Aportes. Nueva época

v1n2 | Reseña


Pedro Arjón López

Crítica de la economía política de David Ricardo. De la teoría del valor a la teoría del comercio internacional. Vol. I Primera parte. La teoría ricardiana en formación: pre-ensayo y ensayo sobre las utilidades. México: Itaca, 2023.

252 páginas

ISBN: 978-607-8856-47-3


En cuanto a novedades editoriales en el área de la economía, es muy escaso lo que hoy se escribe acerca de los clásicos. En ese sentido, es de destacar la valiosa aportación que hace el libro: Crítica de la economía política de David Ricardo. De la teoría del valor a la teoría del comercio internacional, de Pedro Arjón López . Puede que para muchos resulte inútil regresar al siglo XVIII, ya que la nueva concepción del valor que introdujo la corriente neoclásica a finales del XIX, anula casi en automático otros aportes o incluso cualquier intento de realizar un viaje cronológico al pasado para releer a su antecesora: la teoría objetiva del valor clásica. Sin embargo, en pleno siglo XXI el libro de Arjón es una invitación y un recordatorio para los economistas. Una invitación a regresar al análisis de los fundamentos de la economía política a través de los ojos de un personaje, que, en su momento, se preocupó por la distribución de la riqueza: David Ricardo. Un recordatorio de que ninguna teoría económica posee la verdad absoluta, incluyendo a los clásicos, quienes, por la época en la que vivieron, pudieron incurrir en omisiones involuntarias al intentar descubrir y examinar las leyes del capitalismo en su etapa incipiente, con una ciencia económica en gestación y con sucesos históricos sin precedentes como la revolución industrial, la ilustración y la revolución francesa.

Interpretamos el libro como una invitación en dos direcciones. La primera es analizar exhaustivamente la obra original y completa del máximo exponente del pensamiento burgués, según el propio Carlos Marx, lo cual supone tiempo, intención y coraje. El autor emprende el análisis de David Ricardo, dividiendo en cuatro etapas su teoría del valor, y proponiéndose determinar las características de su pensamiento, inconsistencias y diferencias con antecesores y contemporáneos1. La segunda invitación nos convoca a revisar a los “intérpretes” de Ricardo, quienes en momentos donde la excesiva formalización tomó el control de la teoría económica, lo expusieron con base en un conocimiento muy general de su planteamiento. En consonancia con el enfoque neoclásico y el empleo de las leyes de la física en la explicación del equilibrio del mercado, estos modelos matemáticos no examinaron a detalle a quién interpretaban y su validez se sustentó sólo en el tipo de metodología presentada. Al respecto, vale la pena recordar que el equilibrio de la economía capitalista es, en todo caso, la excepción a la regla, tal como lo describía Keynes en su Teoría General; queramos reconocerlo o no, el sistema económico en el que vivimos está sujeto a severas fluctuaciones en la producción y el empleo. Pero aun cuando la realidad funciona cíclicamente, la economía neoclásica usa y abusa del término “equilibrio”. Precisamente, desde una mejor comprensión del pensamiento de Ricardo, sin desdeñar la matemática y sin pretender exactitud y perfección, Arjón afronta otro cometido y es el de evaluar las aportaciones de aquellos que ya se habían interesado en su estudio, encontrando discordancia entre su visión y la de la corriente neorricardiana, de la que acusa falta de autocrítica.

En relación con el trabajo de Arjón, cabe recordar que Piero Sraffa, economista italiano muy ligado a Keynes, cuando estuvo en Cambridge también se dedicó a estudiar la obra de David Ricardo por lo que se le considera uno de los pioneros en el enfoque neorricardiano, que tuvo como principales representantes a Joan Robinson y a Pierangelo Garegnani. Uno de los alumnos cercanos de Sraffa, Amartya Kumar Sen, Premio Nobel de Economía en 1998, afirmó que Piero Sraffa decía: “si escribo una página por mes, ya es ganancia”. Eso explica la brevedad y síntesis de su obra, reducida pero meritoria. Su libro: Mercancías por medio de mercancías publicado en 1960, se reconoce como una de las mejores síntesis de la historia del pensamiento económico donde expone un modelo lineal de producción en el que cada sector es representado por una ecuación en el producto. Además, allí se destaca su crítica a la teoría de la empresa de Alfred Marshall y su concepto marginalista del capital. Anecdóticamente, en la biblioteca de Sraffa, se encuentra su legado documental, un acervo valioso que incluye sus apuntes de la obra de Ricardo con las dudas y razonamientos que tenía sobre la teoría del valor.

A fin de que los lectores tengan una idea del contenido del libro hacemos un brevísimo resumen. El prefacio sintetiza a cabalidad las principales líneas maestras del trabajo; en este apartado, el detalle demuestra claramente la filosofía del libro, que reconocemos es complejo y difícil de digerir, sin embargo, nos acerca eficazmente a lo que viene al resaltar la obsesiva preocupación del autor por entender el pensamiento económico de Ricardo. El capítulo I: “La teoría ricardiana de las utilidades”, estudia el problema de las utilidades revisando los distintos planteamientos de Ricardo y la polémica que, sobre el tema, tuvo con otros personajes de su tiempo. En el capítulo II: “El marco analítico general”, presenta dos modelos: el simple y ampliado cuyo objetivo es demostrar que el pensamiento de Ricardo en lo que concierne al valor y la distribución, puede concebirse a partir de estos dos esquemas analíticos. Ambos, aparecen conjugados y diferenciados en “Ensayo sobre el reducido precio de los cereales sobre las utilidades del capital” y en “Principios de Economía Política y Tributación”, la obra más conocida de Ricardo. El capítulo III: “La renta: surgimiento y evolución”, es extenso e incorpora modelos, ecuaciones y datos en el estudio de la renta.2 Finalmente, el capítulo IV: “La constancia del salario real”, examina la relación entre el salario, el crecimiento y la convergencia; inicia con una crítica a los trabajos de Kaldor y Samuelson que integran la hipótesis de la curva de oferta de trabajo elástica de largo plazo, y continúa con las reacciones a este supuesto de autores posteriores como Hicks y Hollander. Al final, el libro inserta cuatro apéndices que son un importante refuerzo de los cuatro capítulos citados.

La exposición de Ricardo evolucionó y se perfeccionó con las críticas de sus contemporáneos. En palabras del autor, Ricardo poseía no sólo el conocimiento de los hechos, sino también la posición política y social para influir en ellos. Sin embargo, lo desconocía inicialmente. Fue a raíz de su correspondencia con Thomas Malthus, previo al Ensayo sobre las Utilidades (publicado en 1815), y durante la redacción de los Principios de Economía Política y Tributación (1817), que subrayó sus diferencias con Smith. La primera de ellas, era el desacuerdo de que el incremento de los salarios monetarios afectaba el precio de todos los productos; la siguiente consistía en que la renta no formaba parte del precio (el trigo no era caro porque se pagaba una renta, sino que se pagaba una renta porque el trigo era caro); la tercera, era su rechazo a la posición de Smith respecto al trabajo o los cereales como medidas de valor, aunque, más adelante él mismo se encontró en una encrucijada al tratar de identificar una mercancía que fungiera como patrón de medida de los valores; la cuarta, de la que todo economista tiene nociones, es que mientras Smith se preocupaba por las causas de las riqueza, Ricardo lo hacía de su distribución.

La época histórica en la que se desenvuelven los clásicos era inestable: fluctuaciones de precios, sistemas monetarios volátiles, pugna entre terratenientes y burgueses, guerras comerciales y militares, surgimiento de movimientos culturales, emergencia del capitalismo y pauperización de la clase obrera, etc. Sin duda, el esfuerzo de Smith, Ricardo, Malthus, Say y otros por teorizar los fenómenos económicos fue monumental. Pero es justamente gracias a ese arrojo que hoy tenemos en nuestras manos la historia del pensamiento económico, una subdisciplina que se alimentó de escuelas, corrientes y autores cuyas filosofías influidas por su entorno, externaban sin miedo su propia explicación de la realidad, entre ellos, mercantilistas y fisiócratas, los predecesores de los clásicos. Todo ello, representó para Marx el insumo para El Capital, otra de las grandes obras clásicas. Además, ya en los siglos XIX y XX, surgieron nuevas doctrinas que analizaban e interpretaban a las anteriores. Quizá lo que hoy podemos extraer de esto, siguiendo la lógica del libro que se reseña, es la continuidad del debate teórico desde una posición crítica y sin miedo a recorrer de nuevo el sendero hacia los fundadores de la ciencia económica.

Reiteramos que el libro es de difícil lectura, pero se justifica por el grado de abstracción del pensamiento de David Ricardo. Precisamente por ello, el autor emite una crítica severa hacia los que trataron de explicarlo desde un conocimiento poco reflexivo y minucioso lo que, inevitablemente, los llevó a cometer errores en sus planteamientos. El desafío que lanza Pedro Arjón de volver la mirada a los clásicos de la economía, puede calificarse como una osadía para quienes están abiertos a su invitación o, también, como un acto de irreverencia para los que piensan que la ciencia económica alcanzó la cima de la verdad absoluta con la teoría neoclásica. Cada cual haga su propia lectura permitiéndose discutir estos temas tan olvidados en el siglo XXI.3

Notes

[1] Pedro Arjón divide la obra de Ricardo en cuatro etapas cronológicas: la primera corresponde al periodo anterior a la publicación, en 1815, de su ensayo sobre las utilidades; la segunda cubre toda la reflexión que implicó la profundización de dicho Ensayo sobre las Utilidades y concluyó en Principios de Economía Política y Tributación en 1817; la tercera, comprende el periodo que siguió a la publicación de esta obra y que implicó la defensa de su teoría ante sus adversarios, paralelamente a sus reflexiones que surgían de tales controversias y que terminaron plasmándose en dos nuevas ediciones (1819 y 1821); la cuarta etapa, es donde Ricardo se dedica por completo a la búsqueda de una medida invariable de valor.

[2] Los subtemas del capítulo III son los siguientes: antecedentes, formalización de la teoría de la renta; predicciones sobre la evolución de la renta; contrastación del modelo; debate sobre la participación de la renta en el largo plazo. Los subtemas del capítulo IV: modelo unisectorial con capital circulante, modelo de dos sectores con capital circulante, salario real y acumulación de capital, salario real bajo una perspectiva dinámica, análisis y crítica de la discusión actual sobre la relación entre salario, crecimiento y convergencia, reacciones a la hipótesis anterior, discusión sobre método y modelos, defensa de la hipótesis, modelos matemáticos: ¿convergencia o caos?, falacia de los modelos.

[3] La obra compleja de Pedro Arjón se compone de cuatro volúmenes. El primero se reseña en el presente documento: Crítica de la economía política de David Ricardo. De la teoría del valor a la teoría del comercio internacional. Los tres por publicarse son: teoría del valor y la distribución en los Principios; teoría ricardiana del comercio internacional; discusión sobre el método de Ricardo y diversas interpretaciones a su teoría; notas a Producción de mercancías por medio de mercancías de Piero Sraffa.