategias para facilitar
el acceso a bienes y servicios en equidad para todos en Cuba.
No es un secreto que luego de un debate mantenido al interior de la dirigencia política
y militar cubana y tras eventos históricos como la invasión de Playa Girón por el
gobierno Kennedy en abril de 1961, Cuba se decidiera por asumir el socialismo, vía
al comunismo. No está de más señalar que el socialismo es un momento de transición
de una apuesta colectiva en la que aún existe el Estado y coexisten los elementos
de la vieja sociedad y de la nueva. Cuando nos referimos a ‘socialismo cubano’, estamos
indicando la singularidad del proceso de formación económico-social del socialismo
en Cuba, que tiene características propias, distintas a las del socialismo soviético,
chino, vietnamita o norcoreano. De hecho, en un artículo de Barbosa (2017) titulado Transición socialista: recepción y desarrollo en el socialismo cubano, se efectúa una detallada descripción de lo que implicó recibir un tipo de socialismo
europeo y decantarlo en la singularidad del Caribe.
Si las revoluciones se gestan a partir del descontento generado por la tensión entre
‘calidades de ciudadanos’ en la cual un grupo al adquirir conciencia se reconoce como
el constructor de la riqueza, entonces todas las revoluciones que se ven mediadas
por el factor clase social o por sus similares de etnia, género o religión -en tanto
expoliados del rendimiento del trabajo proletario- se vinculan a una confrontación
por el acceso equitativo a bienes y servicios.
En este sentido la política social que presenta un estado le puede definir a sí mismo
y a su proceso de resistencia y reivindicación, vinculado a unas formas de concebir
la propiedad, la prosperidad, el desarrollo, lo común y lo futuro. En ese sentido,
se aprecia la consistencia en Cuba, al delinearse un círculo virtuoso entre economía
y sociedad, en la línea de argumentación que se verá en páginas adelante.
A nivel de las relaciones internacionales durante el lapso 1962-1991, la Isla contó
con el grupo de países socialistas adscritos al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME),
espacio que le permitía la construcción de relaciones socialistas de producción en
el marco de una política internacionalista y solidaria como soporte para el desarrollo
interno de su programa e idea de cultura comunista. Luego de tal periodo, Cuba ha
debido batallar en una soledad crónica en ausencia de socios afines ideológicamente.
Esto se manifiesta en un ingenio persistente para que la economía no traicione y garantice
los mínimos para toda la sociedad cubana.
En el presente texto -que forma parte de un capítulo de una investigación doctoral
acerca de la política social en Cuba- el lector apreciará los elementos constitutivos
de la base productiva y la estructura económica, que posibilitan el desempeño de política
social cubana en el contexto de una estrecha relación entre economía y sociedad, misma
que coadyuva, al menos dentro del periodo propuesto, a que exista una consistencia
entre idea de socialismo y práctica socialista en el campo de la política social cubana.
Entiéndanse los elementos constitutivos de la política social, desde la perspectiva
que ofrecen Ferriol et al. (2005, pp. 146, 148), en donde describen el ‘modelo’ de política social, como un conjunto de mecanismos,
gestores y beneficiarios mediante el cual se pone en práctica tal política; se contienen
en una filosofía social, se inserta y complementa con un modelo económico y se plantean
metas claras, en donde los logros de tales derechos como parte de la política, no
expresan solamente el deseo del Estado o una burocracia para dotar a los sujetos de
éstos, sino que manifiestan la lucha política de la ciudadanía.
La anterior definición es adecuada para el desarrollo de nuestros argumentos, aunque
hay abundante suma de autores efectuando tal definición, para delimitar trabajos con
objetivos propios, lo que nutre el debate en la actualidad académica y política cubana.
En términos teórico-metodológicos, el artículo se fundamenta en la crítica de la economía
política, como herramienta de análisis y en tal sentido de manera implícita el estilo
mismo expresa la necesidad de develar y conectar la ‘totalidad’, aquella que permite
ver tan exhaustivamente como sea posible, las relaciones entre economía y política
social; de seguir el rastro a la producción, circulación, distribución y cambio; como
proceso de seguimiento, pero no para confundir la relación economía-sociedad con una
linealidad acrítica, utilitaria de índole mercantil. Por el contrario, para comprender
cómo la economía en tanto producción social y socializada permite el consumo de bienes
y servicios como derechos y no como mercancías. Comprendiendo que en el socialismo
cubano y su política social, existen beneficiarios y no clientes. Existe también la
impronta de la formación en historia, que aplica crítica de fuentes, así como delimitaciones
cronológicas y contextuales.
2. Relación economía-sociedad
La forma en la cual se desarrolla cualquier política pública o social -ya se verá
en sus similitudes y diferencias con el modelo capitalista- tiene relación directa
con la calidad, cantidad y diseño del gasto social y éste se ve antecedido de manera
orgánica por la ideología, el modelo de desarrollo y el plan que gestione tal o cual
gobierno, con base tanto en el haber productivo preexistente en el territorio, como
el desarrollo obtenido en cultura, ciencia y tecnología, inherentes de la producción
inmaterial.
En el caso cubano ha existido, desde el triunfo de la Revolución en enero de 1959,
una tendencia a organizar la economía para que vierta sus rendimientos sobre las necesidades
de la población1 (Echeverría: 2013). Esto se aprecia desde las reivindicaciones luego del ataque al Cuartel Moncada
en 1953 -prolongación del acumulado histórico demandante cubano- los documentos declaratorios
del Movimiento 26 de Julio (M26-7) y las políticas del gobierno revolucionario que
poco a poco fueron: a) configurando una forma de aprovechar las ventajas económicas y geopolíticas de la
Isla, b) consolidando una estructura institucional que renovó gran parte de la heredada del
periodo prerrevolucionario, c) identificando los sectores estratégicos para la inversión pública, urgentes por el
rezago estructural en acceso a bienes y servicios: afros, ancianos, niños, mujeres,
campesinos y asalariados y d) definiendo la línea ideológica política que devino en la adopción del marxismo-leninismo
con una afiliación -inevitable para la época- a una de las orillas: la del campo socialista
soviético.
La forma en que se fue gestando tal vinculación al bloque socialista, tiene como antecedentes
varios elementos de corte político, ideológico y nacionalista-autonomista que llevaron
tras el intento de golpe de Estado en Playa Girón en 1961, a la declaración pública
de una Cuba Socialista, camino al comunismo; convirtiendo a la Isla en aliada geoestratégica
clave de la URSS, en el contexto de la guerra fría. Ello le mereció todo el apoyo
de ésta, hecho que se vio expresado en el acceso a precios preferenciales -como en
el ámbito azucarero- y la ayuda técnico-científica, que le permitieron lograr un significativo
desarrollo de infraestructura y cierta industrialización, a punto de culminarse para
1989, según refiere Pérez (2012, p.24), y mantener una inversión social que permitiera un alza en la tasa de natalidad,
una ampliación de la cobertura en vivienda, alimentación, salud y educación, entre
otras. Se gestó de tal manera un nuevo régimen de bienestar o de políticas de bienestar.2
Economistas, estudiosos -y la propia dirigencia- señalan problemas acerca de la forma
en la cual se aprovechó y potenció este auge de treinta años -1959-1989-; aunque igualmente
consideran en sus análisis fenómenos que, siendo herencia prerrevolucionaria de fuerte
raigambre y enquistamiento social e histórico, eran de difícil solución. Tampoco se
desconocen las crisis globales y las limitaciones externas como el propio bloqueo
estadounidense, percibido éste como un fenómeno relevante pero no determinante.
Las aproximaciones teóricas a la relación economía-sociedad han tenido como marco
de referencia el mantenimiento del gasto social como prioridad, expresión del socialismo
cubano, viéndose plasmados en la emisión de los Lineamientos de la Política Económica
y Social del Partido Comunista de Cuba, conocidos como LPES en abril 18 de 2011.
Como se verá más adelante, los propios LPES permiten una interpretación y ejecución
discrecional del gasto social o al menos, es motivo de incertidumbre -tanto la interpretación
como la ejecución- en el ámbito de la reflexión académica. Hay inquietud respecto
a lo que será Cuba en términos de gasto social por tal característica, lo que tiene
que ver con la pregunta: ¿qué es lo social del socialismo cubano? De hecho, Espina (2008) reflexiona sobre la opción socialista y la agenda que ésta debe tener, reconociendo
entre otros, factores de inequidad. Ya desde la propia ‘Rectificación de errores y
tendencias negativas’ de mitad de la década de 1980 y significativamente en la de
1990 con la debacle socialista mundial, el debate sobre el igualitarismo y la gratuidad,
hacían parte de la reflexión económica y social, en los ámbitos de la vida cotidiana,
académica y directiva.
Se advierte la subordinación de la base económica cubana a la política social y la
posible modificación -no se sabe qué tan agresiva- a partir del proceso de Actualización
del Modelo Económico, ame, que a la vez se articula a partir de la hoja de ruta que
constituyen los LPES. En todo caso la Isla ha ido modificando el peso del Estado en
acciones como la propia crítica al igualitarismo, el despido de trabajadores en el
sector estatal que pasaron al sector por cuenta propia, el fomento del cooperativismo
urbano-rural y la incursión de dueños particulares en el sector servicios de turismo.
En ello ya se venían gestando las alertas sobre las reformas en Cuba; que en palabras
de Alonso y Vidal, (2013, p.256) constituyen un ejemplo idóneo de la percepción del cambio actual en materia de actualización
económica y LPES:
La reforma de la economía cubana, hasta el presente, ha perseguido otorgar un mayor
espacio a las relaciones mercantiles en las tareas de producción y distribución de
bienes y servicios, particularmente aquellos relacionados con el aprovisionamiento
de la población. En esta línea se enmarcan la concesión de licencias a actividades
económicas privadas, la ampliación de la autonomía para las cooperativas en el sector
agrícola, el proceso de entrega de tierras estatales ociosas a productores individuales
y cooperativas o la autorización para la compra-venta de viviendas y autos usados
entre la población cubana. Al tiempo la reforma se propone reducir las plantillas
infladas (subempleo) en el sector estatal, transitar de una política social basada
en subsidios universales a otra más focalizada en las familias de menos ingresos,
salvaguardando el acceso gratuito a la educación y a la salud y acompañar la reducción
del tamaño del sector público con un incremento de su eficiencia.
3. Gestión de la información: las cifras
El manejo de cifras e indicadores en Cuba es tema delicado para expertos cubanos y
no cubanos. La estadística cubana cambió en su metodología desde la forma de llevar
las cuentas de tipo soviético a la de Naciones Unidas (ONU). Además, la reserva en
la publicación de algunas series apreciable en el sitio web de la Oficina Nacional
de Estadística e Información ONEI, que en el Manual del usuario del sitio web, especifica en la página 4 que contempla en su plan de publicaciones: 2 limitadas,
5 confidenciales, 2 secretas y 42 públicas. Además, Morris, (2014, p.15) refiere:
Castro respondió a la Ley Helms-Burton con una ley para ‘reafirmar la dignidad y la
soberanía de Cuba, que hizo ilegal para cualquier cubano divulgase [sic] información,
en particular de economía, que podría socavar la seguridad nacional. Un resultado
fue el cierre de un importante programa de investigación en el Centro de Estudios
de América (CEA) después de que sus investigadores publicaron el primer análisis exhaustivo
del ajuste cubano en inglés.
En lo referente al cambio de metodología, al haber estado Cuba incorporada al bloque
comunista y por ende al Consejo de Ayuda Mutua Económica CAME, los conceptos y valoraciones
de los indicadores se expresaban mediante otras formas de entender las relaciones
económicas y socioeconómicas. En tal sentido, se llamaba Sistema de Balances de la
Economía Nacional (SBEN) -también conocido internacionalmente como Sistema del Producto
Nacional- a la agrupación homóloga de balances nacionales llamado Sistema de Cuentas
Nacionales, (SCN) propio de la ONU y los países capitalistas. En el Anuario Estadístico
de Cuba 1996, se señala que ya desde la década de 1980 se venían adelantando cálculos
experimentales y trabajos metodológicos para la implantación del SCN, cuando señalan
que “… en general el método utilizado para esta aplicación del SCN se basa en recomendaciones
internacionales para la conversión del SBEN al SCN…” Dichas comparaciones, efectuadas en el ánimo de entender qué significaban las cifras
de Cuba en el contexto internacional, contribuyeron en la posterior homologación.3
Se suma al secretismo y al cambio de metodología -aunque éste se puede considerar
allanado tres décadas luego de 1991- la tenencia de dos monedas nacionales y una equivalencia
fija con el dólar, que finalmente terminó con la unificación monetaria en enero de
2021 en la que sumaban la circulación del dólar, el euro y la Moneda Libremente Convertible
(MLC), de tipo digital. La paridad dólar-peso cubano-CUC preocupaba e interfería en
los cálculos y retos expresados en los propios LPES, pues no se sabía cuál sería la
determinación en relación al dólar o el patrón de referencia que imperase al momento
de la unificación monetaria. Para economistas como Alonso y Bell (2013), esta doble expresión de valor de la economía cubana en dos monedas hacía difícil
el cálculo del comportamiento económico real, así como el desarrollo de posibles alternativas.
A ello se suma la disposición estratégica de las mismas: peso cubano (CUP) para algunas
operaciones y peso cubano convertible (CUC) para otras; lo cual se manifiesta en las
cifras expresadas en las estadísticas ONEI. Al respecto Ferriol et al. (2005, p.152) aclaran:
El componente en moneda nacional se estructura de forma descentralizada y en la actualidad
el destino de los gastos se determina de acuerdo a las necesidades consideradas para
cada territorio. Por su parte, el componente en divisas tiene una gestión más centralizada,
atendiendo a la escasez del recurso.
Esto quiere decir que por ejemplo las importaciones se pagaban en pesos convertibles,
así como algunas operaciones de sectores especializados vinculados al sistema de Organizaciones
Superiores de Dirección Empresarial OSDE’S; entre las que figuran los polos científicos
de mayor proyección económica. Hasta aquí las dificultades más relevantes para la
medición cuantitativa de la economía y la sociedad cubana, que pueden matizarse con
la puesta en marcha de una sola moneda desde 2021 y de la cual queda pendiente un
balance adecuado, especialmente al considerar que sólo lleva cuatro años de implementación.
Finalmente, apuntamos que aunque la economía cubana conserva un acento significativo
del análisis desde la economía política por su afiliación al marxismo y su rumbo socialista,
su ejecución real ha sido signada por una línea heterodoxa, dispuesta para resolver
prácticamente el día a día desde 1962 aunque -a veces- afincada en la planificación
y la centralización.4
Es pertinente advertir que los ítems a tratar a continuación, aunque se concentran
en elementos de carácter estadístico descriptivo, alternan las perspectivas de estructura
económica política y estructura económica descriptiva.5
4. La institucionalidad económica
Al abordar la institucionalidad económica se alude al conjunto de instituciones u
organizaciones propias del Estado cubano que coadyuvan entre sí y con la sociedad
para garantizar la obtención de recursos económicos que permitan desarrollar el proyecto
social. Asimismo, como toda institucionalidad responde a unos marcos históricos-culturales
y legales que la determinan y viabilizan; hecho clave a tener presente, ya que la
Revolución cambió el patrón heredado del periodo colonial español dominante, redirigiéndose
hacia la estructura de planificación de tipo euro-oriental.6 Esta presentación de marco legal que atañe al ámbito económico stricto sensu, no se exhibe con la intención de considerarla aislada del resto de factores legales
pues se entiende una obligada interconexión entre diferentes renglones que componen
a la estructura estatal socialista; pero es pertinente mostrar aquellos que se detienen
en lo económico, tales como: a) la Constitución Política de Cuba, de enero de 2003 (CPC, 2003, p.10-11) con base en la Constitución de 1976, en su capítulo I, Fundamentos Políticos, Sociales y Económicos del Estado, especialmente en sus artículos 14 a 27, así como la Reforma de 2018b) (Ley N° 88/1999), ‘De protección de la independencia nacional y la economía de Cuba’. c) Los Lineamientos (Consejo de Estado: 2011) LPES de 18 de abril de 2011, en sus ítems I al IV, particularmente. d) (Ley No. 113/23.07.2012) ‘Del Sistema Tributario’. Éstos se pueden apreciar articulados, tanto por la Batalla
de Ideas B.II, iniciada en el año 1999, como por el discurso pronunciado por el entonces
Primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de ministros, General de Ejército
Raúl Castro Ruz en la conmemoración del 54 Aniversario del Asalto al cuartel Moncada,
el día 26 de julio de 2007. Se toma tal intervención como el preludio de la Actualización
del Modelo Económico, ame, y se relaciona estrechamente con los ítems referidos respecto
a los LPES.7
Así, los dos elementos que preceden el proceso de organización tienen el carácter
de consulta popular abierta -1990 y 2009- que permiten un diagnóstico de la percepción
general de la población. En la perspectiva de Valdez Paz, el Estado sabe qué siente
el pueblo, no puede decir que ignora y a la vez con los LPES sólo da respuesta a una
parte de tal sentir en la medida, como explica en otra parte de la entrevista, que
no sólo existe como mediador de las querellas de intelectuales y la población en general,
sino de diversos sectores que tienen intereses propios más allá de la finalidad socialista;
es decir, lo socialista como una estructura no monolítica sino dinámica y en tensión.
Cuadro II,1

Fuente: Elaboración propia
La anterior secuencia permite apreciar unos elementos de índole ideológica, con un
significativo impacto a nivel de los consolidados legales; es decir, donde encuentran
sustento las consultas, expresiones populares y estatales. Tal secuencia no implica
que no se haya legislado de manera continua ante los embates y retos propios del Periodo
Especial en tiempo de Paz; pero los que se presentan, sin ser argumentación exhaustiva,
entregan una semblanza respecto a cómo se puede apreciar que se construye lo institucional
a partir de la variable ideológica. De hecho, un compendio de reformas se aprecia
en Echeverría (2013), quien ofrece como anexo a su trabajo acerca de los procesos de reajuste en Cuba
y su impacto en el empleo femenino, un cuadro con las reformas del tipo Resolución
y/o Decreto-Ley relacionados directamente con políticas de empleo, otorgamiento de
usufructo de tierras estatales y reorganización empresarial entre 1990 y 2012.
Por otra parte, dicha normatividad se apoya en un tipo de instituciones que se han
ido consolidando desde el triunfo de la Revolución. Este elemento es clave para entender
la nueva arquitectura institucional que se genera de manera gradual ante los retos
inherentes al proceso de ruptura paulatina con el capitalismo. Así, Barbosa (2012, pp.74-78) desarrolla dos periodos que incluyen la consolidación de la institucionalidad cubana
que devendría en la puesta en marcha de una economía planificada. Propone un primer
periodo, 1959-1961, denominado ‘etapa democrático-popular’ y que manifiesta la integración
de varios programas e instituciones prometidos durante la gesta revolucionaria como
lo fue el Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados. A ello se suman los procesos
de expropiación, intervención, confiscación, nacionalización y colectivización de
la propiedad; los cuales debían articularse por una forma de administración en consonancia
de tales factores. De esta manera, mientras se creaba el Instituto Nacional de la
Reforma Agraria (INRA), la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN), el Banco para
el Comercio Exterior, entre 1959 y 1960 respectivamente, se desmontaban estructuras
como la Banca Nacional de Desarrollo, creada apenas en 1952. Estas creaciones y clausuras
muestran una reconfiguración paulatina, acorde a la necesidad y el contexto. Varias
instituciones ligadas al Sistema de Dirección y Planificación Económica (SDPE) y el
llamado cálculo económico, se dieron en el marco de una homologación institucional
y logística necesaria para el ingreso al CAME. El INRA y JUCEPLAN fueron clausurados,
dando paso a nuevas instituciones, o fusiones para optimizar recursos y/o cobertura.
Lo clave de este proceso, apenas esbozado en estas líneas, es la consolidación de
una institucionalidad propia de una economía Planificada. Ferriol et al. (2005, p.149) señalan lo siguiente respecto a cómo se estructuraba la economía:
El Consejo de ministros que contaba con organismos globales a saber: el Comité del
plan, el del Trabajo y Salarios, el de Material para la Defensa, el de Abastecimiento
Técnico Material, entre otros, dedicados a elaborar centralmente las directrices para
el desarrollo económico y social. Además, disponían de Ministerios sectoriales o ramales
subordinados al Gobierno Central o a los territorios según el caso, tales como el
de Comercio Exterior, Agricultura, de Hacienda, Cultura, Enseñanza Superior y Media
y de Salud Pública. La dirección general de la planificación económica y social estaba
a cargo del Partido Comunista y de los órganos superiores del poder estatal del país,
quienes orientaban la labor del Comité del Plan y de las restantes entidades estatales,
así como los sistemas financiero y crediticio del país.
En resumen, en la cita anterior se aprecia la articulación entre
plan económico y otras esferas de la sociedad, demostrando la estrecha relación
economía-sociedad en el diálogo con otras entidades de índole no económica.
Efectivamente, existe un entramado institucional más allá de las reformas que
sin
perder el carácter centralizado del Estado, generó autonomía mediante la
descentralización de aquellos sectores de impacto directo en la sociedad. A ello
se
suma una relación orgánica entre comunidad, familias, organizaciones sociales,
entre
otras. Esto permite apreciar la forma que denominamos como ‘círculo virtuoso’
entre
los elementos económicos y los sociales.
A. Institucionalidad para el desarrollo territorial
Alonso y Bell (2013), a partir de su estudio sobre el desarrollo territorial, explican el impacto a nivel
regional y nacional desde lo local, señalando las diversas teorías acerca de la convergencia
y divergencia regional. Esto es importante para apreciar cómo se construyó desde la
perspectiva socialista, un análisis del territorio en Cuba que permitiera atender
las regiones históricamente marginadas. Ello implicaba una institucionalidad no sólo
a la medida de las metas del desarrollo territorial socialista, sino con una concepción
estructural y sinérgica de actuación en las regiones; aunque siempre enfrentada a
la tensión centralización-descentralización.
Así, de cara al desarrollo nacional, se está ante una ‘nueva construcción’ del desarrollo
que nace en el momento en que la Revolución cubana inicia su tránsito del capitalismo
al comunismo mediante la transición socialista. Ésta implica la coexistencia con factores
hispánicos y republicanos precapitalistas provenientes de su tardía independencia,
y la cooptación sufrida por la intervención estadounidense, que mantuvo la vinculación
de Cuba a la economía internacional mediante la plantación. Además, se veían -y se
ven- reflejadas en los desarrollos regionales, vinculados a la primario-exportación,
la asimetría de recursos entre regiones, la débil diversificación, la variación de
la inversión en algunos sectores como la pesca, la aparición en el siglo XX de la
economía del turismo, o la vocación portuaria de tal o cual zona.
La nueva institucionalidad, que se transforma en el contexto de las necesidades y
los eventos pretende ayudar a revertir -como hecho consciente frente a la ley del
valor- el mecanismo de desarrollo desigual propio del legado histórico precapitalista
con una disciplina directiva altamente centralizada debido a los retos que enfrentaba
la Cuba de la década de 1960. Como refieren Alonso y Bell (2013, 111-112):
Era necesario oponerse a la ley del desarrollo económico y político desigual, que
durante años actuó libre y espontáneamente, pues sus efectos permanecen y su nivel
de profundidad está vinculado a la condición del país subdesarrollado. Por ello, el
aparato estatal conformado concentró las facultades legislativas, ejecutivas y administrativas,
lo que además estuvo condicionado por la crítica situación política e ideológica de
aquel momento histórico.
De esta manera, el reto era cambiar una estructura de tipo ‘región nodal’ restando
peso a la Ciudad de La Habana y reorganizando la base material a partir de la planificación
centralizada que priorizara las tareas y metas a cumplir en las regiones. En tal sentido
era clave la creación de la infraestructura técnica y una comunidad capaz de soportar
el cambio y el desarrollarlo; entre otras cosas porque al triunfo revolucionario hubo
una considerable migración de científicos y técnicos que: a) retardó la formación de nuevas ramas o dependencias especializadas, b) obligó a efectuar una planeación fundamental en formación profesional para el desarrollo
técnico-científico, y c) obligaba a la centralización de los pocos expertos que había, retardando también
el proceso de decisión in situ en las regiones. Esto último es un aspecto clave a tener en cuenta pues las críticas
a la centralización y el súper-estatismo se han fundamentado en que no dan margen
de maniobra a las regiones o ramas de dependencias. Sin enjuiciar un hecho histórico
propio del socialismo -la centralización- es clave ver que para el desarrollo regional,
el poco personal capacitado obligaba a tal centralismo, en detrimento a veces de la
eficiencia; ya que una vez elegido el rumbo comunista, también se hacía relevante
homologar algunos procesos e imbricar a las regiones con las metas del socialismo
internacional en el marco del CAME.
Esto imprimía velocidad al ya acelerado proceso cubano, en tanto no se trataba sólo
de la división internacional socialista del trabajo que por inercia no repetiría el
mismo paradigma capitalista de zonas integradas a partir de sus ventajas comparativas,
sino que desde la meta del socialismo internacional, se desarrollaran ramas productivas
distintas; por ejemplo complementando el potencial azucarero cubano con el apoyo y
colaboración científico-técnica soviética, –Shiriaev (1979), Díaz (1988)– se podía iniciar la generación de un polo científico que coadyuvara a algunos países
del came; como lo abona Arrojas (2012, p.29) respecto al proceso vivido por el Instituto Central de Investigaciones Digitales
ICID:
… el ICID fue de los primeros entre los países socialistas en desarrollar la electrónica,
[…] Las computadoras importadas eran entonces caras y difíciles de adquirir por el
bloqueo. Aparte de los problemas que resolvieron, pienso que su impacto mayor fue
desarrollar a quienes las utilizaron. A las CID-201B se les incorporaron periféricos
provenientes de países socialistas europeos. Después se hizo la CID-300, un equipo
que ya era parte del sistema unificado de computación de los países socialistas, al
que nos incorporamos. Más tarde empezamos a desarrollar video-terminales y teclados
para exportar a la URSS y otras naciones del CAME.
En resumen, se deduce de lo anterior, que el desarrollo
regional cubano también estaba ligado al desarrollo complejo del socialismo como
división internacional, en donde se potencian y aprovechan no sólo las
condiciones naturales del territorio -cabe señalar que tal polo científico se
encontraba en la región central de la Isla- sino las inmateriales, las
cualidades intelectuales de la población. Esto permite entender las aspiraciones
complejas que implicaban la creación del CAME y del socialismo mundial.
Por otra parte, el Primer Congreso del PCC en 1975, reglamentó la incorporación de
la planificación territorial a las tareas de la Dirección de Planificación Territorial
de la JUCEPLAN. Dicha dependencia es clave para entender el desarrollo regional -mayor
o menor- pues expresaba la creación de un cuerpo especializado que se sumaba al de
Planificación Física, creado en 1960. Tal consolidación y aglomeración de expertos
desde una concepción centralizada, pone al desarrollo regional en el socialismo bajo
el ‘enfoque centralista, vertical, «de arriba abajo» a partir de iniciativas y decisiones
nacionales.’ (Alonso y Bell, 2013, 62-114) Esto no implica una falta de creación de nueva infraestructura ni el arribo a resultados
concretos, esmerados en superar las asimetrías, como se puede apreciar en los datos
ofrecidos por Alonso y Bell (2013, p.116) respecto a las inversiones industriales en el periodo 1959-1989 por regiones centro,
oriente, occidente. Evidentemente, lo económico tenía un impacto positivo en lo social,
como se aprecia en la construcción de vías de acceso, construcción de poblados, -éstos
dos generando a la vez empleo- infraestructura educativa y médica entre otras.
5. El círculo virtuoso economía-política social
A. Periodo 1985-1998
En el lapso comprendido entre el año 1990 y el 2000, la Isla enfrentó -y enfrenta-
el reto, en palabras de Pérez (2012, p.26) de estar ‘por primera vez dependiendo únicamente de sus propios esfuerzos’. El inicio del ‘Periodo especial en tiempos de paz’ enmarca el estado de emergencia,
precariedad económica y austeridad en el gasto que sufriría la población cubana al
perder las ventajas de la importación favorable en el marco del CAME, así como los
subsidios y la transferencia tecnológica.8
A mediados de los 80’s Cuba ofrecía dos síntomas claves: por un lado una desaceleración
económica entre 1986 y 1988, con un alza hacia 1989, para luego entrar en franco descenso;
y por otro, el estancamiento de la industrialización que en palabras de Pérez (2012, p.4) “…al llegar a 1989, se puede concluir que se estuvo cerca de culminar la construcción
de la base técnico-material del socialismo mediante la industrialización y otro grupo
de factores asociados a ella.” Esto lo confirma la literatura escrita sobre el ‘Periodo especial’ así como los
estudios de la vinculación Cuba-CAME, en la obra de Díaz (1988) y en general respecto al impacto industrializador del CAME descrito por Shiriaev (1979). Volviendo a Pérez, también señala los procedimientos a nivel de política económica
que pudieron articular mejor dicho potencial y los avances logrados hasta los 80’s.
Hecho este contexto, apréciese, con base en las series estadísticas 1985-2013 de la
ONEI, algunos indicadores claves para mostrar el ambiente que antecedió a nuestro
marco cronológico:
-
Azúcar y turismo. Siendo el azúcar el sector económico que representó -antes y durante la Revolución-
la fuente clave de ingresos, se aprecia una significativa reducción en la participación
global respecto al turismo; hecho visible al contrastar las series de exportaciones
de mercancías por grupos de productos con las series de base sobre el turismo, donde
mientras los productos de la industria azucarera, disminuían pasando de $4’462.800
(Pesos Cubanos) CUP en 1985 a $599.300 CUP en 1998 -aunque continuaba siendo el que
más aportaba por encima de minería, tabaco, pesca, productos agropecuarios y otros-
el turismo pasó de 243.000 turistas en 1985 a 1’416.000 en 1998. Esto quiere decir
que el turismo, calculando sobre la moneda convertible CUC con la cual se expresan
las cifras de ingresos en divisas asociados a turismo a partir de 1993, pasó de recibir
en 1985 $320.439 CUC a $1’759.300 CUC en 1998.9
-
Los otros rubros de la exportación. La minería en los trece años entre 1985 y 1998, tuvo un promedio de 323.5 millones
de CUP, en donde los años 1991 a 1994 estuvieron entre los 160 y los 240 millones
de pesos. El periodo 1992-1994 afectó a los productos de la industria del tabaco,
presentando entre 93 y 71 millones de pesos los aportes a las exportaciones. Los productos
de la pesca no muestran un comportamiento atípico en el sentido de mantener su valor
aportado al monto total de las exportaciones, entre 100 o más millones de pesos cubanos,
salvo el año 1993 con 69.1 millones de CUP. El sector agropecuario desde 1989 hasta
1998 mostró un descenso de hasta 3.5 veces respecto a 1985 ($203.500 CUP) y de 5 veces
frente a 1987 ($250.900 CUP). Es decir, de 203.5 millones de pesos en 1985, pasó a
58.5 millones en 1998. El renglón denominado otros productos se redujo casi 4 veces entre 1985 y 1998, siendo los peores años 1992 y 1993. Desafortunadamente
no se encuentra desagregado para ver de qué se integraba.
Con este comportamiento de las exportaciones como pilares del ingreso de la Isla,
la inversión en algunos sectores fue el siguiente:
-
Construcción de viviendas. Se aprecia la disminución de la participación del sector estatal, pasando de un
66.2% en 1985 a un 47.3% en 1998. Sin embargo, la construcción mantuvo su impulso
desde la iniciativa no estatal; pero siendo la construcción un indicador importante
para apreciar el dinamismo de la economía, su baja expresa también un descenso en
materias primas como metal, cemento, ladrillo, arena, vidrio y empleo.
-
Asistencia médica. Pese a las significativas caídas en los rubros anteriores, tales como balanza comercial,
construcción de vivienda, industria azucarera, y el posicionamiento temporal del turismo
como principal factor de ingresos, en este breve periodo entre 1985 a 1998, se puede
advertir también que hay una decidida política de inversión en el ámbito social no
sólo manteniendo el promedio, sino a veces elevándolo con nuevas estrategias -como
es el caso de ‘Otras unidades de asistencia médica’- que consistió en aumentar a partir de 1996 los ‘Consultorios médicos de familia’. De esta manera, se pasó del total de Asistencia médica en 1985 de 1.661 a 16.431 consultorios en 1998. En todo caso, en el periodo intermedio
a tales años, dichas estrategias de asistencia médica nunca estuvieron por debajo
de las del año 1985.
-
Seguridad social. Pasó en 1989 de $1’241.400 CUP a $1’848.500 CUP en 1998. Así en pleno ‘Periodo especial’
es, indudable, no se disminuyó el monto de inversión con referencia en 1989 y, sobre
todo: no se privatizó la salud, no se montaron cuotas moderadoras al servicio, no
se crearon fondos de pensiones privados, ni se dejaron de cubrir incapacidades por
enfermedad, accidente o maternidad. Es decir, se blindó al máximo, de la austeridad
propia del ‘Periodo especial’, a la Política Social. Sin embargo, hay un costo acumulado.
Por ejemplo, al considerarse como responsabilidad del Estado el pleno empleo, se cultivaba
el síntoma de la inactividad -subempleo o empleo no productivo- de una población desestimulada
a partir de unos ingresos nominales que no daban el suficiente poder adquisitivo.
En el régimen de seguridad visto, el cubrimiento estatal para tal rubro obligó a una
política de cotización o aporte a seguridad social en el tema pensión -como se verá
más adelante- ya que al año 2016 la carga pensional representa el 7.6% del PIB asumiendo
el Estado un 40% y el trabajador un 60% del valor, según cálculos de Mesa-Lago (2011). Esto se puede apreciar como resultado de una sinergia Estado-sociedad gestada a
lo largo de más de 30 años de Revolución; hecho apreciable en el lapso propuesto 1985-1998,
descrito como sigue en palabras de Peña y Voghon (2014, p.389):
No obstante, estos resultados apuntaron también a la existencia de una realidad en
el empleo más dinámica que las configuraciones subjetivas que lo acompañaron, a partir
principalmente de un “escenario socio laboral radicalmente diferente en los 90’s en
comparación con el de los 80’s, y que tuvo como resultado más inmediato un concepto
de empleo atado al carácter estatal formal de las relaciones o a variantes cercanas
al control formalizado” (Martín et al., 1996: 80). Esto es, a pesar de la aparición de nuevos sectores laborales, actores económicos
y de nuevas relaciones de trabajo, los significantes ideológicos de las personas y
grupos continuaron anclados a la centralidad del Estado como ente organizador y responsable
por la garantía en el acceso al empleo estable y seguro.
Es decir, la fase inicial del ‘Periodo especial’, estaba pese a su precariedad -recuérdese
que se da como una opción de resistencia militar con bloqueo marítimo en caso de guerra-,
anclada a una perspectiva paternalista que no sólo era producto de unos principios
directivos heredados del súper estatismo, sino de la cultura enraizada en el pueblo
cubano que percibía al Estado como la respuesta principal. En tal sentido las privaciones
del periodo motivaron la creatividad del Estado cubano, optimizando la cobertura en
el área de salud -como se pudo apreciar- y en educación manteniendo la oferta educativa
que había variado no sólo por causa de la caída del mundo bipolar, sino por un factor
estructural que explica la Dra. Mayra Tejuca, en entrevista del día 3 de junio de 2015.10
-
Educación. El número de escuelas pasó de 13.815 en 1985/86 a 12.304 en 1997/98, así mismo disminuyeron:
la matrícula inicial 11.4%, personal docente 15.3%, los graduados 34.5% y becarios
47%. Sin embargo, el número de semi-internos aumentó un 13.2%. Este último factor
puede estar relacionado con estrategias en el ámbito rural, aunque no se dispone de
cifras por provincias en este aspecto. Por otra parte, en las series estadísticas
en el subíndice Matrícula inicial de la educación superior por ramas de la ciencia, aunque se aprecia una disminución general de la oferta educativa, hubo unas áreas
que no dejaron de estimularse, como es el caso de las Ciencias médicas que, aunque pasaron de 27.859 ingresos 1985/86 a 25.311 en 1997/98, presentaron picos
importantes en los propios 90’s cuando para 1991 tuvo una matrícula de 38.006 y para
1993 de 38.489. En este rubro Matrícula inicial de la educación por ramas de la ciencia,
se aprecian disminuciones sensibles para el desarrollo cubano estratégico. Un caso
significativo es la merma en ciencias agropecuarias que, en el periodo revisado, tuvo
una caída del orden del 31.4%. Esto puede manifestar cierta concordancia con el fin
del ciclo de auge azucarero y el giro hacia el turismo, con una tendencia cubana hacia
la des-ruralización, que se advierte en su concentración poblacional actual urbana
de 76% contra un 24% rural.
-
En el ámbito de las Ciencias sociales y humanidades, la serie de datos exhibe un alza en la matrícula entre los años 1996 y 1998 de 17.370
y 18.161, respectivamente. Los años restantes entre 1985 y 1998 tuvieron un comportamiento
promedio de 7.122 matriculados, exceptuando el pico referido. La matrícula en humanidades
tendrá una significancia particular desde 1999 vinculada a la Batalla de Ideas, como
se podrá observar.
En resumen, el ciclo 1985-1998 se explica como una forma de poner en contexto dos momentos clave:
el momento de auge y desgaste en el ciclo revolucionario 1959-1989 y el reajuste tanto
institucional como social para afrontar el inicio del ‘Periodo especial’, desde 1991
hasta la fecha. En medio de la apertura de un ciclo neoliberal privatizador en América
Latina, el ciclo propuesto en Cuba se puede definir como antineoliberal e ideológicamente
afincado en principios socialistas, pese a la ausencia del bloque socialista euro-oriental
y la exacerbación del bloqueo estadounidense 1999-2015.
Este periodo se signa ideológicamente por la Batalla de Ideas, (B.II.) que inició
formalmente el 5 de diciembre de 1999 en el marco de la protesta generada ante el
consulado estadounidense para que se devolviera al niño Elián González -conocido en
prensa como ‘el balserito’- a partir del activismo de las brigadas técnicas juveniles,
aunque desde el discurso pronunciado por Fidel Castro en la Clausura del VII Congreso
de la Unión de Jóvenes Comunistas, efectuada en el Palacio de las Convenciones, el
día 10 de diciembre de 1998, usa constantemente la expresión “batalla de ideas”, como
nueva alternativa para reivindicar y sostener la revolución. Respecto al significado
de la B.II., refiere Escandel, (2014, p.2-3):
De esta manera comenzó la lucha por la devolución del niño secuestrado, la cual se
transformó de inmediato en “una batalla por la justicia y la felicidad de todos nuestros
niños y todo nuestro pueblo” [sic]. Esa batalla se denominó “Batalla de Ideas” por
ser una batalla de pensamiento, “de réplicas y contrarréplicas, pero también de hechos
y realizaciones concretas”.11 La Batalla de Ideas fue el concepto utilizado por la Revolución para definir la nueva
etapa; sus principios y programas, constituye una visión estratégica de cómo continuar
desarrollando la Revolución hacia estadios superiores en lo político, lo ideológico,
lo social y lo económico. […] es un nuevo proceso de Rectificación de Errores y Tendencias
Negativas en nuestro país...
Este elemento articulador, B.II., permite ver la reconfiguración del norte socio-económico.
Es el inicio de una nueva oleada de reformas que expresan la tensión de las corrientes
ideológicas dentro de la Revolución así como la llamada persistente a la unidad y
al diálogo nacionales, más allá de las características de los ciclos ya referidos
donde se pudo apreciar el doble movimiento propio de la transición que va del centralismo
estatal -y que por ende es contrario a una iniciativa no estatal o privada- a otro
que se hace opuesto y que aboga por una centralidad estratégica del Estado, que libere
algunas fuerzas productivas hacia la iniciativa particular. Es decir, no sólo el desgaste
del proceso, el intento super-estatista y la alta subvención estatal como ya se vio,
son las que entregan un escenario propicio para esta nueva ‘Rectificación de errores
y tendencias negativas’, sino que de manera simultánea se gestaron tensiones a nivel
ideológico que se resistían a las señales de la economía.
Por ende, el factor ideológico dominante de la Revolución, ha influido en la mayor
o menor aceptación de elementos del mercado en detrimento -desde una perspectiva rígida-
de los principios fundacionales del socialismo cubano y su proceso histórico. En tal
sentido, han existido reformas que se han reversado. Si en algún momento se permitía
la liberación de la iniciativa privada, luego a partir de nuevas disposiciones se
modificaba. Es lo que Alonso y Vidal (2013, p.14) abordan y se preguntan en el contexto de la Actualización del Modelo Económico, ame
si las reformas serán reversibles. Cuba se encuentra ante una variable quizá más agresiva
de acercamiento con elementos capitalistas o al menos mercantiles. Para algunos el
proceso es lento para la situación de la estructura económica; para otros, es insuficiente
y debe complementarse con cambios en la estructura institucional; otros problematizan
acerca del blindaje que debe disponerse sobre los logros sociales de la Revolución
y la Política Social en sí, para no entrar en un camino de no retorno más agresivo
hacia el capitalismo. Indiferente de la tendencia que sea, subyace la pregunta clave:
¿qué es hoy día el socialismo cubano?
Conectando con el último ítem tratado para el periodo 1985-1998 según la Serie de
datos ONEI utilizada, el comportamiento en Cuba es el siguiente:
-
Educación. Revisando la Matrícula inicial de la educación superior por ramas de la ciencia 1985-2014, el comportamiento de la tasa de matrícula se aprecia entre 115.816 matriculados en
1998/99 y 207.237 al primer trimestre de 2014. Sin embargo, aunque por debajo del
nivel alcanzado en 1985 -que no es camisa de fuerza como referente de mejoramiento
de las cifras cubanas en todos sus rubros- presentó unos picos altos en los años 2006
a 2009. Lo interesante de este proceso, es el incremento hacia 2004 del número de
matriculados en las Ramas de la ciencia: ciencias sociales y humanísticas, pedagogía y ciencias médicas. Aunque aumentó la matrícula en general, las cifras de las ramas referidas son apreciables
respectivamente entre los años 2003 y 2014.12
Teniendo en cuenta lo que Escandel refiere respecto a la B.II., en el sentido de su
cariz objetivado a la consolidación de una EBC, el Estado cubano, ante la crisis o
el desestímulo apreciado en la educación superior durante la década de 1990, sumado
al proceso ya referido de implantación de examen como filtro y selección, puso en
marcha una estrategia nacional para la formación, denominada Sedes Universitarias
Municipales sum.13
Esto apuntala: a) el enfoque hacia la inversión en sectores de alto valor agregado, estratégico en
Cuba -medicina, biotecnología y educación-; b) la necesidad de reconfigurar y recuperar las bases de docentes y enfermería -mayoritariamente
de ocupación femenina- que entraron en crisis a inicios de la década de 1990; c) el incremento en el área de humanidades se da como producto de la flexibilización
en el ingreso y se inscribe y propicia un nuevo ciclo de los estudios de humanidades
en temas como pobreza, diferenciación socio-clasista, composiciones culturales urbanas,
el género, la raza y la política social, que empiezan a repensar a la sociedad cubana,
también desde la reapertura de los estudios sociológicos procurados con cierta timidez
desde inicios de los 90’s, dado el riesgo que involucraba tratar temas que no se consideran
propios de la realidad socialista en apariencia consolidada: la de una sociedad con
clases, d) Respecto a las cifras en otras ramas como agronomía, economía o ingeniería, la Dra.
Tejuca señala que no se trata de una disminución en la tasa de ingreso sino de un
incremento en términos porcentuales mayor de las otras ramas. Lo cierto sí es la pérdida
relativa de calidad en los docentes que, en el ánimo de llenar vacíos por abandono
hacia actividades más lucrativas de maestros consolidados, obligó a vincular personal
no suficientemente idóneo.
-
Continuando con el tema Educación, en el segmento becarios, a partir del año 2009 se presenta un descenso significativo, pasando de 492.768
en 2006, como pico más alto del primer decenio de los años 2000, a 150.041 en 2014.
Esto puede apreciarse como un retiro estratégico del Estado subvencionista, y de una
política focalizada que ya no requiere -¿o redirecciona?- tal acento en becas y como
una posible consecuencia del aprendizaje del proceso cubano, en el marco del debate
sobre el igualitarismo y la gratuidad.
-
Seguridad social. Así como vimos tuvo un aumento particular del monto anual en el periodo 1989-1998,
para el periodo 1999-2013, ofrece como cifras un paso de $1’825.000 CUP a $5’115.800
CUP. De este total, el mayor aumento se dio en Pensiones por edad, enfermedad y muerte, que pasaron de $1’525.000 CUP en 1999 a $4’927.300
CUP en 2013. La novedad que se muestra respecto a los totales entre 1989 y 2003, es
que se incluyeron -se abrió el nuevo rubro- las Pensiones por maternidad, que pasaron entre 2004 y 2013 de $72.500 CUP a $175.600 CUP. Para la misma fecha,
2004, se suspendieron los pagos contemplados como Complementarios, así como el sub-valor Resolución N°8/92, que se habían dado desde 1989-2003.
-
Salud. En las Unidades de servicio del Ministerio de Salud Pública, como se pudo apreciar
en el periodo 1985-1998, el incremento exponencial se dio en 1996, y se mantuvo relativamente
estable con algunas variaciones. La estrategia que provocó este repunte, como se vio,
fue el establecimiento de Consultorios de familia, que no existían en el año 1995. Las Casas de abuelos eran inexistentes en 1998 y desde el año siguiente se comenzaron a instalar hasta
la fecha, duplicándose en ese lapso. Este punto es clave, pues el envejecimiento de
la población cubana es uno de los factores que preocupa, también en lo que atañe a
seguridad social, salud, empleo y pensiones, debido a la emigración y el envejecimiento
proyectado. En el año 1953 -el más próximo a la Revolución- para el cual se cuenta
con cifras ONEI, el porcentaje de población de 60 años o más era de 6.9%, que pasó
en 1999 a 13.9% y hacia 2013 se ubica en 18.7%. Las proyecciones para 2020, 2025 y
2030, evidencian valores de 21.5%, 25.9 y 30.1% respectivamente, en tal rango de edad.
La extensión del año de jubilación tuvo que ver con esto, ya que en medio de la alerta
económica del ‘Periodo especial’, no era posible acoger a las siguientes generaciones
de pensionados; sumando a ello la emigración.
Ahora bien. Se aprecia a continuación el comportamiento de las exportaciones complementadas
con ingresos por turismo, como punto de contraste para el análisis.14 Estas series de datos permiten apreciar:
-
El cambio de la importancia de los diferentes rubros en la composición de la estructura
económica. Ya que en el año 1985 -el cual tiende a ser una referencia de cómo se comportaba
Cuba en un momento de auge-decadencia de su economía- su producto insigne era el azúcar
y los derivados de tal industria, mismos que significaron hasta 1999 la exportación
más relevante, pero con una fuerte disminución de 4’462.800 millones de dólares a
599.300 dólares en 1998; es decir, pasó a constituir el 13.8% del valor total de las
exportaciones de 1985. En el año 2000, se aprecia un repunte de la industria minera,
que se posicionaría desde 2003-2007 como el sector fuerte de las exportaciones; cerrando
definitivamente la fase del auge azucarero. Adyacente a tal fenómeno, cambia el uso
de las tierras que se habían dedicado a la caña y que luego se dispusieron para cultivo
de alimentos ante la caída de importaciones propias del ‘Periodo especial’. Además,
se suma el cierre de varios centrales azucareros, pérdida de empleos, más migración
campo-ciudad y tierras desaprovechadas por falta de capital para inversión.
A pesar del bloqueo económico se puede inferir que Cuba también experimentó un incipiente
ciclo primario exportador.
-
De 2008 a 2011 -y posiblemente hasta 2014- el rubro Otros productos, se posiciona como el sector que más aporta en términos de exportaciones. Allí se
puede encontrar el sector de la biotecnología y de servicios médicos al exterior;
sectores que en la línea de argumentación y seguimiento a la B.II. expresan la tendencia
hacia el posicionamiento de sectores de alto valor agregado, en el contexto de la
EBC. Es pertinente aclarar que ésta se puede dar en cualquier sector, porque implica
más valor generado a partir de más conocimiento puesto sobre cualquier práctica productiva.
En todo caso es significativo el deslinde de la primaria exportación azucarera, aunque
investigadores como Pérez consideran que no se debió descuidar tanto dicho sector,
pues se trata de tener una economía diversificada y los precios del azúcar venían
al alza.15
Por otra parte, se aprecian las cifras en turismo16:
-
En contraste con el sector exportador, pero que igualmente aporta a la economía nacional,
se encuentra la serie de datos sobre turismo donde en 1991 se evidencia cuán débil
era aún este sector para la economía nacional y continúa la serie 1999-2013 en donde
el aporte del sector a la economía en el periodo 1999-2014 se posiciona como el principal
en divisas. Es clave referir que desde mitad de los 80’s, el sector turístico empezó
a tener un estímulo en construcción de infraestructura hotelera (Mesa-Lago, 2003) y por ende todo el periodo 1991-98, presentó un incremento promedio de 19.55% y
el aumento extremo de dicho periodo fue de 22.85%. La moneda convertible CUC, -en
la cual se expresan las cifras de turismo- inicia su circulación en 1994 y su referencia
frente al dólar se mantiene estable. El problema en mediciones, como ya se explicó,
se puede percibir al ver que las cifras para exportaciones se referencian en pesos
cubanos CUP. Ello explica las aberraciones que causa para la medición óptima del estado
y rumbo económico cubanos.17
-
Lo que se puede apreciar como característica general, es la diversificación de la
economía, que ha pasado de su énfasis primario exportador dominante, bajo la caña
de azúcar, a uno que se apoya tanto en el sector minero, como en el turismo y la biotecnología
y los servicios médicos. Así, aunque es propio de las economías del área Caribe o
litoral la vinculación al sector servicios de turismo, y se avista relevante en el
ámbito cubano, es clave apreciar en el sector productivo y de exportación, a una economía
diversificada como producto del cambio de estrategias en Cuba, particularmente encaminada
a la EBC. Claro está, fue un logro colateral, derivado de una Política Social sólida y persistente
en garantizar a la población educación, salud y nutrición de calidad desde la misma
gestación. También obligado por factores externos como el bloqueo. Dicha diversificación, aunque fue positiva, quitó ocupación y formas de generar recursos
desde la caña de azúcar que, en la actualidad con los precios del azúcar, sobre el
fin del ciclo primario exportador, podrían rendir beneficios para la economía cubana.
Esto es una consecuencia directa del estatismo cubano, que ha dispuesto de manera
gradual la participación no estatal o cooperativa.
Lo seguro es que el carácter centralizado del Estado cubano, hace que todo tenga un
recaudo único y una distribución igualmente centralizada que tiende a priorizar la
inversión en gasto social, privilegiando -en principio- tal o cual región por efectos
de necesidades particulares y se efectúa de manera descentralizada y en pesos cubanos
CUP. Sin embargo, las tasas de migración interna y externa, la vocación no rural de
la población cubana y el boom de la oferta educativa que vino con la Revolución, despoblaron
la región en su ámbito rural que, además, debido a la crisis del Periodo especial,
obligó que en las ciudades se diera la concentración de los servicios.
B. Breve semblanza 2016-2021
Algo que se confirma en los análisis de la economía y sociedad cubana es que la experiencia
de la Isla es bastante dinámica y exige frecuente actualización. Además, porque la
gestión estatal debe ajustarse respecto a las disposiciones estadounidenses: acercamiento
de Obama, (Demócrata) alejamiento y agresividad del gobierno Trump (Republicano) con
políticas restrictivas a las remesas y algunos acuerdos de cooperación allanados del
gobierno y la ambigua política de Biden (Demócrata) en la cual se mantienen las fuertes
reformas de la era Trump, referidas en este trabajo, de lo cual los cubanos asumen
con escepticismo las aperturas o distensiones. No está de más advertir el golpe de
la pandemia en términos internos que obligó a movilizar recursos propios en biotecnología
-donde además les negaban o dificultaban acceso a insumos para el desarrollo del anti
viral- enfrentando restricciones en remesas y turismo cero, por casi dos años.
En términos de la gestión de la política social en relación con la economía, ésta
sigue el mismo principio aquí señalado: una dinámica de adaptación a la presión externa
y las dificultades internas que también expresan disentimientos entre sectores políticos
y grupos de interés.
En términos de cifras, el comportamiento se aprecia así.
Según (CEPALSTAT: 2022) en el periodo 2010-2020, el PIB de la Isla ha mantenido una tendencia creciente
desde los 60 mil millones de dólares hasta los 109 mil millones de dólares. Respecto
al balance de cuenta corriente en el mismo periodo, se nota desde el 2014 una caída
de 3000 a 1500 millones de dólares con una débil recuperación hacia 2017 y luego bajando
hasta los 1100 millones de dólares en 2021. El gasto público pasó de los 31 millones
de pesos cubanos (13 millones de dólares a precios constantes 2022) llegando a 38
millones a 2019, última cifra disponible.
En el Anuario estadístico de Cuba (2020, p.325) se aprecia un impacto fuerte entre 2016 y 2020 del ingreso de turistas; pasando de
4’622.982 a 1’443.125. 2021, año de recuperación lenta de la pandemia y con incertidumbres,
debió tener un ingreso aún más crítico, impactando las entradas de divisas por este
concepto. Tal rubro tiene contemplado a cubanos y no cubanos, donde se aprecia una
disminución significativa de los primeros en un 48% lo que impacta un tipo de remesas
no monetarias y monetarias que se sumaron a las restricciones de las leyes de Trump,
ya señaladas. En el mismo periodo los ingresos por turismo internacional pasaron de
3068.000 CUC a 1’152.400 CUC, siendo el 90% de tales ingresos recibidos por el sector
estatal. (Anuario: 2022, p334) En cuanto a investigación y desarrollo, se nota un incremento entre 2016 y 2020,
con ciertos picos desde los 781 millones de pesos hasta los 969 millones. Esto permite
ver una tendencia en la política de inversión estratégica en Cuba que, pese a los
fenómenos adversos, en este caso la pandemia COVID, fortalece la investigación. En
los años 1990, Fidel Castro en pleno inicio del Periodo Especial en tiempo de paz,
construyó y fortaleció laboratorios para desarrollo de biotecnología. En los indicadores
de infraestructura, el avance ha sido constante y los diversos rubros que integran
tal indicador; que contempla desde teléfonos públicos hasta digitalización nacional
de 100%. Asimismo, los indicadores físicos de las TIC’s exhiben una profundización
de la conectividad en la población y las instituciones. (Anuario: 2022, p.348)
En las tasas de becarios por sectores de educación, se ha visto un descenso en los
sectores urbano y rural, pasando en el primero de 2584 en 2016 a 258 en 2021. En educación
media urbana y rural se pasó de 78341 becas a 50985 (Anuario: 2022, p.365). En Matrícula inicial de la educación técnica y profesional, todos los rublos descendieron,
evidenciando en el total una diferencia, entre 2016 y 2021, de un 53% como mínimo.
El renglón salud, tan característico de Cuba, tuvo un descenso de 56%, aunque la tasa
de matrícula en medicina hasta 2020 fue in crescendo (Anuario: 2022, pp.368-369). Esto seguramente puede presentarse, como vimos con la doctora Tejuca, como parte
de una estrategia de redireccionamiento y priorización de sectores. En las mismas
estadísticas, el rubro Otras áreas, apenas tuvo un descenso del 14%. Finalmente, en
la Dotación normal de camas en unidades de servicio, se mantienen cifras estables
con muy pocas variaciones en segmento quirúrgico y una ampliación de cobertura para
Hogares de ancianos. Esto es significativo del esfuerzo en el contexto pandémico,
pero con prioridades claras en los sectores estratégicos de la Isla, como es su asistencia
social y particularmente a su población envejecida.
6. Conclusiones
Las bases económicas para la Política Social, entendidas a partir de los ítems seleccionados,
expresan una estrecha relación con los propósitos sociales emblemáticos de la Revolución,
su persistencia y continua búsqueda de estrategias creativas para mantener la inversión
social, en un entorno hostil económico que emana tanto del bloqueo estadounidense,
como de ineficiencias internas. No escapan aquellos factores estructurales que, por
su arraigo, han desbordado la propia dinámica revolucionaria de cambio social.
Siendo una continuidad este empeño en mantener la inversión social al nivel del periodo
anterior a la década de 1990, los cambios se dan en la composición de la base económica
que, tras haber estado jalonada por el azúcar, pasó al níquel y significativamente
al turismo, llegando en la última fase a afincarse en los renglones de la producción
no primario-exportadores, como son los polos científicos en biotecnología y cancerología.
Esto además muestra una economía diversificada que apuesta a integrar el conocimiento
a todos los factores económicos, como valor agregado que crea a su vez más valor.
Aunque parezca accesoria la siguiente anotación, es relevante comprender que la sección
dedicada al cambio en las metodologías de medición del ONEI, con base en conceptos
de tipo socialista, en consonancia con el CAME y el contexto de época hacia una medición
de tipo estándar de Naciones Unidas, no sólo implicaba semánticas nuevas sin más.
Por el contrario, implicaba los riesgos de medir otras cosas, calcular otras cosas.
No seamos oscuros. Esas otras cosas significan que los objetivos de medición dentro
del capitalismo son diferentes a los del socialismo. Que lo que puede comprender como
gasto una cuenta nacional en formato ONU, en términos socialistas es inversión. Antes
de medir y calcular, son los conceptos los que señalan qué y cómo entender o derivar
las cifras. Este cambio de metodología también implicó un reto para continuar de manera
consistente políticas derivadas de una filosofía social específica, la socialista,
desvinculada del eficientismo mecanicista.
La consulta popular se muestra articuladora del plan económico y social que en los
dos momentos señalados 1990 y 2009, permitieron una lectura desde el Partido-Estado,
de aquel parecer y pensar popular. En tal sentido, la B.II. y los LPES, constituyen
elementos claves para entender la AME y con ello, el posible rumbo del factor Política
Social, huella insigne de la Revolución. De hecho, en 2022 se puso en marcha el referendo
popular de la nueva Ley 156/2022 de Código de familias, que intentará actualizar,
no sin algunas polémicas, al código vigente desde 1975.
No se pueden omitir las disonancias y alternativas que, desde el seno de una intelectualidad
cubana renovada, insisten en efectuar reformas más agresivas que consideran que se
encaminan igualmente a mantener la soberanía cubana en términos económicos y políticos,
mas no es claro que también en términos ideológicos; es decir, el dilema subrepticio
acerca del socialismo cubano, de lo que es el socialismo cubano.